Tal
y como están las cosas en nuestro
planeta, cada día está más
claro que la exploración espacial
no es el capricho de unos pocos, sino una
necesidad ante el agotamiento de las materias
primas sobre las que se apoya nuestra civilización.
El problema es que, con la tecnología
disponible, dichos viajes se prolongarían
durante décadas, obligando a los
viajeros espaciales a dejar su vida en la
Tierra para, a la vuelta, no encontrar nada
o muy poco de lo que dejaron.
No obstante la premisa de Contención,
opresivo relato gráfico presentado
por Norma Editorial dentro
de la colección Made in Hell,
es otra. ¿Qué ocurriría
si en uno de los mencionados viajes espaciales,
a Saturno por ejemplo, parte de la tripulación
despertara antes de tiempo a causa de un
fallo en el sistema? En principio, se trataría
de averiguar cuál es el motivo del
despertar, seis años antes de lo
previsto y volver al estado de hibernación
en el que se encontraban. Simple y sencillo,
pensarán. Demasiado para la mente
de Eric Red, guionista
cinematográfico convertido en escritor
de una historia que nos lleva hasta las
mismas entrañas de terror y la desesperación.
La realidad es que, por causas desconocidas,
el sistema ha fallado mutando a buena parte
de los tripulantes de la nave Explorer por
culpa del líquido que los mantenía
en estado de hibernación. El resultado
directo es que, mientras unos tratan de
despertarse, otros buscan una víctima
que echarse a la boca. No en vano, llevan
casi tres décadas sin comer nada
decente.
Bien es cierto que no todos están
dispuestos a convertirse en el aperitivo
de nadie, sobre todo la comandante Star,
heredera directa de la teniente Ripley
(Alien, 1979),
de Machiko Noguchi (A.V.P.)
y de Carolyn Fry (Pitch
Black, 2000). Star no está
dispuesta a rendirse, pero en medio del
espacio y en una nave que actúa como
un muro de contención laberíntico,
las posibilidades son escasas, por no decir
nulas.
Poco importa que sepas que no hay escape
final. La intención de los responsables,
tanto de Red como del dibujante,
Nick Stakal, es que lo
pases mal desde el principio. Desde las
primeras páginas sabes que la huída
es hacia ninguna parte, pero el estilo de
Stakal mezclado con la
historia de Red, experimentado
en hacernos pasar un mal rato –no
en vano escribió el guión
de Carretera al
infierno (Robert Harmon, 1986) y
de Acero azul (Kathryn
Bigelow, 1990)- busca, precisamente, eso.
La mezcla de colores ocres, fríos
y asfixiantes, en donde se intercala un
constante juego de plano contra plano, creando
una atmósfera similar a la que se
logra con las hipnóticas luces estroboscópicas,
sólo buscan nuestro desequilibrio.
Después, Stakal
juega con los ángulos de cámara,
con los planos generales, los planos medios
y los picados, detenidos por un primer plano
de uno de los decrépitos tripulantes
ya mutado. Nada es lo que parece y nadie
está a salvo en un escenario transformado,
en una casa del terror a 3 millones de kilómetros
de la tierra. Una vez te subes a la atracción
no hay posibilidad bajarse.
Tarde llegan las advertencias del director
Wes Craven, responsable
de escribir la introducción/ advertencia
de la historia. Una vez empiezas, difícil
se vuelve el dejarla. Y una vez en medio
de todo, serás presa de la misma
desesperación que embarga a los supervivientes,
asediados por sus mutados compañeros
y por la inmensidad de un espacio tan hermoso
como agobiante.
Como muy bien plasmaba el cartel de Alien,
en el espacio, nadie puede oír tus
gritos, y eso es algo que podrán
comprobar los protagonistas de esta historia.
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