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Definir un cómic como El
Ángel caído no es tarea
fácil. No lo es, porque su protagonista,
Lee o Liandra -según
la situación-, no responde al estereotipo
clásico cuando se habla de una historia
con tintes súper heroicos. Tampoco
lo es, dado que sus actuaciones no están
motivadas por unos férreos códigos
éticos. Dependiendo de la situación,
Lee se puede comportar como un
verdadero ángel redentor o como el
peor de los demonios.
A todo ello hay que sumar un escenario
–Bete Noir- el cual viene a reproducir
una especie de Sodoma contemporánea,
es un lugar depravado y extremo donde nada
está donde debe y el escenario perfecto
para comprobar lo poco civilizado que es
el ser humano, a poco que se le presione.
Puede que esa dualidad, tan manifiesta
en personajes como Lee, el doctor
Juris o la esquiva Black Mariah
no terminara de enganchar al público
mayoritario, aunque sí logró
una pequeña pero fiel legión
de seguidores.
Otro problema al que se debe enfrentar
un lector primerizo es a la falta de datos
para conocer, realmente, al personaje principal.
No es un elemento absolutamente necesario,
pero está claro que ayuda a situarse
y en este caso, las cosas son distintas.
Uno sabe que Lee o el Ángel
caído es la persona ideal si
quieres solucionar un problema, encontrar
a alguien o terminar con buen pie un negocio
en Bete Noir. Su punto de encuentro es el
bar de Dolf –llamado Furors-.
Dolf es el responsable de que a
Lee la conozcan como el Ángel
caído, algo que no le termina
de gustar a la protagonista, pero que acepta
al venir de él.
Después está su relación
con el doctor Juris, el magistrado
y responsable de todo lo que pasa en Bete
Noir. Responde ante un misterioso grupo
místico denominado como La Jerarquía.
El propio Juris es un descendiente
de la estirpe del bíblico Caín,
lo que aumenta el carácter místico-religioso
de dicho personaje.
Su relación con Lee es
la del Ying y el Yang, simbolizada –como
Lee afirma- en sus encuentros sexuales-.
Son las dos caras de una misma moneda y
están condenados a repelerse y atraerse
de manera irremediable.
Black Mariah es la némesis
maligna de Lee, aunque no hay que
olvidar la misma naturaleza del ángel
caído. Mariah es una bruja
con el poder de absorber la vida de quien
toca. Sus oscuros manejos la llevarán
a enfrentarse con Lee, en la ancestral
lucha entre el bien y el mal.
Con todos estos ingredientes entenderán
que El Ángel
caído no es, ni de lejos,
un cómic de súper héroes
al uso, ya que entra en un terreno más
habitual en la literatura que en el formato
gráfico. Tengan en cuenta que la
historia reúne muchos elementos religiosos,
los cuales forman parte de la propia mitología
de un personaje. Éste lleva el nombre
que se le dio, según la mitología
judeo-cristiana, a los ángeles que,
tras la Primera Guerra en el Cielo, fueron
desterrados a la Tierra hasta el día
del Jucio Final.
Su propio atuendo, un vestido color carmesí,
acompañado de una capa del mismo
color con sus miembros cubiertos por vendas
del mismo color nos recuerdan a los ropajes
de obispos y cardenales vaticanos. La vendas
que recubren sus brazos y piernas la enlazan
con la tradición judía de
recubrir el cuerpo de los fallecidos, tal
y como cuentan las Sagradas Escrituras se
hizo con Jesucristo.
La audacia de sus creadores, el guionista
Peter Davis y el dibujante
español –grancanario para más
señas- David López
es haber sintetizado todos estos elementos
y trasplantarlos hasta una ciudad actual
como Bete Noir.
Davis, conocido por su
capacidad para sorprender al lector –
cosa que ya hizo al matar a la protagonista
de una de sus historias más conocidas,
la muerte de Jean DeWolff, en la
tercera página de una historia que
duraba 96- retuerce los conceptos del género
para adaptarlos a sus necesidades.
Por su parte, David López
realiza un magnífico trabajo, reproduciendo
un escenario y unos protagonista tan oscuros
como atormentados. De ahí que sus
dibujos plasmen, en especial, los estados
de ánimo que destila la historia,
fusionándolo todo para que la narración
vaya ganando en matices página a
página.
Su trabajo, apoyado en las fantásticas
tintas de Fernando Blanco
–autor que López
conoce desde sus comienzos y quien mejor
entiende el estilo del dibujante- nos lleva
hasta los más oscuros y truculentos
secretos de Bete Noir.
La narración gusta de intercalar
momentos intensos con otros más relajados,
siguiendo, éstos, el tempo vital
del personaje de Lee y demostrando
las bondades de la idea de Davis
y López. Sin embargo,
la serie a pesar de los intentos de Davis
para lograr que formara parte del universo
de la editorial DC Comic y
tras una agónica campaña de
salvamento no logró pasar de la veintena
de números.
Después, Davis
se marchó con su Ángel
caído a la editorial IDW,
sin López, que sí
se quedó en DC para
trabajar, junto a otro español,
Álvaro López en la
serie Catwoman
–en la cual también ha trabajado
el reputado grancanario Javier Pulido-.
Este último dato no deja de sorprenderme,
a pesar de mi experiencia en el mundo del
fandom canario, dado el desconocimiento
que del noveno arte se tiene en las islas.
Lo mejor del caso –sobre todo para
quienes no se han preocupado de potenciarlo
debidamente- es la lista de autores que
se han formado en el archipiélago
canario.
A los López y
Pulido, ya nombrados, hay
que añadir los nombres de Alberto
Hernández, Anu Jato,
Eduardo González,
Ángel Marrero, Juan
Antonio Rodríguez, Juan
Pedro Rodríguez, Ricardo
Díaz o Roberto Burgazzoli.
Su trabajo tiene doble valor al desarrollarse
en una tierra que, salvo en el caso de Santa
Cruz de Tenerife –cuidad que posee
un Salón
Internacional del Cómic desde
hace 14 años- sólo cuenta
con acciones puntuales, sobre todo concursos,
pero que no están pensadas con afán
de continuidad.
Bueno sería que se reconociera
dicho trabajo por parte de instituciones
-tan volcadas en buscar la canariedad hasta
debajo de una piedra- que suelen olvidar
el trabajo y la dedicación de autores
que, como en el caso de David López,
los han llevado hasta el exigente y particular
mercado estadounidense.
Por lo pronto, les recomiendo que se den
un paseo por una librería especializada
y busquen la primera entrega de El
Ángel caído –que
recopila los seis primeros números
de la serie regular- publicada por Norma
Editorial y que disfruten con el
trabajo de Davis y López.
Y si les gusta, también hay publicado
un segundo número con la continuación
de la historia de éste particular
Ángel caído.
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