¡Como sabéis, ayer nuestros
valerosos misioneros aún estaban
en el planeta Agua! ¡El corazón
de una herejía que amenazaba con
contaminar el cosmos! ¡Pero nuestros
héroes, fortalecidos por su fe
y guiados por la luz de la divina Ludovica,
han conseguido extirpar el mal, eliminando
a los alienígenas heréticos
y estableciendo la supremacía de
Ludovica!
Con estas palabras arranca la tercera entrega
de Sky Doll,
historia creada al alimón por el
dúo Alesandro Barbucci y
Barbara Canepa –a
su vez responsables del superventas W.I.T.C.H-.
Sky Doll
es el nombre que se le da a las muñecas
cibernéticas, pensadas para el goce
y el placer de aquellos que viven en el
escalón superior de la sociedad.
Una sociedad mediatizada por las luchas
de poder entre religiones y sus respectivas
papisas, las cuales utilizan todos los medios
a su alcance para seducir a los habitantes.
Nuestra protagonista, Noa, pasará
de tener una vida preestablecida a verse
envuelta en una serie de aventuras junto
con sus compañeros de viaje, Roy
y Jahu. Lo que Noa ignora
es que su destino está íntimamente
unido a las luchas de poder desatadas entre
Ludovica y su competidora, hoy caída
en desgracia.
Poco importa, en realidad, las creencias
de cada uno. Lo importante es que gracias
al fanatismo de muchos, unos pocos viven
en la opulencia, manipulando al resto con
los mismos trucos publicitarios que se utilizan
en nuestra sociedad de consumo.
Y quien mejor representa esta sociedad
es Frida Decibell, la presentadora
estrella de la televisión papal.
Sus palabras son tan sagradas como lo son
las de la divina Ludovica, al igual que
el artificio que envuelve a las dos. Decibell
será una de las protagonistas de
esta tercera entrega, entrega que supone
un descanso entre el viaje emprendido por
Noa y sus amigos en pos de un desenlace
final.
Barbucci y Canepa
demuestran, una vez más, su capacidad
por contar una buena historia apoyados en
el detallado y atractivo dibujo del primero
y en los diálogos agudos y llenos
de dobles sentidos de la segunda.
Crítica feroz contra la comercialización
de las creencias, como si de mercancías
se tratase, en medio de una sociedad que
cada vez se parece más a la nuestra.
¿O será que es nuestra sociedad
la que, cada vez más, se parece al
mundo en el que vive Noa?
Léanlo y juzguen por sí
mismos.
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