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LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE DREDD:
UN PRÓLOGO AL JUEZ DREDD CONTRA JUEZ MUERTE

Para muchos, sobre todo para los amantes de la simplificación, un personaje como el juez Dredd es sólo un icono, cercano al fascismo más recalcitrante y cuya única capacidad reside en pronunciar la frase: "Yo soy la ley" (en especial después de la adaptación cinematográfica protagonizada por Sylvester Stallone).

Pero dejando a un lado (más bien, muy lejos) a los defensores de las miras estrechas, Dredd es mucho más que eso y, el tiempo y una carrera de casi 30 años me apoyan para formular dicha afirmación.

Dredd nació en 1977 dentro de las páginas de la innovadora y radical revista británica 2000 AD (cuna también de Slayne, Perro de Estroncio, Rogue tropper y Halo Jones). Sus creadores fueron el guionista John Wagner y el dibujante español Carlos Ezquerra, situando al personaje en un mundo surgido a raíz de un conflicto nuclear.

En el mundo de Dredd, la civilización vive hacinada en grandes urbes, mientras que el resto del terreno es una tierra árida y despoblada (la tierra maldita) la cual aún guarda en su interior grandes dosis de radioactividad.

Tres son las mega-ciudades de los antiguos Estados Unidos y para asegurar la ley y el orden, en una sociedad que trata de recomponer sus valores de antaño, (o buscar unos nuevos) se ha creado el cuerpo de Los Jueces, quienes ejecutan todas las piezas que componen el sistema legal tal y como lo conocemos. Ellos son jueces, jurados y verdugos, llevando al extremo, más radical y siniestro, el concepto del vigilante urbano.

Y de todos ellos, uno destaca por su especial devoción hacia el sistema que juró defender, desde el mismo día que se colocó el uniforme: Dredd. Éste desarrolla su labor en la Mega-ciudad Uno y su métodos y abnegada dedicación (la cual podría ser calificada de cierto fanatismo por la esencia misma de las leyes) lo han convertido en toda una leyenda, tanto en el bando de los malhechores como en el de las personas normales (más si se tiene en cuenta que en su sistema, una multa de tráfico te puede mandar a la cárcel).

Pero Dredd es mucho más que un juez con su placa y sus leyes en la mano. Dredd es una sátira inteligente y bien construida hacia un sistema legal y social que utiliza cualquier disculpa par radicalizar sus órganos de control, olvidando los derechos de las personas en pos de una defensa que, al final, sólo parece preocuparse de los que más tienen, en vez de sobre los más desfavorecidos (la disculpa original para los estados de sitio que tan de moda se han puesto tras los deplorables atentados del 11S en las ciudades de Nueva York y Washington).

Dredd es una bofetada para todos los que propugnan una visión del estado similar al Gran Hermano (no confundir con el gran marrano de la televisión) descrito por Orwell, a imagen y semejanza de los turbios manejos del camarada Stalin en la Unión Soviética.

Ese estado vigilante y manipulador que quiere estar presente en todas las mentes de sus conciudadanos, con el beneplácito de los poderes establecidos (por la cuenta que les trae).

Lo peor del caso es que la sátira inherente al personaje y su entorno siempre ha pasado desapercibida para la gran mayoría de los lectores, más preocupados en buscar culpables y defender postulados alternativos que en atender a los mensajes que un producto como éste ofrece. Dredd es un crítica feroz contra el fascismo de muchas sociedades y no una defensa de él. Además, las acciones del personaje están llevadas hasta una exageración que roza la parodia, lejos del realismo que proponen otras historias.

Quizás, lo más importante es darnos cuenta de que nunca deberíamos llegar a necesitar un cuerpo tan radical como el de los Jueces. De ser necesarios, significaría que nuestra civilización se habría ido al carajo más de lo que ya está, a estas alturas de historia.

Y el caso es que el propio Dredd se puede encontrar con la verdadera horma de su zapato, simbolizada en otro tipo de juez, Muerte para ser exacto. Muerte procedente de Mundo Muerto, un lugar donde, tiempo atrás se decidió que la propia vida era un crimen y, por lo tanto, se la declaró ilegal. Desde allí llegará hasta el mundo de Dredd para continuar su labor, exterminando toda vida humana que se ponga a tiro, secundado por sus secuaces, los jueces oscuros Fuego, Miedo y Mortaja. Para la ocasión, Dredd contará con la ayuda de la juez psiónica Anderson, telépata, miembro de la unidad PSI. Juntos se enfrentarán contra una amenaza que pondrá sus vidas y a las de parte de los habitantes de Mega-Ciudad Uno, en un serio y macabro peligro.

La historia recrea la visión de los Cuatro jinetes del Apocalipsis, adaptada a la realidad del mundo de los Jueces, y su sátira irreverente.

Además del enfrentamiento estrella, el tomo de la colección 2000 AD, Dolmen nos ofrece varias historias como la que describe los problema de seguridad de los primeros juegos olímpicos de la Luna; una banda de ladrones que gusta de emular a los grandes genios del humor del siglo XX (Charlot, el Gordo y el Flaco, los hermanos Marx) o la forma de actuar (de la que ya hemos hablado) de Dredd cuando se trata de impartir justicia.

Y es que, al final, él es la Ley.


Eduardo Serradilla

Juez Dredd vs. Juez Muerte. Clic para ampliar

Juez Dredd vs Juez Muerte
Dolmen Editorial

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