En
una América anterior a la conquista
española, la vida para la joven Cañari
gira alrededor de las estrictas normas de
su padre, quien está al servicio
de los sacerdotes, y del cuidado de sus
traviesos hermanos pequeños. Sin
embargo, el día de hoy comienza con
el anuncio de la llegada de los Caribes,
prestigiosos visitantes en busca de mercancías.
Cada cual en el pueblo de Cañari
sabe que es el momento de ofrecer sus mejores
mercaderías, razón por la
cual se apresuran a reunir viandas, animales
exóticos y, en el caso de nuestra
protagonista, agua del lago sagrado. Hacia
allí se dirige Cañari,
acompañada de sus tres hermanos y
de vasijas para recoger el preciado líquido.
Una vez allí, Cañari
decide tomarse un respiro antes de volver
a la plaza del mercado, momento en el que
su destino cambiará radicalmente.
Cuando la joven llama a sus tres hermanos
para emprender el camino de vuelta descubre
que Xaotil, el más pequeño
del grupo, ha desaparecido sin dejar rastro.
Sin tiempo que perder, Cañari
emprende una búsqueda del niño,
adentrándose en las profundidades
del templo que custodia el lago sagrado
y constatando que su hermano no se encuentra
allí.
Con la noche amenazando su regreso al
pueblo, Cañari deberá
aceptar su responsabilidad y enfrentarse
a la desaprobación de su padre por
su incorrecto comportamiento. No obstante,
las desgracias nunca vienen solas y a la
desaparición de Xaotil hay
que sumarle una misteriosa pulsera de oro,
pulsera que su hermana Kya tomó
del mismo recinto sagrado en el que desapareció
el pequeño Xaotil.
Tras la consabida regañina de su
padre y la súplica posterior de su
madre, Cañari asumirá
su responsabilidad y comenzará un
viaje que le llevará, no sólo
a la búsqueda de su hermano perdido,
sino a desentrañar el secreto que
esconde la misteriosa y enigmática
pulsera que lleva Kya ceñida
en su muñeca.
Presente y pasado se dan la mano en una
obra que mezcla la búsqueda de Xaotil,
un niño que está llamado a
ser pieza fundamental para la supervivencia
del pueblo de Cañari, con
arcanos misterios de otra época.
Tras Cañari
se esconde el talento creativo del francés
Crisse (Didier
Chrispeels) y del argentino Carlos
Meglia. El primero -conocido por
los aficionados por obras como Kookaburra,
Atalanta
o La Espada de Cristal-
recurre a una narración plagada de
pequeños elementos que terminan por
componer un mosaico lleno de matices. En
él se mezclan mitos y leyendas de
la América anterior a la conquista
castellana, momento en el que la naturaleza
y las creencias convivían en perfecta
armonía.
Crisse ha contado además
con los espectaculares y dinámicos
dibujos de Carlos Meglia
para convertir su guión en imágenes
y en una narración gráfica
tan apasionante como detallada.
Meglia, por su parte,
vuelve a demostrar -tras Superman/
Tarzán, Spy
Boy, Adventures
of Superman o Elektra-
su dominio con los fondos, verdaderos protagonistas
de la historia, y su capacidad para el dibujo
de personajes, dotados éstos de un
marcado dinamismo. Cada página parece
destilar los colores y los olores de la
selva, además de las soberbias construcciones
arquitectónicas en las que se desarrolla
la búsqueda de la joven Cañari.
Todo ello se logra por un colorido, obra
de Meglia, en el que predominan
los colores terrosos, verdeazulados y carmesíes,
algunas veces salpicados por blancos y negros,
normalmente para señalar un acontecimiento
o cuerpo de texto.
Por último, hay que señalar
la cuidada presentación del álbum
por parte de la , con un papel y una tipografía
a la altura de cualquier obra llegada del
valorado mercado franco-belga.
Cañari:
El Oro de los Dioses supone un magnífico
comienzo -vio la luz a finales de enero
del presente año en el mercado francés-
para una obra que se nos presenta como una
historia que irá ganando en intensidad
y misterio en sus próximas entregas,
siguiendo la tradición de Crisse.
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