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¿Qué tienen en común
un joven príncipe con poderes, su
padre -un gobernante al que le invaden las
dudas sobre su destino-, un ser del mítico
bosque de Sierra, una guerrera de la luz,
y un oscuro villano que ambiciona el poder
sin importar el precio? Pues todo, el ser
los principales protagonistas de Pixie,
un relato con estética de manga japonés,
pero con los modos y las maneras de los
relatos de mundos mágicos y fantasía
tan propios del mercado gráfico francófono.
Todo empieza con el joven príncipe
Ael es secuestrado por Pixie,
un ladrón a la búsqueda de
una mágica joya. Desde el mismo momento
que el ser de los bosques, Pixie,
cruzó sus caminos con el joven príncipe,
todo le empezó a ir mal. No sólo
no logró apoderarse de la joya que
ambicionaba sino que, debió cargar
con el niño, ante la imposibilidad
de arrancarle el brazalete.
Después, sin saber cómo,
acabaron con sus huesos en un mundo de leyenda
llamado Sommanbulia, lleno de monstruos
y fantasmas, y del que escaparon gracias
a las artes guerreras de Elvynn,
de la casta de Elazul.
Pixie pensó, tras escapar
de Sommanbulia, que todo iría mejor,
pero sólo era un momento de paz,
antes de continuar su accidentada marcha,
en esta ocasión hasta las tierras
de la altanera Elvynn. Mientras
esto sucede, el oscuro Anrou trata
de desentrañar los secretos de las
poderosas máquinas que se mantienen
ocultas en las entrañas de la ciudad
de Earis. El problema es que su ambición
se tropieza, una y otra vez, con las sacerdotisas
de Nessa, su mayor antagonista.
Lo que todos ignoran son los poderes del
joven Ael, cuyos sueños
son la clave para entender los secretos,
no sólo de aquel mundo sino de otros
muchos. Venís todos de mundos paralelos,
mundos que coexisten en diferentes planos.
El paso de un mundo a otro debería
ser imposible. Nadie había imaginado
que un niño poseería ese don…
le dirán a los protagonistas las
guardianas de la selva.
Pixie es
una nueva muestra de la capacidad de mercado
francés por absorber estilos, en
este caso, el manga japonés y trasplantar
su estética a los gustos de su mercado.
La historia es fruto del trabajo conjunto
de dos jóvenes artistas galos, el
guionista Mathieu Mariolle
y la dibujante y colorista Aurore.
Queda clara su intención por respetar
las claves de los cómics japoneses,
aunque no por ello se renuncia a los grandes
relatos del género fantástico,
tan del gusto de autores franceses como
Crisse o Arleston
–y cuya influencia confiesa el guionista
Mariolle-.
Filabo Ediciones nos
da la oportunidad de conocer, de primera
mano, esta historia de la cual está
pendiente una tercera parte, Tidia,
la cual espero que no tarde mucho en llegar
al mercado, dado el final tan abierto de
su segunda entrega. |