Leeré el veredicto. Que se
levante el acusado Yôsuke Kobayashi...
¡Se equivoca! Yo soy Kazuhiko Amamiya...
¡¡Cierra el pico, Kazuhiko
Amamiya!! ¡¡Ahora soy yo!!...
¡¡Soy Shinji Nishizono!!
Ahora la pregunta sería, con tanto
nombre ¿De quién les voy a
hablar? De Yôsuke Kobayashi,
de Amamiya o de Shinji Nishizono.
Pues la respuesta es simple; de los tres,
porque todos son la misma persona.
Esto se explica porque el protagonista
de esta directa, impactante y, a veces,
brutal historia gráfica padece un
trastorno de personalidad múltiple.
De ahí su título MPD-Psycho:
multiple personality detective psycho o,
en nuestro idioma, detective psicópata
de personalidad múltiple. El calificativo
psicópata sirve para definir los
comportamientos de al menos dos de sus personalidades,
las cuales afloran cuando la presión
exterior y los acontecimientos necesitan
de medidas extremas.
Todo comienza cuando el detective Yôsuke
Kobayashi se encuentra investigando
los asesinatos cometidos por un demente
que se divierte descuartizando a sus víctimas.
El caso tiene en vilo a la ciudad y al cuerpo
de policía. Sin embargo la investigación,
lejos de avanzar, se encuentra en un punto
muerto que desespera a Kobayashi, empeñado
en atrapar a psicópata.
Para lo que nadie estaba preparado, y
mucho menos Kobayashi, era para
el siguiente movimiento del asesino, empeñado
en jugar con los responsables del caso,
en especial con el detective.
Y qué mejor manera de hacerlo que
mandando un regalo. Un regalo de los que
no se olvidan. Un regalo de carne y sangre
y que, una vez, fue una chica alegre y divertida
antes de convertirse en un cuerpo mutilado
y que sobrevive para mayor desesperación
del detective. Una chica que, antes de caer
en manos del psicópata, era la novia
de Kobayashi, Chizuko,
ahora transformada en un grotesco presente
de una mente enferma.
No obstante, la intención del asesino
está clara, para él y para
el lector que descubrirá, unas páginas
después, cual es la razón
que se esconde tras el macabro presente.
El regalo también sella el final
de la personalidad de Yôsuke Kobayashi,
la cual desaparecerá en beneficio
de Amamiya y Nishizono.
Éste último será el
responsable de terminar con la vida del
descuartizador y callar su miserable risa.
Por eso, cuando el juez dicta sentencie
contra Kobayashi, momento en el
que comienza la narración, el acusado
afirma que está equivocado y que
él es Kazuhiko Amamiya,
no Kobayashi.
Diez años después de aquello,
la ciudad vuelve a estar asediada por los
desmanes de un loco que ha inventado una
nueva manera de llenar los jardines de la
ciudad. Sus plantas son de una enorme belleza,
de no ser por el pequeño detalle
que necesitan un cuerpo humano para poder
germinar. Para el asesino son sus lindas
florecitas, sus macetas humanas de enorme
belleza, mientras que para el resto son
abominaciones salidas de una pesadilla desarrollada
en el jardín de las delicias de El
Bosco.
Sin embargo las cosas no acaban ahí.
Otra serie de extraños sucesos salpican
de sangre, literalmente, cada rincón
de la ciudad. Todos están relacionados
con unos códigos de barras impresos
en los ojos izquierdo de los implicados
en dichos sucesos.
Por ello, la ex detective Machi Isono,
ahora al frente de un centro de investigación
criminológica privado, decide contratar
a Amamiya, tras abandonar éste la
cárcel. Machi había
sido, junto con el jefe de policía
Sasayama –antiguo superior
e Kobayashi- unas de las pocas
personas con las que el reo había
tenido contacto durante su internamiento.
Además, Machi solía
acudir a Kobayashi cuando tenía
algún caso muy esquivo entre manos,
por lo que, al dejar el cuerpo y pasar a
trabajar por su cuenta, nadie mejor que
Amamiya para ayudarla. Hay más peones
en este juego pero la partida sólo
acaba de comenzar y queda mucho, mucho por
conocer.
MPD-Psycho
es una obra que se aparta del manga que
tradicionalmente se encuentra en el mercado
español. Salvo en las obras del genial
Hideshi Hino o Naoki Urasawa,
es difícil encontrar relatos tan
descarnados, cuando deben serlo, como lo
es MPD-Psycho.
Además, sus autores no tienen ninguna
prisa en contar cada situación. No
se trata de regodearse en determinados aspectos
de la locura humana sino de retratarla,
tal cual es, sin artificios vanos e inútiles.
De ahí que cada suceso termine por
martillear la conciencia del lector, esperando
una respuesta ante lo que se escapa al normal
raciocinio.
Lo más asombroso es comprobar que,
a pesar de todo, su lectura termina siendo
tan absorbente como ciertamente hipnótica.
La principal razón estriba en la
brillante mezcla de los grandes clásicos
de la demencia criminal –Jack
“el destripador”, Charles
Mason o Andrei Chikatilo
“el ciudadano-X”, con
series de televisión como Millenium
y películas como Seven
(David Fincher, 1995), o Audition
(1999) del director nipón Takashi
Miike.
Éste último ha sido el responsable
de la adaptación al formato televisivo
del manga de Sho-u Tajima
y Eiji Otsuka. La serie
ha sido comercializada en el mercado español
por la empresa Jonu Media.
El resto reposa en la mente de Amamiya,
Nishizono y el resto de los protagonistas
de MPD-Psycho.
¿Se atreven a descubrirlo...?
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