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DAVID CRONENBERG, SALVE LA NUEVA CARNE (2/6) |
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Nos encontramos
ya a finales de los 60 y por aquellos entonces surge
en Nueva York el movimiento underground,
con Jonas Mekas como impulsor. Mekas
creará una cooperativa cinematográfica,
la 'Film Maker', que producirá obras arriesgadas
de más de 200 cineastas asegurando su distribución.
Cronenberg junto con otros directores canadienses,
entre ellos Ivan Reitman (Evolution,
2001), funda una asociación similar a la
"Film Maker" para fomentar el cine experimental,
la "Toronto Film co-op". Por entonces
ya se había graduado y no tenía claro
todavía hacia qué medio orientar su
carrera artística.
Mientras intentaba escribir una novela, y gracias
a una beca estatal para escritores, rueda su primer
mediometraje: Stereo
(1969). La historia se sitúa en el futuro,
dos corporaciones institucionales experimentan con
telépatas (poseedores de poderes mentales).
El propósito del doctor Stringfellow
(Ron Miodzik) es reunirlos para así
formar una "supermente". Se puede decir
que Stereo
es la gesta de Scanners
(1981). Este elemento de la gran compañía
que interviene con oscuras intenciones en la vida
de los protagonistas, será un recurso habitual
en los guiones de Cronenberg, ya sea la Spectacular
Optical de Videodrome
(1983) o la Corporación Consec de
Scanners;
al igual que el concepto de telepatía, que
aparecerá en títulos como Scanners
o La zona muerta
(1983).
El film se rueda en blanco y negro de 35mm pero
con una tosca cámara que emite tanto ruido
que impide registrar el sonido en directo. Esta
peculiaridad resulta importante porque obliga a
crear toda la banda sonora en post-producción
y le hace ver al director la importancia del sonido.
Y es que si los efectos de sus filmes nos sitúan
en ambientes extraños y enfermos, sus elaboradas
e innovadoras bandas sonoras nos sumergen de lleno
en el peculiar universo del autor. El film se estrena
el 23 de junio del 69 en las salas acogidas a la
'Toronto Film co-op'y es presentada en varios festivales
recibiendo una buena crítica.
Pocos meses después Cronenberg recibe
15.000 dólares canadienses de la Canadian
Film Development y se embarca en un proyecto de
mediometraje similar: Crimes
of the future (1970). El film se rueda en
color y Cronenberg vuelve a ejercer de todos
los cargos posibles: productor, guionista, fotógrafo,
editor y director. La temática es similar
a la de Stereo:
nos encontramos en un futuro un tanto extraño,
en donde las mujeres en edad de reproduccion sufren
una enfermedad derivada del uso de cosméticos.
Varias sectas tratan de secuestrar a las mujeres
que no sufren del virus.
Una niña (Tanya Zolty) de 5 años desaparece
por culpa de las sectas, mientras un agente secreto
(Don Owen) es el encargado de buscarla. Un tema
que Cronenberg expone de una manera aséptica,
volviendo a recurrir a las alteraciones sexuales
y a las grandes compañías manipuladoras,
en este caso la Casa de la Piel.
El film no tuvo tan buena acogida como Stereo
y Cronenberg recibió duras críticas
por el machismo y la pederastia reflejada en la
obra. Fue entonces cuando se empezó a hablar
de su misoginia. Según Cronenberg
"la dirección que tomé en esa
época estaba influida por las películas
under que se hacían en Nueva York;
necesitaba experimentar por ese lado para crecer.
Pero Crimes of the future
y Stereo fueron para mí un
callejón sin salida, simplemente decidí
no hacer más esta clase de películas".
Pero si para algo sirvió el film fue para
hacer coger a Cronenberg constancia de lo
que realmente quería hacer: dirigir películas.
Por el año 1975 filma Vinieron
de dentro de... (también conocida
como Shivers,
The parasite murders,
They came from within
y La orgía de los
parásitos sangrientos, título
original pero que descartó porque le sonaba
como si fuera de los años 50) su primer largometraje
comercial. La historia cuenta cómo un parásito
se transmite entre los habitantes de un edificio,
el doctor Roger st. Luc (Paul Hampton)
y su amigo Rollo Linski (Joe Silver)
trataran de detener esta plaga capaz de destruir
al mundo entero. ¿Podrán?
Cronenberg logra un éxito, siendo
una de las pocas películas que recuperaron
su inversión en la historia cinematográfica
de Canadá. Este largometraje contenía
imágenes tan fuertes que una parte del gobierno
(que financió la película) se molestó,
pero nada logró detener a Cronenberg.
Con Vinieron de dentro de...
Cronenberg dejaba de lado las historias
de personas con poderes mentales (al menos por un
tiempo) explayándose con las de seres extraños
engendrándose en el interior de la gente,
o de seres correteando por toda la ciudad. |
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Siempre innovador y provocativo

Stereo
(1969)

Crimes of the future
(1970)

Vinieron de dentro
de... (1973)

La invasión de los ultracuerpos, desde
el particular punto de vista del canadiense.
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