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A los seguidores del fantástico
–y a aquellos que no lo son- a buen
seguro que, cuanto menos, les sonará
Lovecraft,
o su nombre completo Howard Philips
Lovecraft.
Dicho nombre es el de uno de los mayores
y más influyentes escritores del
género fantástico de la historia,
el cual revolucionó las mismas bases
del género. Lovecraft,
personaje casi más extraño
y misterioso que muchos de los que pueblan
sus relatos, fue un ser que no brilló
en su época de igual modo que décadas
después. Sus contemporáneos
nunca terminaron de entenderlo y lo postergaron
a un segundo plano, en el cual vivió
buena parte de su existencia.
Luego, cuando las nuevas generaciones descubrieron
el inmenso potencial y la riqueza de sus
escritos –en especial todos aquellos
relacionados con dioses primigenios y terroríficos,
reunidos posteriormente en lo que conocemos
como Los Mitos de
Cthulhu- su nombre pasó a
ocupar un lugar de honor en el panteón
de los grandes creadores de los mitos y
leyendas de la cultura contemporánea.
Su influencia se extiende tanto en el ámbito
de la literatura –en escritores como
Stephen
King, Clive
Barker o el mismo José
Luis Borges-, el cine de género
y en directores como John Carpenter,
Stuart Gordon o Sam
Raimi, artistas como H.R. Giger
–creador de la imaginería de
la serie Alien-
o la música, en especial de bandas
de heavy, tales como Black Sabbath,
Metallica, o Iron
Maiden.
Como muy bien comenta José
Oliver, Lovecraft
fue un friki de finales del siglo XIX y
principios del XX, mezclando "su
carácter solitario, xenófobo,
misántropo, chapado a la antigua
aún para su propia época,
con una imaginación portentosa y
una capacidad de absorber las influencias
de los grandes nombres de la literatura
fantástica de su época".
En la obra de Lovecraft
son palpables las influencias de escritores
como Poe,
Wells, Arthur Machen
o M.R. James, aunque el
escritor supo crear una mitología
propia y llevar a sus lectores hasta la
misma "Boca del miedo".
Con tales señas de identidad resulta
extraño que dos jóvenes artistas,
José Oliver y Bartolo
Torres se plantearan realizar una
tira de prensa, en clave humorística,
contando con la figura del escritor como
protagonista principal. Sin embargo, cada
historia tiene muchos puntos de vista y
los dos creadores fueron capaces de contar
la historia del escritor, desde un punto
de vista inaudito.
Para empezar se plantearon contar la juventud
de Lovecraft,
de ahí el título de la tira
de presa, recopilada ahora por Diábolo
Ediciones. Después, se añadieron
algunos matices para lograr que aquel huérfano,
solitario, misántropo y con aversión
hacía el género femenino,
se convirtiera en un personaje capaz de
interactuar con otros compañeros
de viaje y, si se terciara, con una fémina
de su misma edad.
Sólo quedaba, entonces, escudriñar
los comienzos literarios del creador de
Cthulhu y cómo llegó
a confeccionar –más bien qué
ayuda recibió del exterior- para
que todo aquel universo cobrara vida en
las páginas de sus obras.
Este joven Lovecraft tiene
los mismos problemas que cualquiera de nosotros
en el colegio, sobre todo con los “mayores
abusones”. La diferencia es que nuestro
personaje, en vez de tratar de ponerse “cachas”,
recurre a los libros de magia prohibidos
–siempre que sus tías no le
incordien con la hora del baño-.
Cierto es que sus invocaciones, conjuros
y demás no siempre terminan resultando
como él quisiera, pero ya se sabe,
los caminos de la magia son insondables.
Además, todo vale para tratar de
sobrellevar el día a día de
un colegial que debe luchar contra los elementos
–sus compañeros-, las presiones
familiares y la llegada de féminas
como Sioxie, versión friki
con faldas del propio Lovecraft.
Si el auténtico Lovecraft
hubiera tenido que llevar una vida como
la que narran las tiras de Oliver
y Torres, es más
que probable que hubiese terminado sus días
en un sanatorio psiquiátrico. No
obstante, el joven Lovecraft
es mucho más fuerte, mental y emocionalmente,
y consigue sortear los peligros de una vida
normal, con algún que otro contratiempo.
De todas formas, donde su inventiva logra
llevarle un paso más allá,
y alejarlo de su tediosa realidad, es en
la reescritura de los grandes clásicos.
En esos instantes, cuando el aspirante
a cronista formula su “personal”
visión de obras inmortales como Moby
Dick, El
cuervo, La
vuelta al mundo en ochenta días,
Drácula,
Hamlet o
El Quijote
cervantino, el resto poco importa, el tiempo
se para y el panteón luego volcado
en las páginas de sus libros, comienza
a dejarse ver tras la penumbra. Otra cosa
es que le pregunten a un profesor de literatura,
todavía en shock tras ver las ideas
del joven escritor, pero son cosas que pasan
con los jóvenes…
El joven Lovecraft
es un fantástico y divertido homenaje
a uno de los grandes del género del
terror y la fantasía, trufado de
multitud de referencias al mencionado género.
Sus “perpretadores” y principales
responsables, hacen las delicias de cualquiera
que tenga una cierta querencia por dicho
género y para quien quiera pasarse
un rato tremendamente divertido mientras
lee las peripecias de este particular Lovecraft.
A los diálogos inteligentes y llenos
de humor y guiños, se une un dibujo
simple, expresivo y que se convierte en
el soporte ideal para contarnos las disparatas
y entrañables aventuras de quien
luego nos llevara de cabeza al mundo de
las pesadillas.
Puede que el auténtico Howard
Philips Lovecraft no se pareciera
en nada al que han creado José
Oliver y Bartolo Torres,
pero les aseguro que el trabajo de ambos
autores merece mucho la pena y su lectura
se convierte en un placer, página
a página.
El tomo presentado por Diábolo
Ediciones se completa con una galería
de autores invitados, los cuales aportan
su visión al personaje creado por
Bartolo Torres para la
tira. Nombres como Sergi Bleda,
Guillem March, Cels
Piñol, Oriol Hernández
o las dibujantes Laura Benzo
y Meritxell Ribas Puigmal
ponen su buen hacer para que veamos al joven
Lovecraft con otros ojos.
Hay muchas más cosas que cuentan
las tiras recogidas en las 80 páginas
del tomo, pero ahora se trata de sean ustedes
los que las descubran. Si lo hacen, les
aseguro que no se sentirán decepcionados,
y encima se lo pasarán genial.
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