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La Última
tentación de Alice Cooper
nos lleva hasta el teatro de lo real de
la mano de uno de los iconos del género
terrorífico del siglo XX –y,
por qué no decirlo, de este siglo—
Alice Cooper, quien llegó
un momento que transmutó su papel
de cantante de rock-and-roll por el de un
enviado del mismísimo demonio.
Cooper, que ya había
disfrutado de una primera adaptación
al formato gráfico por parte de Marvel
Comics, es miembro del panteón
de personajes de pesadilla que atormentan
el descanso de los humanos. Sus sombreros
de copa, sus espadas y serpientes ocupan
un lugar de privilegio junto a Freddy,
Jason, el conde
Drácula y Jack, el destripador.
Pero en manos de escritor Neil
Gaiman, Cooper
se convierte en el perfecto maestro de ceremonias
para seducir y atrapar las almas de los
más jóvenes, invitándolos
a descubrir los secretos de su Teatro de
lo Real.
Luces y sombras. Bien y mal. Vida y muerte.
El Grand Guignol francés y la cruel
realidad de la adolescencia.
Y sobre todos ellos, la sombra del gran
Cooper, el de los ojos
pintados, negros ropajes y bastón
desafiante, quien nos invita, con el dibujo
preciso, barroco y detallista de Michael
Zulli a... su última tentación
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