Según cuenta la historia, mezclada
con una cierta leyenda, el rey Leónidas
y sus 300 guerreros espartanos se situaron
en el paso de las Termópilas para
impedir que el rey persa Jerjes y sus tropas
lograran conquistar toda Grecia. Fue una
gesta épica para tan sólo
300 hombres armados con sus escudos, yelmos
y largas lanzas.
Aunque la historia tampoco
es que se ponga muy de acuerdo en el número.
¿Fueron 300 los guerreros? ¿Algunos
más? ¿O en realidad fueron
600?
Como en otras ocasiones
en las que nos invade la duda, Enrique.
V. Vegas tiene la respuesta al
enigma planteado.
Para el dibujante, guionista y responsable
de alguno de los delirios gráficos
más recordados en los últimos
años, el rey Leónidas de Esparta,
llamado a ser rey desde el día en
el que nació, cargó con 600
guerreros, en su empeño por detener
a… Jorge Javier…este,
no ése no es… En su empeño
por detener a Jerjes.
El caso que los comienzos del mítico
soberano fueron algo más duros de
lo que se podía pensar, en especial
por el aspecto de querubín que Leónidas
tenía de pequeño. Aún
así, tras aquel aspecto “inocente”,
se escondía un indómito combatiente,
con muy mal carácter.
Con el tiempo, su fama –y su carácter-
llegaron hasta los más recónditos
lugares de Grecia, además de su gusto
por una buena pelea.
De ahí que cuando el mentado Jerjes
asomara la jeta por sus tierras, Leónidas
y sus aguerridos combatientes encontraran
la oportunidad perfecta para lanzarse de
cabeza al combate, y de paso hacer un poco
de turismo por su tierra.
Cierto es que algunos quisieron subirse
al carro –para salir en la foto, claro
está-, pero no contaban con la determinación
del buen rey, poco amante del protocolo.
Una vez metidos en el fregado, las tropas
persas, incluidos los temibles “diez
mil” con disfraces súper chulos,
se dieron de bruces con los hombres de Leónidas
y su determinación por preservar
el secreto del yogurt con bífidus.
Fue una guerra sin cuartel donde ni los
gigantes ni los elefantes estuvieron ajenos
al sarao que se vivió en el estrecho
–e incómodo- paso de las Termópilas.
Lo malo es que el destino estaba sellado
y, a pesar del tesón de Leónidas
y los suyos, los persas eran más.
Los libros de historia dicen que no quedó
ninguno, aunque, de todas formas, no siempre
los historiadores aciertan…
Y llegados a este punto, qué se
puede decir de Enrique V. Vegas
que no se haya dicho, escrito, narrado o
cantado ya como los juglares de la Edad
Media. Puede que lo único que nos
quede por preguntar es ¿hasta dónde
le dará el ingenio, en su ya larga
saga de los Cabezones en cualquier escenario-situación
que se nos pueda ocurrir? Da la sensación
de que su repertorio de ocurrencias no tiene
fin, como el bolso de Mary Poppins,
vamos.
Lo dicho, si quieren pasar un rato divertido
y conocer aquello que los historiadores
han pasado por alto, 600 es la lectura más
recomendable, faltaría más.
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