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Sorteando los rascacielos,
con habilidad y suerte, haga sol, llueva
o granice (si hace viento no sale de casa)
se balancea nuestro héroe, defendiendo
la ley, la justicia y los caramelos de cola.
Todo gracias a que le picó una araña
muy simpática, que le dio unos poderes
súper chulos… ¡Es Espiderman!
Y tras esta sublime presentación,
¿qué se puede decir del amigable
vecino arácnido después de
más de cuatro décadas que
no se haya escrito, dicho o gritado a los
cuatro vientos?
Pues, por increíble que parezca,
Enrique V. Vegas es capaz
de rizar el rizo –con doble tirabuzón,
debo añadir- y nos trae a una araña
mucho más caótica, desenfada
y dispuesta a salvar a su ciudad del acoso
de los villanos, aunque, para ello, deje
alguna víctima “colateral”
por el camino.
Y es que el Espiderman dibujado
por Vegas, además
de molón, es capaz de enfrentarse
a los mayores peligros saliendo victorioso
de ellos, algo que no pueden decir otros
héroes como “Ojo de Águila”
y “El avispa”. Bueno, un fallo
lo tiene cualquiera, más si se es
una “calamidad con patas”, como
muy bien le dice el Capitán @.
Nada, nada, que la vida de los superhéroes
es muy dura, y mucho más la de los
becarios del periódico de J.J.J.
o la de recién llegados como
un aspirante a periodista llegado desde
Kripton o la rana más dicharachera
de… perdón, eso es de otra
historia.
Para acabar de rematar la situación,
un nuevo héroe, todo chulo él
y vestido con un elegante traje negro amenaza
con robarle el protagonismo al héroe.
"Ese Venenón me está
tocando seriamente las narices. Soy el hazmerreír
de los superhéroes… ¡Hay
que tomar medidas drásticas! dirá
decidido nuestro héroe."
Con todo decidido, sólo quedaba
escoger el escenario del épico enfrentamiento…
"¡Uy, qué rápido!
Esta ciudad es muy pequeña para los
dos… Vamos a solucionarlo como personas
mayores. ¡Con una partida de damas!...
¡Sin piedad!"
Sobra decir que Venenón
es mejor jugador de damas que Espiderman
y cuando la situación es insostenible,
nuestro héroe debe aceptar que va
a perder la partida.
Por suerte para él, todavía
le quedan amigos como Don Dan Defensor,
dispuestos a ayudar a un compañero
de mallas, si la situación lo requiere.
Espiderman 3
es una nueva demostración de la capacidad
de Enrique V. Vegas por
“tomar prestado” un personaje
emblemático y lograr presentarlo
de una manera inaudita, pero tremendamente
divertida y atractiva. Como en trabajos
anteriores, su obra está llena de
guiños al mundo del fandom y del
fantástico, logrando que cada página
sea una especie de “mapa del tesoro”
o “dónde está el guiño”
plagada de dichas referencias.
Y su Espiderman, pequeño,
cabezón y resultón –mucho
mejor que el presumido del Venenón-
acaba por cautivarnos por su capacidad para
“derrapar en las curvas”, pero
salir siempre airoso de los compromisos
más extremos. Por eso es el prota
y el héroe, qué se creían.
Y tras Espiderman
3 llegan los 600 espartanos…
¿No eran 300? Da igual, cuantos más,
mejor, más diversión. |