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La Cripta
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LIFEFORCE: FUERZA VITAL, por José Arce (1/3)
 

El módulo espacial Churchill, con un equipo angloamericano a bordo, se dirige en misión de estudio al cometa Halley, en pleno tránsito por la órbita terrestre. Algo llama su atención: adosado a su cola, detectan la presencia de una nave desconocida; sorprendidos, deciden mandar a un grupo de tripulantes a investigar, para descubrir que se trata de un transporte alienígeno repleto de cadáveres de una especie extraña, similares a enormes murciélagos. Pero en una de las salas encuentran tres cuerpos humanos desnudos, en estado de hibernación y perfectamente conservados. Sin dudar, fascinados por el hallazgo, toman la determinación de traerlos a nuestro planeta…

Los vampiros del espacio exterior

Este cósmico preludio avanza la desquiciada trama de Lifeforce, fuerza vital (Tobe Hooper, 1985), título importante dentro de la producción del director de la clásica La matanza de Texas (1974), pero que hoy, extrañamente, se ha visto relegado a una especie de olvido por parte de un sector del público. Cuando el Churchill deja de emitir señales en su regreso a la base de Londres, los mandos deciden enviar otro transporte en misión de rescate; cuando aborden la nave encontrarán muertos a todos los tripulantes, aunque los cuerpos hallados en el espacio siguen en el mismo estado incorrupto. Consternados, regresan con el trío hibernado, con una hermosa hembra (Mathilda May) a la cabeza.

Ya en los laboratorios ingleses, la muchacha despertará del coma y empezará a dar buena cuenta de los guardias de seguridad que se le pongan por delante mediante un beso mortífero con el que absorbe su energía vital. Sin más problemas, se da a la fuga provocando la consternación del profesor Fallada (Frank Finlay) y el coronel Colin Caine (Peter Firth), encargados de la investigación y la vigilancia del caso. Pero como no hay mal que por bien no venga, ambos aprenden de su error, y cuando los otros dos hibernados despiertan son acribillados a balazos y descuartizados a base del lanzamiento de unas cuantas granadas. La investigación determinará que el beso extraterrestre no es mortal, sino contagioso, convirtiendo a las víctimas en una especie de vampiros necesitados de periódicas dosis de fuerza vital sin las que no pueden sobrevivir. Y la bella mujer pasea su atrayente desnudez por las calles de Londres, extendiendo la plaga.

La película no da un respiro al espectador, en un constante devenir de acontecimientos alocados. Mientras aún estamos intentando asimilar todo lo que ocurre, reaparece en escena el comandante de la Churchill, Tom Carlsen (Steve Railsback), que huyó del módulo en una pequeña nave de escape. Agotado, poco puede aclararles a Fallada y Caine: después de trasladar los tres cuerpos, los tripulantes empezaron a aparecer muertos, desecados: “La vida les abandonó…”. Sólo él sobrevivió, y decidió quemarlo todo y escapar, evitando que el mal que portaban llegara a nuestro planeta. Lo que no relata es la extraña conexión mental que hay entre él y la mujer, ni las caóticas visiones que le acosan.

Todo avanza tan rápido que, de repente, la expansión de la infección es prácticamente imparable; pero parece que el foco se ha detenido en el Hospital Thurstone para Criminales Perturbados (??), dirigido por el doctor Armstrong (Patrick Stewart). Es sólo una excusa para que el mítico comandante Jean Luc Picard aparezca en escena unos pocos minutos, ya que a partir de este momento el hilo narrativo se rompe definitivamente para volverse completamente loco: Londres cae bajo el caos provocado por la plaga de zombis-vampiros infectados, y todo es confusión, sangre y fuego. Los muertos devoran a los vivos, en un espectáculo dantesco y estruendoso. Incluso los altos miembros de los ministerios ingleses están infectados.

Los últimos integrantes del Gobierno deciden, con esa sutileza con la que los políticos etiquetan sus decisiones, aplicar el “sistema de esterilización termonuclear” si Caine y Carlsen no dan con la muchacha y acaban con el contagio. Así que los dos héroes se lanzan al infierno en el que se ha convertido la ciudad y localizan a la chica marciana en la céntrica catedral de Saint Paul, con la nave alienígena situada en la órbita de la Tierra, justo encima, canalizando toda la fuerza vital que los vampiros están robando a sus víctimas.

Allí, Carlsen conocerá la verdad de boca de la mujer: ella sólo ha adoptado la forma física que leyó en su mente, convirtiéndose en su ideal de belleza, hechizándole para que no acabara con ella mientras estaba hibernada. Porque si él está enamorado, la hembra también le corresponde; por eso no le mató cuando pudo hacerlo, sino que compartió con él parte de su energía vital, conectándoles para siempre. La decisión final es tan dramática como heroica: el autosacrificio, empalándose con una espada de plomo mientras hacen el amor. Caine, boquiabierto, contempla la escena desde un piso superior. El Halley se aleja de la Tierra, con la nave extraterrestre y su amenaza adosadas. Podría haber sido más grave.

Lifeforce



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