En
1962 se estrenaba la película The
300 Spartans –titulada en España
El León de
Esparta-. La cinta, dirigida por
Rudolf Maté, narraba
el épico enfrentamiento entre las
falanges hoplitas del rey espartano Leónidas
y el ingente ejército del rey persa
Jerjes I en el paso de
la Termópilas, durante la guerra
que enfrentó a griegos y persas.
La historia en sí, al igual que
la épica puesta en escena de Maté,
impresionaron de tal forma a un joven Frank
Miller que éste se prometió
a sí mismo que algún día
reproduciría dicho enfrentamiento
en su formato preferido, los cómics.
Años después, Miller
se convertiría en uno de los más
aclamados creadores del noveno arte –tanto
en el apartado gráfico como escribiendo
los guiones de historias que otros dibujarían-
aunque siempre mantuvo viva su querencia
por el séptimo arte. No en vano,
Miller recurrió
a su gusto por las películas de artes
marciales llegadas durante y después
de la muerte de Bruce Lee para
coreografiar las peleas que llenan las páginas
de su etapa al frente de Daredevil.
Incluso, el autor se basó en el rostro
de Robert Redford para
recrear a Matt Murdock, alter ego
humano que se esconde tras la máscara
de El hombre sin miedo.
De todas maneras debieron pasar veinte
años hasta que Miller,
autor capaz de abordar cualquier proyecto
por difícil que éste pudiera
parecer, se decidiera a llevar al papel
la batalla del rey espartano contra los
invasores llegados desde la remota Persia
en el año 480 antes de Cristo.
Los sucesos principales que se narraban
en la película de Maté
y luego reproduciría Miller
sobre el papel, se desarrollaron durante
el mes de agosto del mencionado año
480 antes de Jesucristo. El emperador Jerjes
I estaba empeñado en doblegar
Grecia y para ello había ensamblado
un formidable ejército.
En un principio nada ni nadie parecía
capaz de frenar el impecable avance del
conquistador persa, derrotando a todas las
polis que se interponían en su camino.
Al final y como era de esperar, las tropas
persas tocaron a la puerta del reino de
Esparta, gobernado por el rey Leónidas.
Jerjes sabía de
las cualidades de los guerreros espártanos
–todo buen guerrero las conocía-
pero confiaba en que ante la abrumadora
superioridad numérica de sus tropas,
Leónidas se rendiría
ante la evidencia. Craso error para el emperador
persa y para sus ansias de conquista.
Leónidas, acompañado
de un grupo de 300 guerreros espartanos
–y un total de siete mil aliados de
otras partes de Grecia, también partícipes
en la contienda- se sitúo en el paso
de las Termópilas y se preparó
para la batalla.
Jerjes lanzó un
primer ataque protagonizado por 10.000 hombres
de sus tropas, las cuales se estrellaron
contra la férrea disciplina de las
falanges hoplitas de los espartanos. Tras
aquel fallido asalto, el emperador mandó
una nueva oleada de entre 20.000 a 40.000
hombres entre ellos los temibles Inmortales
–guardia de Élite del emperador-.
La estrategia de Leónidas
no era ganar la guerra, sino retrasar al
ejército invasor hasta que el grueso
de las tropas griegas pudiera prepararse
para el enfrentamiento final contra Jerjes.
Y visto los resultados finales de la batalla,
bien que lo logró, para bien de los
ciudadanos de Grecia.
Atendiendo a las cifras, Leónidas
y sus 300 guerreros causaron no menos de
20.000 bajas –aunque algunas cifras
apuntas hasta los 50.000 muertos- .
No es de extrañar que la epopeya
del rey Leónidas
inspirara los escritos de autores como Lord
Byron, Sylvia Plath,
T.S. Elliot o el maestro
del terror Stephen
King. Los 300 espartanos también
han sido un referente para películas
como The last Samurai
(Edward Zwick, 2003) o la magnífica
serie de animación Samurai
Jack (Genndy Tartakovsky, 2001-2004),
en un capítulo donde el aguerrido
y honorable combatiente pelea al lado de
las falanges espartanas.
Aceptado el reto, Miller
debió enfrentarse con la ardua tarea
de documentarse sobre la época y
sobre todos los elementos que rodearon aquella
contienda elevada a la categoría
de mito. Después le llegó
el turno a las míticas y temidas
falanges espartanas y sus no menos míticas
armas.
El dibujante puso especial cuidado en
reproducir los yelmos, escudos y largas
lanzas –llamadas sarisas- las cuales
formaban parte de las señas de identidad
de unas tropas cuya especialización
los pondría a la misma altura que
cuerpos como los SEALS y los Delta Force
americanos de hoy en día.
Miller se planteó
la planificación narrativa de la
historia como una serie de páginas
dobles, intercaladas por grandes viñetas
–que también ocupaban dos páginas
en muchas ocasiones- y viñetas más
pequeñas que ayudaban a explicar
pequeños detalles de la tragedia
que se estaba fraguando en aquel remoto
lugar.
Su lanzamiento en formato comic-book –durante
el verano de 1998- no ayudaba a disfrutar
tanto del increíble trabajo del autor
como en su posterior versión en formato
apaisado. Todo esto estaba apoyado por el
acertado y pictórico colorido de
Lynn Varley, pareja de Miller,
que ya había demostrado su valía
en trabajos como Ronin
y Batman: The Dark
Knight returns. Varley
recurre a una paleta de colores ocres y
tierras, intercalados por los negros y azules
oscuros que sirven para separar los días
de las noches.
La suma de todos los elementos dieron
como resultado una obra épica, la
cual reproduce de manera metódica,
en sus primeros números, la génesis
del enfrentamiento entre las tropas de Leónidas
y las de Jerjes, para luego
llevarnos hasta el mismo corazón
de la batalla que se desencadenó
entre los 300 guerreros espartanos y el
resto de aliados del rey de Esparta contra
los poderosos ejércitos del rey persa.
Miller, con una prodigiosa
planificación de página y
con un sentido del ritmo más propio
de un story-board cinematográfico
que de un cómic al uso, nos sitúa
en primera línea de batalla, sintiendo
la tensión, el dramatismo y la locura
que se desencadena en cualquier conflicto
bélico.
El acierto de Miller
también recae en querer mostrar las
motivaciones de ambos bandos, sin caer en
juicios de valor predestinados. Está
claro que estamos ante una historia protagonizada
por uno de los ejemplos del soldado perfecto
–el espartano- entrenado desde la
infancia para ser capaz de las más
increíbles proezas. Sin embargo,
conceptos como el honor, la entrega, la
lealtad y el defender aquello en lo que
se cree hasta la misma muerte, tiñen
de manera magistral el relato descrito por
Miller en 300.
La serie, galardonada con tres premios
Eisner –entre ellos mejor autor completo
y color- y dos premios Harvey, se convirtió
en un auténtico acontecimiento editorial.
Dos años después, en el 2000,
Norma Editorial publicó
la primera edición de la obra, en
un cuidado tomo en tapa dura y en formato
apaisado.
En la actualidad lleva ya ocho ediciones
y un total de 30.000 ejemplares vendidos,
cifra que indica el tremendo impacto que
ha cosechado el trabajo de Miller
en nuestro país.
Y como era de esperar, sobre todo tras
el éxito de una película como
Sin
City (Robert Rodríguez, Frank
Miller y Quentin Tarantino, 2005) –la
cual también está basada en
una obra de Miller- el
cine ha vuelto a fijarse en el trabajo del
autor, llevando hasta la gran pantalla la
epopeya de la batalla de las Termópilas,
según cuentan los lápices
y el guión de Frank Miller.
300, estrenada
a primeros de marzo en los Estados Unidos,
se colocó fácilmente en el
primer puesto de la recaudación,
siendo catalogada por muchos como la mejor
película del presente año
2007.
Este 23 de marzo, 300
llega hasta nuestras pantallas con lo que
el espectáculo y la épica
están servidos y en pantalla grande.
Y después, siempre queda la oportunidad
de disfrutar con la obra original de mano
de Norma Editorial y con
el libro que cuenta los secretos del rodaje
de la película, también publicado
por la mencionada editorial. |