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Conceptos como el HONOR, el DEBER, la LEALTAD,
la HONESTIDAD o el RESPETO han llegado a
sonar totalmente vacíos en una sociedad
como la nuestra.
Hoy día interesa el éxito
rápido y fácil y, con él,
lograr una posición social que nos
permita vivir cómodamente y sin problemas.
Atrás quedan los tiempos en los que
la humanidad se movía por otros valores,
menos tangibles que el dinero, pero mucho
más duraderos. Aunque siempre hay
excepciones en medio de una sociedad cada
día más impersonal como la
nuestra. Éste es el caso de Matsushita
Kenji, un joven criado y entrenado
en los valores del Bushido, el código
por el que se regían los milenarios
Samurais japoneses.
La historia que se nos narra en Manchada
de sangre arranca cuando Kenji
debe abandonar su país natal y viajar
hasta los Estados Unidos, tras la muerte
de su padre. Al llegar allí se entera
que su padre se ha suicidado –siguiendo
el ritual del seppuku- al descubrirse que
estaba robando en la empresa familiar en
la que trabajaba. Aparentemente, las pruebas
contra su padre no ofrecían dudas-tal
y como asevera el detective que investiga
el caso-. Sin embargo, Kenji no
está tan seguro de que aquella sea
la verdad que se esconde tras la muerte
de su progenitor.
Por ello, y acompañado por la que
fuera secretaria de su padre, Andrea
Ryan, decide comenzar una investigación
personal, sin importar el precio que deba
pagar, para conocer la verdad del asunto.
A partir de ese momento, Kenji
sólo contará con su entrenamiento
y con los valores que le han acompañado
desde niño, los cuales le marcarán
el camino que deberá seguir sin desviarse
de su objetivo.
Manchada de sangre
nos trae hasta las librerías
de nuestro país los impactantes y
ciertamente extraños dibujos de Ben
Templesmith, aunque en un registro
apartado de sus habituales historias de
terror.
Para la ocasión, Templesmith
pone sus tintas, sus contornos y sus colores
–azules, rojos, grises, marrones,
ocres, verdes y negros- al servicio de un
thriller en la mejor línea del cine
de acción de Hong-Kong, plasmando
un electrizante, pero también mesurado,
relato del guionista Dan Wickline.
Este último construye el relato partiendo
de valores tan “pasados de moda”
como los que se enumeran al comenzar esta
reseña, pero que son fundamentales
en la vida del protagonista. Lo que ocurre
después, termina siendo una consecuencia
lógica por la vida que ha llevado,
hasta ese momento Matsushita Kenji.
El resultado final demuestra que el talento
del dibujante es capaz de adaptarse a cualquier
tipo de relato, sin importar el género
y el ambiente en el que se base. De ahí
que sea una obra muy recomendable, no sólo
para los amantes de Templesmith,
sino para quienes gusten de las historias
de venganzas, con tintes de cine negro,
que tan buenos ejemplos han dado las cinematografías
orientales. |