| Fue
en el verano de 1921 cuando el director alemán
F. W. Murnau se dispuso a rodar
Nosferatu, eine symphonie des Garuens
(Nosferatu, el vampiro,
1922), la primera y única producción de La
Prana Films. Murnau
adaptó sin tapujos la obra de Bram Stoker
cambiando tanto los nombres de los personajes
como las localizaciones originales de la obra:
Conde Drácula
- Graf Orlok
Jonathan Harker - Thomas Hutter
Mina Harker - Ellen Hutter
Profesor Van Helsing - Profesor Bulwer
R. M. Renfield - Makler Knock
Lucy Westenra - Lucy Westrenka
El papel del Conde Drácula, aquí rebautizado
como Graf Orlok, corrió a cargo del actor
alemán Max Schreck quien
recreó fielmente al conde literario con una repulsiva
figura. La caracterización de Schreck
incluía un elaborado maquillaje que incluía el
cráneo rasurado, orejas puntiagudas, profundas
ojeras y, como rasgo más característico, los colmillos
del vampiro eran reemplazados por puntiagudos
incisivos. Por otra parte, el cuerpo de Orlok
se mostraba raramente deformado y así nos mostraba
unas aterradoras garras que se prolongaban desde
la punta de sus dedos.
Murnau rodó Nosferatu
siguiendo las premisas de un temprano expresionismo
alemán en donde la luz tomó un papel relevante.
Su importancia fue tal que el juego de sombras
reemplaza a los actores en algunas escenas del
film. Francis Ford Coppola, en
su Bram Stoker's Drácula
(1992), prácticamente se limitó
a realizar una puesta al día de esta producción,
de la que hablaremos más adelante.
La existencia de esta adaptación ilegal del texto
de Stoker llegó a oídos
de su viuda, quien se embarcó en una cruzada personal
para destruir todas las copias de la producción
alemana.
A pesar de tener el honor de inaugurar la interpretación
del conde rumano, la caracterización monstruosa
de Schreck no fue seguida en las
producciones posteriores, aunque sí retomada
varias décadas después en el remake realizado por
Werner Herzog de Nosferatu,
príncipe de la oscuridad (1979)
y la adaptación televisiva de la novela de Stephen
King El misterio
de Salem's Lot (Phantasma
II, 1979), dirigida por Tobe
Hooper.
El primer montaje teatral de Drácula se
produjo en Inglaterra por uno de los amigos de la
familia Stoker. El actor y director
Hamilton Deane realizó una
gira de casi tres años por teatros menores antes
de poder estrenar el montaje en Londres y, aunque
los críticos no fueron benévolos, la obra obtuvo
gran afluencia de público. En Estados unidos los
derechos fueron adquiridos por Horace Liverght
quien estrenó la obra en Broadway con el actor húngaro
Bela Lugosi en el papel protagonista.
Tanto la reacción de la crítica como la del público
fueron idénticas a las del viejo continente. Los
productores de la Universal Pictures olieron en
seguida la oportunidad de negocio y rápidamente
adquirieron no sólo los derechos del texto literario
sino también los de la adaptación teatral.
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