| Drácula
73 y
Los ritos satánicos de Drácula
fueron dirigidas por Alan Gibson
y protagonizadas por Lee y Cushing,
quienes transportaron la eterna lucha del bien
y del mal a la década de la psicodelia
y supusieron los últimos coletazos de la
Hammer.
En pleno furor de la Blaxplotation, irrumpe Blacula
(William Crain, 1972), una evolución del
personaje transilvano, donde el conde original muerde
a un príncipe africano. Su éxito produjo
una secuela que tuvo desigual resultado Scream,
Blacula, Scream! (1973).
La AIP, que había producido Blacula,
rodó en inglaterra Vampira
(1974) con David Niven como protagonista,
y Amor al primer mordisco
(1979), una comedia con George Hamilton.
Drácula 1979
(1979) supuso una actualización
de las aventuras del Conde guiada por el director
de Fiebre del sábado
noche (1977), John Badham.
Frank Langella puso rostro al Conde
y el maestro John Williams se encargó
de componer la música. Al igual que muchas
de las producciones anteriores, el guión
de ésta se basó en la obra de teatro
de Hamilton Deane, sin embargo
se introdujeron bastanes modificaciones para restar
maldad al protagonista y enfatizar el carácter
romántico de la historia.
El actor Klaus Kinski tomó aprecio al
personaje de Drácula bajo en el
sobrenombre de Nosferatu que tan bien conoció
Murnau. Nosferatu,
vampiro de la noche (Werner Herzog,
1979) fue una coproducción franco-alemana
que resultó un verdadero fiasco. Siete
años despues Kinski aceptó
rodar en italia en lo que se considera una secuela
de la anterior.
En Nosferatu, príncipe
de la tinieblas (Augusto Caminito,
1986) desaparece la caracterización del
personaje siendo ésta sustituida por la
cara limpia de Kinski que, ya
de por si, es bastante fea.
Una pandilla alucinante
(Fred Dekker, 1987) colocó al Conde
más clásico (el del frac y la capa)
al frente de un ejército de monstruos no
tan malvados. Una aventura para el público
infantil.
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