La
venganza, como sentimiento primario, forma
parte de la misma esencia del ser humano.
Puede que la civilización la disimule
un poco, pero sus secuelas son palpables
en buena parte de las páginas escritas
en la historia del ser humano. Por ello,
no es extraño que el noveno arte
la tenga como una de sus principales fuentes
de inspiración, antes y ahora. Y
si quieren ejemplo, sólo tienen que
darse un paseo por la ciudad de Gotham y
preguntarle al cruzado nocturno, Batman,
escondido tras la máscara de un murciélago.
De la misma época es La Sombra,
en sus versiones escritas, radiofónicas
o gráficas.
Si nos movemos en la actualidad, piensen
en personajes como el abogado ciego de Hell´s
Kitchen, Daredevil, el psicópata
Frank Castle, más conocido
como Punisher, el cazavampiros
Blade, o Magneto, el amo
del magnetismo, siempre enfrentado con los
seres humanos “normales”.
Junto a ellos, nos encontramos con V,
escondido tras los rasgos del anarquista
Guy Fawkes, creación
del genial y controvertido escritor
Alan Moore y el dibujante David
Lloyd.
V de Vendetta
nació en la mente de Moore
en 1981, justo cuando el mundo estaba a
punto de vivir una década de conservadurismo
rancio y vacío, encabezado por los
gobiernos del presidente norteamericano
Ronald Reagan y la primera
ministra británica Margaret
Thatcher.
La historia, terminada siete años
después (en el invierno de 1988)
nos trasladaba hasta un futuro, no tan lejano,
en una Inglaterra dominada por un gobierno
de ideología netamente fascista,
en donde el miedo y la represión
habían terminado con las libertades
individuales y la democracia del país
de la reina Victoria y
sir Francis Drake.
Moore, ayudado por el
agobiante y atmosférico dibujo de
David Lloyd, contraponía
a tal horrenda situación el personaje
de V, el último de los anarquistas,
ataviado con una máscara de Guy
Fawkes, un ciudadano británico
quien, el 5 de noviembre de 1605, quiso
volar el edificio del Parlamento como protesta
por el tiránico mandato del gobierno
de James I.
La conspiración de Fawkes
y sus seguidores, conocida como el complot
de la pólvora, fue abortada y tras
ser condenados morirían colgados
de una soga. No obstante, su iniciativa
ha permanecido en la mente de las siguientes
generaciones, mitad como canción
popular, mitad como válvula de escape
en tiempos de opresión.
Por ello Moore, en su
afán por mezclar las más variadas
influencias en sus obras, decidió
utilizar dicho icono en la lucha contra
la tiranía para enfrentarlo contra
las huestes del gobierno que controla los
dictados de la Inglaterra plasmada en
V de Vendetta.
La historia, con trazos de aventura superheroica
pero cargada de simbolismo y toda una carga
de filosofía tan habitual en los
trabajos de Moore, demostró
la capacidad del autor por zarandear los
cimientos del género, algo que demostraría
con creces en su Watchmen.
Lloyd realiza un grandioso
trabajo, dotando a una narración,
de por si opresiva, del ambiente necesario
para que el lector se sumerja en el mundo
en el que se mueven V y el resto
de los personajes, en especial Evey
Hammond.
Puede que para muchos ésta no sea
la mejor obra de Moore,
acostumbrados a la brillante deconstrucción
que el escritor ejerce sobre el mundo del
los héroes gráficos en Watchmen.
No obstante, el mensaje de V
de Vendetta ha permanecido casi tan
inalterable, dos décadas después,
que cuando vio la luz en aquella Inglaterra
dominada por los desmanes de un gobierno
conservador, dispuesto a consumir cualquier
símbolo de progresismo que se le
pusiera por delante.
De ahí que Warner Bros, en plena
carrera por recuperar el tiempo perdido,
en cuanto a las adaptaciones cinematográficas
de personajes de cómic se refiere,
apostara por llevar a la gran pantalla la
obra de Lloyd y Moore,
para enfado del segundo.
Sobre este tema sólo comentaré
que Moore es famoso por
sus guiones y por sus radicales ideas sobre
lo que está bien y lo que está
mal. No quiero decir que la adaptación
recién estrenada sea la mejor de
la historia (además son lenguajes
distintos, no lo olvidemos).
Sin embargo, mal que le pese a los puristas,
el espíritu de la obra está
muy bien recogido y el toque anárquico
de Fawkes bien se podría
aplicar a una época como la que nos
está tocando vivir, tras el 11 de
septiembre del 2001.
Además, los responsables de la
adaptación, los hermanos “Matrix”
Wachowski no son unos recién
llegados al mundo del noveno arte y demuestran
que conocen la obra gráfica de Moore
y Lloyd.
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