Del
creador de Maus,
aquel cómic-libro sobre los campos de concentración
de Auswich, que tanto dio que hablar en el mundo
editorial por su renovación - recordemos
que los judíos aparecían caracterizados
como ratones y los nazis como gatos-, nos llega
ahora el álbum Sin
la sombra de las torres, otro experimento
editorial del mundo de la historieta sin parangón. Spiegelman, judío neoyorquino,
ha hecho un bello ejercicio de estilo para componer
estas páginas.
Primero, la edición: un formato tabloide
en que cada dos páginas se muestra un cartón
con una sola historia en la que se va contando
cada uno de los pasos que el propio dibujante
vivió el 11 de septiembre de 2002. Segundo,
el sincretismo del dibujo: en sólo estas
dos páginas se conforma una historia independiente,
una entrega. Spiegelman busca
una excusa para su experimento y la encuentra
haciendo historia del cómic americano.
Vincula los hechos del 11-S con las historias
de los "padres" del cómic.
Rinde así un homenaje a los primeros dibujantes
que hacían "entregas" en los
diarios americanos de los albores del siglo XX.
De resto: dura crítica al gobierno Bush,
a los conservadurismos y a los prejuicios por
pertenecer a esta o a la otra religión.
Por otro lado estupor, miedo, y cobardía
ante la impotencia de una situación que
superaba todos los presupuestos que la realidad
podía ofrecer.
Sin la sombra de las torres es un objeto de
coleccionista. Impreso a todo color, con un acabado
precioso y en cartulina de alto gramaje, este
volumen se convierte en una pieza indispensable
para los amantes del cómic, tanto por su
actualidad política como por su valor intrínseco
como historieta, eso sí, nacida de la realidad,
y no de la ficción.
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