Aunque
no es una novedad, de un tiempo a esta parte el
noveno arte está presentando cada vez más
colecciones cuyo argumento está íntimamente
ligado al género del terror.
Una de las principales razones de este auge
ha estado relacionada con muchas de las diversas
sagas cinematográficas que han tenido al
terror y a sanguinarios personajes como mayor
reclamo. Bien es cierto que, en la mayoría
de los casos, la sobreexplotación de unas
buenas ideas ha dado como resultado películas
realmente ridículas. Sin embargo, es indudable
que la calidad de muchas de ellas ha significado
un verdadero caldo de cultivo para que los amantes
del género experimentaran con nuevos formatos
donde desarrollar este tipo de historias
No obstante puede que la principal razón
de esta nueva edad de oro tenga mucho que ver
con varias décadas de prohibiciones, merced
a los postulados del Comic Code, recordatorio
de la lamentable caza de brujas de los años
cincuenta en los EEUU. Dicho código ético
y moral prohibía el que una palabra como
"horror" figurara en la portada de una
publicación gráfica, así
como la aparición de cualquier personaje
o elementos con tintes terroríficos (según
su juicio, claro está).
La razón de tal prohibición tuvo
mucho que ver con la principal editorial implicada
en dicha era, la EC Comics, acusada por muchos
de ser la responsable de atentar contra la moral
y las buenas costumbres de una América
que confundía patriotismo con fanatismo
en las mismas dosis que segregaba a los ciudadanos
afroamericanos, negándoles derechos básicos
como la educación o la atención
sanitaria.
EC Comics, fundada por el editor William
M. Gaines, quien estuvo secundado en
la aventura por autores como Al Feldstein, Harvey Kurtzman, Wally
Wood o Al Williamson demostró que debajo del barniz de civilización
y del estilo de vida americano estaban latentes
una enormidad de problemas que nadie quería
sacar a la luz y buscarles una solución.
La producción de Gaines estuvo centrada en relatos de terror, misterio,
ciencia ficción e historias bélicas,
siendo estas últimas las que más
atentaron contra el sentido patriótico
de una nación inmersa en una guerra imperialista
e ideológica (la de Corea) y que permanecía
ajena a la devastación de toda una generación
que ignoraba cuál era su papel en aquella
contienda asiática.
Sin embargo, sus autores fueron además
capaces de tratar temas tan controvertidos aún
hoy día como el aborto, la pena de muerte,
la proliferación de armas de fuego (tema
de candente actualidad tras la ley aprobada en
el estado de Florida) o el racismo, que todavía
condiciona a una gran parte de los habitantes
de los EEUU.
No es extraño que, apoyados en los parciales,
ridículos y tendenciosos postulados del
psicólogo Frederic Werthman,
unos cuantos oportunistas, entre ellos Richard
Nixon, secretario del senador McCarthy,
vieran una oportunidad perfecta para terminar
con la EC Comics.
Werthman, en su panfleto Seducción
del inocente, acusaba a los cómics
de ser responsables de todos los males de la juventud
americana, según unos estudios que hoy
serían tachados de chapuceros y poco rigurosos,
aunque en aquel momento supusieron la excusa idónea
para terminar con una dolorosa espina que cuestionaba
gran parte de las pésimas actuaciones del
gobierno , tanto dentro como fuera del país.
El resto de las editoriales, en una época
de cierre de títulos y de muchas de las
empresas del gremio, encontraron en las patrañas
de Werthman una manera de potenciar
un código que terminara con la hegemonía
que durante casi un lustro mantuvo EC Comics en
el mercado de los cómics.
La formulación del Comic Code terminó
con la vida de sus series de terror estrellas,
precipitando el cierre de la editorial salvo la
revista satírica Mad, la cual
todavía se sigue publicando hoy en día.
Títulos como The
Crypt of terror, más conocida por Tales from the Crypt (y
su inconfundible guardián de la Cripta), The Vault of terror y The Haunt of fear tuvieron que desaparecer de los kioscos de la
época comenzando una sequía del
género que duró hasta los 70, momento
en el que la editorial Marvel resucitó
a los grandes personajes de terror clásico
(Drácula,
el hombre
lobo, Frankenstein) bordeando los
normas de código, pero logrando que los
sobresaltos volvieran al formato gráfico. |