Volviendo
a Cronenberg, en algunos casos es esa
misma configuración psicológica la que
constituye la nueva carne, como ocurre con la capacidad
telepática en Scanners (1981) o con la clarividencia en La
zona muerta (1983), e incluso con el odio somatizado
en forma de niños asesinos en Cromosoma
3, o con la capacidad de autoanálisis
mediante la escritura y las composiciones reticulares
que crea el protagonista de Spider (1983).
Además, la irrupción de la nueva carne
conlleva una transformación de la personalidad,
que pasa a estar dominada por los instintos sexuales
o agresivos en las tres primeras películas del
director. En otros casos la personalidad del sujeto
se ve potenciada por un aumento de la autoestima o la
audacia (Scanners, Crash),
aunque en otras ocasiones son más bien la cautela
y la preocupación las que caracterizan su forma
de actuar a raíz de la transformación
sufrida (El almuerzo desnudo).
Otras veces el personaje oscila entre la audacia y
la preocupación obsesiva (Videodrome, Inseparables) o bien
experimenta una transición que puede ser positiva
(desde el miedo hasta la valentía, como en La
zona muerta) o negativa (de la euforia a la depresión
y el suicidio, como en La mosca o M. Butterfly).
El sujeto de Cronenberg es ante todo
un sujeto corpóreo, una unidad psicosomática
que vive y actúa en medio de una sociedad que
le proporciona instrumentos (tecnología) para
transformarse a sí mismo y seguir viviendo (¡si
es que puede!). No hay un Dios que garantice la salvación
ni un futuro colectivo en que confiar. Donde el sujeto
se la juega es en el presente, y a solas. El presente
que nos ofrece Cronenberg es, sin lugar
a dudas, nuestro tiempo. Y en esta circunstancia social
e histórica los protagonistas de sus películas
deben arreglárselas para vivir, deben sufrir
el conflicto, la destrucción de su mundo personal
y la posible (nunca garantizada de antemano) reconstrucción
de un mundo similar a ese o quizá radicalmente
diferente, pero en todo caso, y en algún sentido,
vivible o soportable.
El drama psicológico de las películas
de Cronenberg consiste en eso. El protagonista
se ve obligado a reinventarse a sí mismo para
seguir viviendo, aunque nada ni nadie garantiza que
el nuevo yo se parezca al anterior o que continúe
siquiera con vida.
Ese proceso de reinvención psicológica
suele desplegarse en tres pasos: un cambio que pone
en cuestión una determinada "normalidad"
inicial (no necesariamente ajustada a la norma social),
un proceso de transformación más o menos
rápido y un intento de readaptación cuyo
final es siempre incierto y a menudo trágico.
El cambio acostumbra a estar producido o acelerado por
factores tecnológicos (cirugía, psicoterapia,
escritura, fármacos, drogas, automóviles,
dispositivos audiovisuales e informáticos...)
o por determinados personajes femeninos que coadyuvan
a la transformación (así ocurre claramente
en Inseparables y M.
Butterfly). Esta transformación consiste
en un proceso que normalmente potencia algunas capacidades
físicas o psíquicas del sujeto a costa
de debilitar o anular otras.
La mosca es, a este
respecto, paradigmática: Seth Brundle se considera una suerte de superhombre y al mismo tiempo
deja de pertenecer a la especie humana. La mayoría
de las veces la nueva carne adquiere su protagonismo
durante esta fase. Con independencia de que haya provocado
o no el cambio, ahora la nueva carne contribuye a la
transformación, casi siempre acentuándola
(La mosca constituye,
de nuevo, el mejor ejemplo). Por último, el sujeto
se ve obligado a readaptarse, a hacerse cargo de su
nueva situación. Este proceso se inicia con alteraciones
emocionales que a veces producen efectos somáticos
y que modifican la manera de entender el mundo por parte
del protagonista, que debe tomar conciencia de su situación
excepcional y racionalizarla (p. ej. en Videodrome).
Esto exige un esfuerzo por coordinar las nuevas capacidades
físicas o psíquicas y la pérdida
o transformación de las anteriores.
En todo caso, la nueva carne se muestra al fin tal
y como es. A veces socava la racionalidad del sujeto
en beneficio de sus dimensiones emotivas e irracionales
(Vinieron de dentro de, Rabia, Cromosoma 3). Otras veces, aún manteniendo
esas connotaciones emotivas, ayuda al sujeto a racionalizar
su situación (Scanners, Videodrome, La
zona muerta). |