| Drácula
volvió al gran presupuesto del mano de
Francis Ford Coppola (Drácula
de Bram Stoker, 1992). A pesar
de ser promocionada como la adaptación
definitiva de la obra de Stoker,
Coppola realizó una versión
estrictamente personal del texto que, en nuestra
opinión, será por mucho tiempo la
mejor película sobre el mito.
Coppola no sólo se permitió contar
con una larga fase de pre-producción donde
perfeccionó concienzudamente el guión
original del guionista de Hook
(1991), James J. Hart. El aspecto
artístico jugó un papel de relevancia
desde el primer momento, así reunió
a Jim Steranko y Eiko Ishioka
para definir el aspecto visual general y el vestuario
respectivamente. Gregg Cannon se
encargó del maquillaje mientras que los efectos
especiales se confiaron al supervisor de Terminator
2 (1991), Alison Savitch.
Todos los personajes que aparecen en esta cinta
concuerdan con los descritos por Stoker
a excepción de Mina, a quien se
le otorga el importante detalle de ser la reencarnación
del amor perdido del Conde Drácula.
Coppola obvió lo que hasta
el momento había sido la iconografía
del mito, ataviado con smoking y capa de ir a la
opera sustituyéndolo por un sofisticado aspecto
que varía en las distintas fases del film.
El elenco de actores elegidos por Coppola
no pudo ser más acertado. Compuesto por
actores jóvenes conocidos por haber participado
en una u otra producción, los papeles protagonistas
fueron adjudicados a Gary Oldman
(El quinto elemento,
1997) como Drácula, Winona
Rider (Poseídos,
2000) como Mina y, recién salido
del éxito de El
silencio de los corderos (1991),
Anthony Hopkins como
Van Helsing.
En el resto del reparto aparecen actores de menos
carisma interpretativo como Keanu Reeves
(Matrix,
1999), Cary Elwes (La
princesa prometida, 1987) y Bill
Campbell (Rocketeer,
1991).
A nuestro parecer, una de las decisiones más
acertadas de Coppola fue el realizar
una puesta al día de la cinta maldita de
Murnau. De hecho muchas de las
escenas se calcan de la producción alemana,
como la particular forma de levantarse del ataúd
o el utilizar la sombra del vampiro como manifestación
del personaje.
En conclusión, nos encontramos ante una magnífica
película del vampiro transilvano de la que
muchos criticaron el no ser totalmente fiel al texto
original tal y como rezaba su título.
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