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En la ciudad de Salta nunca sale el sol,
y todos sus habitantes son vampiros. Ésta
es la nueva aventura de Katsuhiro
Otomo, director de la excesiva
Akira
y de la maravillosa Steam
Boy, en formato libro.
Hipira, personaje que da nombre
al libro, es un pequeño vampiro dispuesto
a entrar en acción siempre que sea
necesario, tanto para ayudar a otros o para
meterse de lleno a hacer travesuras.
El libro nos relata cómo Hipira
se hizo amigo de Soul, un espíritu
con cola y con manos, producto de un fallo
técnico que, de haberse realizado
con éxito, habría permitido
a los vampiros ir al infierno. Soul
resulta estar hecho del mismo cariz que
Hipira, y por ello los dos amigos
se llevan a las mil maravillas. Una noche
deciden que es muy aburrido que todos estén
durmiendo, así que deciden sonar
las campanas del reloj y, además,
imitar el sonido del gallo para que todos
salgan de sus casas. La cuestión
es que en Salta hace más de 2000
años que no se ha oído el
canto del gallo que anuncia la mañana,
y todos los habitantes de la ciudad se sumen
en el miedo más absoluto al pensar
que se acerca el maléfico día.
Cuando por fin descubren que todo ha sido
una broma de Hipira van muy enfadados
a plantarle cara, pero él y Soul
hace mucho que se han quedado dormidos.
Otra noche, Hipira y Soul
van a jugar al bosque de Salta. Allí
se encuentran con una rosa muy triste que
les comenta que su querido árbol
se está secando y muriendo porque
no consigue tener agua. Ante tal desastre,
Hipira y Soul se introducen
en el bosque para ver qué ha pasado
con el río que, como comprueban,
está totalmente seco. La culpa de
todo la tiene un sapo gigantesco y horrible
que ha tapado el curso del río y
por ello ya no hay agua, pero Hipira
y Soul no se dejan impresionar
y con mucha astucia y haciendo uso de sus
prominentes colmillos consiguen solucionar
el problema del río y restaurar el
agua al bosque, con lo que la rosa se pone
muy contenta.
El resto del libro son más aventuras
y travesuras de Hipira y Soul.
Dibujado con gran acierto por Shinji
Kimura, esta obra demuestra la
capacidad de Otomo, no
sólo para grandes producciones, sino
para proyectos más íntimos.
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