|
Quien piense que ya se ha leído
todo los relatos válidos sobre vampiros
es que no conoce las historias del tándem
Niles-Templesmith.
Ambos han retorcido los viejos mitos vampíricos
para adaptarlos a nuestros días y
llevar hasta la realidad cotidiana los desmanes
de los no-muertos.
30 días
de noche (punto de partida de la
historia) arranca con la invasión
de un lejano pueblo de Alaska, Barrow, donde
se vive una noche perpetua que dura 30 días,
por parte de una horda de vampiros.
Éstos, conocedores de la ausencia
del astro rey que pudiera matarles, se disponen
a disfrutar de una orgía de sangre
y destrucción sin más resistencia
que la de unos pocos pueblerinos asustados.
Con lo que no contaba su líder, Marlow,
era con la resistencia del sheriff del pueblo,
Eben y su esposa Stella
(y la propia desaprobación de los
mandatarios del clan vampiro) que lo complicarán
todo precipitando un final no deseado por
ninguno, pero inevitable a la vista de los
resultados.
Un final que servirá de punto de
arranque para la segunda de la historias,
Días oscuros,
con una Stella empeñada
en demostrar al mundo la existencia de los
vampiros, mientras estos tratan de aniquilarla
con el fin de conservar el halo de misterio
que los sitúa más allá
de la realidad de los humanos.
Pero Stella también busca
la manera de recuperar a su marido, perdido
tras el asalto de Barrow, lo que le obligará
a buscar aliados en el enemigo.
El sólido e inquietante guión
de toda la narración se apoya en
un dibujo grotesco y tremendamente adecuado
para mostrar la monstruosidad de los chupasangres
y en un cromatismo deliberadamente tétrico
que envuelve toda la narración, sumergida
en unos tintes cercanos al mejor Edgar
Allan Poe.
Todo un ejercicio de estilo sobre el género
del terror, cuya tercera parte Return
to Barrow será publicada por
Ediciones Devir durante
este mes de diciembre.
|