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Una tormentosa noche de junio de 1816 nacía,
de la pluma y la imaginación de Mary
Goldwin Wollstonecraft, Frankenstein
o el moderno prometeo; es decir, el
relato sobre el que se sostiene la ciencia
ficción contemporánea. Su
génesis está envuelta por
el misterio y la leyenda del momento en
que se gestó, en pleno romanticismo.
Además el relato de Mary
Goldwin -más conocida por
su apellido de casada, Shelley-
fue la consecuencia de una especie de apuesta
literaria entablada por los poetas Lord
Byron, Percy B. Shelley,
el médico del primero -John
W. Polidori- y la hermanastra de Mary,
Claire Clairmont.
Todo se desarrolló en la residencia
de Lord Byron, situada
en el lago Leman, en Suiza. Allí,
todos reunidos alrededor de fuego, en una
velada custodiada por los truenos y relámpagos
de una tormenta de verano, nacería
un ser creado a partir de los restos de
otros semejantes, pero dotado de una humanidad
que ya quisieran muchos seres humanos para
sí. El acierto de Mary Shelley
fue mezclar elementos románticos,
en especial el apasionamiento de Víctor
Frankenstein y su búsqueda de
respuestas, con una narración cargada
de simbolismos sobre la vida, la muerte
y el tránsito entre ambas.
Aquella velada también dio como
resultado otro relato literario, The
vampire, escrito por John
Polidori, narración que
ya mostraba muchos elementos del vampiro
literario desarrollado luego por Bram
Stoker en su inmortal Drácula.
La novela de Mary Shelley
publicada por primera vez en 1818 y que
contó con una segunda edición
revisada en 1831 terminaría por convertirse
en la antes comentada base de la ciencia
ficción moderna, mezcla de presente-pasado
y un incierto futuro.
Ignoro si la escritora fue consciente
del camino que estaba abriendo mientras
describía las peripecias de Víctor
Frankenstein por construir un ser concebido
por su intelecto y por una determinación
capaz de mover montañas.
De todas formas, la historia toma tintes
de tragedia -casi griega me atrevería
a decir- cuando el monstruo, lejos del yugo
de su creador, busca su camino en el mundo
y termina por devolver a su creador todo
el dolor de su propia gestación.
Sea como fuere, la novela de Mary
Shelley supuso toda una pequeña
revolución, no sólo por los
temas que toca –la medicina y la ciencia
frente a las creencias religiosas- sino
por estar escrita por una mujer.
Cierto es que el romanticismo trajo cambios
en la sociedad y que los románticos
se jactaban de desafiar las normas imperantes.
No obstante, todavía se vivía
a principios del siglo XIX y quedaban muchas
cosas por hacer en la sociedad de la época.
Norma Editorial nos presenta
ahora una de las más fieles adaptaciones
gráficas del personaje creado por
Mary Shelley. En este caso
se trata de la versión escrita por
el guionista Martin Powell,
partiendo del relato original y contando
con el dibujo, en blanco y negro, de Pat
Olliffe.
Lo primero que queda claro nada más
leer sus primeras páginas es el empeño
por parte del escritor en atrapar el ambiente
y las brumas que invaden el relato de Mary
Shelley. Su intención es,
partiendo de los textos de la obra, atrapar
la imaginación del lector, que tenga
que hacer trabajar su intelecto. De esa
manera, Powell rinde el mejor de los homenajes
a la obra original. Siempre hay más
detrás de las palabras de lo que
parece.
Lo segundo que se aprecia es la mimética
fusión que hay entre los dibujos
de Pat Olliffe y la narración
del Moderno Prometeo. Queda claro
que la elección del blanco y negro
no es casual. No me imagino mejor textura
gráfica que los contornos negros,
bordeando los blancos hielos polares donde
arranca la historia. Tal elección
permite a Olliffe jugar
con las luces y las sombras, con los claroscuros
y con todos los matices de grises que permanecen
entre el blanco y negro.
Todo sirve para lograr que el lector palpe
la atmósfera trágica y romántica
que envuelve a la narración de Mary
Shelley.
Son 88 páginas de absorbente e
intensa lectura, recreando de manera fiel
una de las mejores composiciones de fantasía
científica de la historia, por no
decir de hasta dónde puede llegar
la obsesión del ser humano por lograr
alcanzar un anhelo.
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