| Otro
referente bastante curioso es el de Mina,
el archifamoso personaje creado por Bram
Stoker pero esta vez llevado al límite
de sus posibilidades por Alan Moore
y su Liga
de hombres extraordinarios, una interesantísima
serie de cómics que dio lugar el año
pasado a una exitosa e irregular película.
Sin duda a mi entender Mina es el personaje
más interesante del film, si bien queda
por desarrollar y hubiera merecido más
atención. En el cómic tiene incluso
un romance con Quatermain, Sean
Connery en versión celuloide.
Tenemos pues a otra vampira, ahora con un pasado
ilustre y porte aristocrático, cuyos objetivos
vitales, por así decirlo, van más
allá de los instintos primarios de una
chupasangre. Mina representa además,
el triunfo de Drácula.
Lo que en la novela o películas derivadas
de aquella no pudieron conseguir se materializa
con graciosa naturalidad en la pluma de Alan
Moore y por ende en su versión
cinematográfica. ¿Habrá continuaciones?
El éxito de la cinta parece asegurarlo.
Quizá entonces podremos disfrutar más
de este maravilloso personaje.
En cualquier caso, Mina es distinta
a Nyssa. Ella sí fue humana en
el pasado, tuvo un romance con un vampiro (¡y
qué vampiro!) y fue convertida por aquel.
Asume su estado con dignidad y orgullo, dejando
entrever un poder en sus actos y en su mirada
que helarían la sangre al más frío
y calculador de los asesinos. El miedo, el terror,
están presentes en Mina, pero
también la inteligencia, el misterio, la
elegancia. Todo un símbolo para la nueva
generación de vampiras postmodernas.
La última aportación genial a esta
variante del género la tenemos en Selene,
magnífica vampira de Underworld
(Len Wiseman, 2003). En esta película los
humanos tienen poco que decir, son meras comparsas
en un mundo de criaturas de la noche. Hombres
lobo y vampiros llevan siglos enzarzados en una
cruenta y singular batalla al margen de la sociedad
humana. En este contexto aparece Selene,
vampira gótica por excelencia, que sentirá
una fuerte atracción por un humano, Michael
Corvin, que en realidad es descendiente de
una antigua estirpe de licántropos. Selene
es una vampira segura de sí misma, muy
al estilo Matrix, inteligente y con las
ideas muy claras. Es ambiciosa pero justa, en
contraposición con su compañero
líder de la comunidad vampírica
Kraven, que traicionará el legado
de los antiguos para aliarse con el enemigo licántropo.
De las tres películas mencionadas, ésta
es la única en la que la mujer vampiro
es protagonista principal. Será ella quien
además inicie un punto y aparte en la guerra
entre licántropos y vampiros, al transferir
parte de su sangre a Michael, medio humano
y medio licántropo, quien se convertirá
así en una curiosa mezcla entre las tres
razas. Selene es la vampira del siglo
XXI, atractiva, inteligente, fuerte y fascinante.
¿Sensual, también? Quizá
aquí no tanto, pero ese aspecto no dudo
que se desarrollará en próximas
entregas de la saga.
Selene, Mina y Nyssa
son tres vampiras diferentes, pero con mucho en
común. Y sobretodo, diferentes de aquellas
lujuriosas despiadadas de la literatura del siglo
XIX y del cine de buena parte del XX. Ya no son
monstruos sensuales cuyo único destino
es la hoguera, la decapitación o la estaca,
sino seres en búsqueda de otras metas,
al igual que sus compañeros masculinos.
Buscan en definitiva sobrevivir de la mejor manera
posible en un mundo que a veces les desprecia,
a veces les ignora pero en cualquier caso siempre
les teme.
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