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LOS
ESENCIALES DEL CINE DE TERROR 1922-1999
(3/5) |
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Creepshow,
de George A. Romero (1982)
Romero y King, como director y
guionista respectivamente, unieron sus talentos
para crear este film dividido en cinco historias
independientes basadas en los antiguos cómics
de terror de la EC. El propio Stephen
King aparece como actor en el único
episodio que fue eliminado del metraje para la exhibición
en salas comerciales. |
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La cosa,
de John Carpenter (1982)
Para muchos la mejor película de Carpenter
es esta versión del film de 1951 de Howard
Hawks, aunque fracasó en las taquillas
de la época. Una expedición en el
Ártico descubre una nave alienígena
entre el hielo. Su apertura introducirá a
un ser mutable entre el equipo de investigadores.
Los efectos de Rob Bottin son la verdadera
estrella del film, pese a que éste cuente
con actores de la talla de Kurt Russell.
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Posesión infernal,
de Sam Raimi (1982)
Olvidémonos de El
exorcista. Aunque la posesión demoníaca
es el tema estrella, Raimi compuso otro de
los clásicos absolutos del género.
Con poco dinero y un grupo de amigos, rodó
un guión propio con una cierta atmósfera
documental, lo que hace mucho por dar credibilidad
a la fantástica historia de unos jóvenes
que pasan un velada mortal en una cabaña
donde se esconde un antiguo texto. Terroríficamente
muertos
(1987) fue la respuesta de la industria a la
historia de Raimi, quien rehizo el mismo
guión contando con más presupuesto
y añadiendo notas de humor ya típicas
en su estilo. El
ejército de las tinieblas, la
tercera parte de la serie, se alejó radicalmente
del tono terrorífico de las anteriores entregas.
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Pesadilla en Elm Street,
de Wes Craven (1984) Robert Englund
encarnó durante siete películas y
una serie de televisión al que probablemente
es el más famoso de los asesinos en serie
de la historia del cine. En esta primera entrega
se sentaron las bases del personaje que permanecieron
intactas en todas las entregas. |
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Re-animator,
de Stuart Gordon (1985)
Una mezcla entre el mito de Frankenstein,
La noche de los muertos
vivientes, pasadas por el filtro de una visión
lovecraftiana. El resultado cuenta como un brillante
científico descubre una sustancia con la
que revivir la materia muerta. En su secuela La
novia de Re-animator (1990) se homenajeó
abiertamente al film de James Whale. |
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La
mosca,
de David Cronenberg (1986)
Este remake del film homónimo de 1958 firmado
por un David Cronenberg en plena forma nos
presentó a Jeff Goldblum (Parque
Jurásico, 1993) como un científico
al que su invento acaba por volverse contra él.
Los estupendos efectos especiales no sólo
no eclipsan en ningun momento el trabajo de los
actores, sino que se convierten en el mejor aliado
de esta historia con evidentes referencias a la
Metamorfosis de Kafka.
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Jóvenes ocultos,
de Joel Schumacher (1987)
Tras una fachada de cine teenage de los 80, se esconde
un magnífico metraje rodado a ritmo de vídeo-clip.
La pareja Corey Haim (Miedo
azul, 1985) y Corey Feldman (Cuenta
conmigo, 1986), habituales de este género
y estrellas de la época, se enfrentan a un
grupo de vampiros herederos del ritmo de vida de
Jim Morrison. Destacar la presencia de
Kiefer Sutherland (Línea
mortal, 1990), como líder del malvado
grupo que se alimenta de la sangre de los habitantes
del pequeño pueblo costero de Santa Clara.
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El corazón del ángel,
de Alan Parker (1987)
Un detective privado es contratado por un misterioso
cliente que le encarga resolver un caso que va complicándose
a medida que avanza la película. Robert
de Niro (Fanático,
1996) y Mickey Rourke (37
horas desesperadas, 1990) protagonizan este
film dirigidos por el siempre sorprendente Alan
Parker. El final es para no contarlo.
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El
muñeco diabólico,
de Tom Holland (1988)
El debut de Chucky en la gran pantalla dirigido
por el realizador de Noche
de miedo (1985). Antes de morir, el espíritu
del asesino Charles Lee Ray cambia de cuerpo
para introducirse en un muñeco Good Guy
de los que causan furor en los niños del
momento. El pequeño Andy recibe como
regalo de cumpleaños uno de estos muñecos.
Adivinad quién será el compañero
de juegos del niño. La historia de Chucky
ha conseguido que sea el único de los psychokillers
de plástico que ha sobrevivido, secuela a
secuela, hasta nuestros días.
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El cementerio viviente,
de Mary Lambert (1988)
Un cementerio indio cuyos inquilinos dejan
la muerte al poco de ser enterrados es descubierto
por una familia cuando el más pequeño
muere trágicamente. El siguiente paso es
fácilmente imaginable. Sin embargo, lo que
surge de la tierra no es lo que sus familiares esperan.
Se trata de otra adaptación de una novela
de Stephen
King (El cementerio
de animales), quien hace una breve aparición
como sacerdote, como es de costumbre. Uno de los
protagonistas es Fred Gwynne, al que recordamos
por su papel de Herman Monster.
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