| El
módulo espacial Churchill, con un equipo
angloamericano a bordo, se dirige en misión
de estudio al cometa Halley, en pleno tránsito
por la órbita terrestre. Algo llama su
atención: adosado a su cola, detectan la
presencia de una nave desconocida; sorprendidos,
deciden mandar a un grupo de tripulantes a investigar,
para descubrir que se trata de un transporte alienígeno
repleto de cadáveres de una especie extraña,
similares a enormes murciélagos. Pero en
una de las salas encuentran tres cuerpos humanos
desnudos, en estado de hibernación y perfectamente
conservados. Sin dudar, fascinados por el hallazgo,
toman la determinación de traerlos a nuestro
planeta…
Los vampiros del espacio exterior
Este cósmico preludio avanza la desquiciada
trama de Lifeforce, fuerza
vital (Tobe Hooper, 1985), título
importante dentro de la producción del
director de la clásica La
matanza de Texas (1974), pero que hoy,
extrañamente, se ha visto relegado a una
especie de olvido por parte de un sector del público.
Cuando el Churchill deja de emitir señales
en su regreso a la base de Londres, los mandos
deciden enviar otro transporte en misión
de rescate; cuando aborden la nave encontrarán
muertos a todos los tripulantes, aunque los cuerpos
hallados en el espacio siguen en el mismo estado
incorrupto. Consternados, regresan con el trío
hibernado, con una hermosa hembra (Mathilda May)
a la cabeza.
Ya en los laboratorios ingleses, la muchacha
despertará del coma y empezará a
dar buena cuenta de los guardias de seguridad
que se le pongan por delante mediante un beso
mortífero con el que absorbe su energía
vital. Sin más problemas, se da a la fuga
provocando la consternación del profesor
Fallada (Frank Finlay) y el coronel Colin
Caine (Peter Firth), encargados de la investigación
y la vigilancia del caso. Pero como no hay mal
que por bien no venga, ambos aprenden de su error,
y cuando los otros dos hibernados despiertan son
acribillados a balazos y descuartizados a base
del lanzamiento de unas cuantas granadas. La investigación
determinará que el beso extraterrestre
no es mortal, sino contagioso, convirtiendo a
las víctimas en una especie de vampiros
necesitados de periódicas dosis de fuerza
vital sin las que no pueden sobrevivir. Y la bella
mujer pasea su atrayente desnudez por las calles
de Londres, extendiendo la plaga.
La película no da un respiro al espectador,
en un constante devenir de acontecimientos alocados.
Mientras aún estamos intentando asimilar
todo lo que ocurre, reaparece en escena el comandante
de la Churchill, Tom Carlsen (Steve Railsback),
que huyó del módulo en una pequeña
nave de escape. Agotado, poco puede aclararles
a Fallada y Caine: después
de trasladar los tres cuerpos, los tripulantes
empezaron a aparecer muertos, desecados: “La
vida les abandonó…”. Sólo
él sobrevivió, y decidió
quemarlo todo y escapar, evitando que el mal que
portaban llegara a nuestro planeta. Lo que no
relata es la extraña conexión mental
que hay entre él y la mujer, ni las caóticas
visiones que le acosan.
Todo avanza tan rápido que, de repente,
la expansión de la infección es
prácticamente imparable; pero parece que
el foco se ha detenido en el Hospital Thurstone
para Criminales Perturbados (??), dirigido por
el doctor Armstrong (Patrick Stewart).
Es sólo una excusa para que el mítico
comandante Jean Luc Picard aparezca en
escena unos pocos minutos, ya que a partir de
este momento el hilo narrativo se rompe definitivamente
para volverse completamente loco: Londres cae
bajo el caos provocado por la plaga de zombis-vampiros
infectados, y todo es confusión, sangre
y fuego. Los muertos devoran a los vivos, en un
espectáculo dantesco y estruendoso. Incluso
los altos miembros de los ministerios ingleses
están infectados.
Los últimos integrantes del Gobierno deciden,
con esa sutileza con la que los políticos
etiquetan sus decisiones, aplicar el “sistema
de esterilización termonuclear” si
Caine y Carlsen no dan con la
muchacha y acaban con el contagio. Así
que los dos héroes se lanzan al infierno
en el que se ha convertido la ciudad y localizan
a la chica marciana en la céntrica catedral
de Saint Paul, con la nave alienígena situada
en la órbita de la Tierra, justo encima,
canalizando toda la fuerza vital que los vampiros
están robando a sus víctimas.
Allí, Carlsen conocerá
la verdad de boca de la mujer: ella sólo
ha adoptado la forma física que leyó
en su mente, convirtiéndose en su ideal
de belleza, hechizándole para que no acabara
con ella mientras estaba hibernada. Porque si
él está enamorado, la hembra también
le corresponde; por eso no le mató cuando
pudo hacerlo, sino que compartió con él
parte de su energía vital, conectándoles
para siempre. La decisión final es tan
dramática como heroica: el autosacrificio,
empalándose con una espada de plomo mientras
hacen el amor. Caine, boquiabierto, contempla
la escena desde un piso superior. El Halley se
aleja de la Tierra, con la nave extraterrestre
y su amenaza adosadas. Podría haber sido
más grave. |