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En su afán por presentarnos la mejores
propuestas de autores españoles y
sudamericanos, Norma Editorial
nos trae Caín,
una obra del desaparecido guionista Ricardo
Barreiro –recordado por sus
colaboraciones con Juan Giménez
en Ciudad
o As de Pique—
y Eduardo Risso, el responsable
del apartado gráfico de la inquietante
y ciertamente hipnótica 100
Balas (con los guiones de Brian
Azzarello).
Caín
nos lleva a un futuro nada halagüeño
y que cada día tiene visos de convertirse
en realidad en un mundo donde las desigualdades
se extreman en gran parte del globo.
Todo empieza cuando un grupo de supervivientes
en un mundo donde los que tienen poseen
demasiado y donde el resto sobrevive como
las alimañas del páramo encuentra
un bebé que ha sido desechando con
el resto de la basura.
La vida de Caín, llamado
así en clara referencia bíblica
por ser uno de los dos bebés supervivientes
de la caja en la que los encontraron, pasará
de mano en mano, sin rumbo fijo hasta dar
con sus huesos en la cárcel. Este
primer periplo sirve al guionista para cargar
las tintas contra el abandono que sufre
buena parte de la población del planeta,
a expensas de los caprichos de una clase
dominante que permanece, como en el caso
de la novela de H. G. Wells,
La máquina
de tiempo, ajena a los sufrimientos
del resto de la población.
La estancia en la cárcel también
sirve para que Risso demuestre
su gusto por los detalles y por su domino
del blanco y negro, y de las luces y sombras
que dicho estilo permite. Barreiro
arremete contra un sistema corrupto, muy
similar al que imperó en su Argentina
natal antes y durante la dictadura militar,
simbolizado en el alcaide de la cárcel,
el doctor Guardaportal.
Tampoco los medios de comunicación
se escapan a esta dura crítica contra
una sociedad cada vez más deshumanizada,
demasiado parecida a la nuestra, en pleno
siglo XXI.
Sin embargo ésta es sólo
una parte de la historia. Caín
todavía deberá recorrer muchos
caminos hasta encontrar respuestas para
la vida que le han obligado a llevar, demostrando
la maestría de Barreiro
al tratar este tipo de historias, al igual
que ya hiciera con War
III, también junto a Giménez.
Puede que su lectura se haga un tanto “indigesta”
en algunos momentos, pero siempre es un
lujo leer una obra realizada por estos dos
autores, a la cual el tiempo la ha terminado
por situar en su lugar y que ahora tenemos
la oportunidad de volver a disfrutar gracias
a este nuevo sello de Norma Editorial.
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