Asceltis había sido un gran
rey. La época de su reinado se
remontaba tantos siglos atrás que
incluso las criaturas más viejas
no guardaban más que un vago recuerdo.
Ahora sólo le sobrevivía
el nombre que había legado a aquellas
tierras bañadas de magia y de brumas.
Asceltis, el país de los mil pueblos.
Como muy bien cuentan las crónicas,
sólo queda el recuerdo de un gran
rey en medio de una tierra azotada por las
nieblas del pasado. No obstante, ahora sobrevuela
un mal mucho mayor, el del dios Azel,
enterrado desde hace 8.000 años.
Los otros dioses saben que deben detenerlo,
pero tras tantos milenios carecen del poder
suficiente para lograrlo. De ahí
que para tan peligrosa misión los
dioses volverán a encomendar la tarea
a un campeón, -una campeona, en este
caso- del mundo de Asceltis. Su
nombre es Elya y pertenece a la
raza de los Sylvos.
Ésta acepta tan peligroso encargo
con el sentido del deber que la caracteriza.
Lo que ocurre es que el mundo en el que
vive Elya está muy lejos
de entender ningún principio más
allá de su propia supervivencia.
Por esa razón, Elya terminará
cautiva en la ciudad Oslana de Kad´kú
Araz, junto con un templario, Kagne,
y un oslano renegado llamado Aka.
Por los giros de la magia y el destino,
el templario también estará
enterado de la misión de Elya,
razón por la cual prometerá
ayudarla en lo que necesite.
El último en unirse al grupo será
Albián, un naadir cansado
de los abusos que para con su pueblo tienen
los arrogantes Oslanos.
Todos juntos, aunque algunos más
convencidos que otros, emprenderán
una huida que los llevará lejos de
la ciudad y al alcance de los demoníacos
poderes de seres como el dios Kahon.
En su travesía conocerán nuevos
personajes, algunos de los cuales, como
la sukir Alia, decidirán unirse al
grupo en su intento de evitar que las tinieblas
se apoderen de mundo legado por el rey Asceltis.
Elya es
una historia sumergida en el mundo de la
magia, llena de lugares mitológicos
y leyendas ancestrales, pero posee una particularidad
que la hace destacar; es decir, un exquisito
gusto por los detalles y un atractivo tratamiento
de los personajes. Otras historias de esta
índole suelen dar preferencia a la
acción y a los grandiosos escenarios
para esconder un pobre desarrollo de los
personajes. Sin embargo, en el caso de Elya,
tenemos la oportunidad de conocer a cada
uno de los integrantes del grupo de manera
tal que nos ayuda a sumergirnos en la lectura.
A unos, como es el caso del valiente y
noble templario Kagne, los conocemos
más por retazos de su pasado y por
su noble sentido de la lealtad. Para retratarnos
a otros, la narración se centra más
en sus raíces y en sus relaciones
personales, caso de Albián
o la sukir Alia.
Quien se mueve entre sus recuerdos y sus
acciones es la heroína de la historia,
Elya, de la que, poco a poco, conocemos
sus capacidades y la razón de ser
la elegida para una misión tan peligrosa
como vital para la salvación de su
mundo.
Bien contada, con un grafismo detallado
y un colorido que resalta todos los pequeños
elementos, no sólo los más
evidentes, sino aquellos que forman parte
del propio decorado de la historia, su lectura
termina siendo todo un placer.
La editorial Rossell ha
publicado las dos primeras entregas de la
historia, La ciudadela
oslana y El
dios leproso, en lujosas ediciones
en tapa dura y en edición numerada
de 2.050 ejemplares cada una.
Elya es
una narración para leer con tranquilidad,
sin prisas, disfrutando de cada una de las
páginas dibujadas por Jean-Luc
Istin y magníficamente coloreadas
por Elsa Brants y con los
diálogos escritos por el guionista
Nicolas Jarry. Todo ello
para lograr que disfrutemos de los avatares
de un grupo de valientes por salvar su mundo.
La única pega es que el segundo
tomo deja la narración totalmente
abierta, deseando que la tercera
entrega no se demore en demasía,
a ser posible. |