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A partir
de La Mosca, la nueva
carne constituye un espacio indefinido al que los protagonistas
se ven abocados cuando comprenden lo que les está
sucediendo (la "piscina de plasma" en La
Mosca, la reunificación de los gemelos
en Inseparables, el placer
autodestructivo en Crash,
la realidad virtual en eXistenZ)
. Este estadio final suele conllevar la desaparición
del sujeto, usualmente por la muerte, aunque también
porque regrese a un estadio destructivo previo a la
readaptación (Spider)
o incluso porque la película se cierra de modo
un tanto inconcluso (Videodrome, Crash, eXistenZ).
Curiosamente, la propia filmografía del director
experimenta una transformación a lo largo del
tiempo, una evolución que también podemos
relacionar con el modo como el sujeto protagonista aparece
tratado. En los años 70 los personajes son estereotipos,
carentes de densidad psicológica. A lo largo
de las películas de los años 80, sin embargo,
esa densidad va cobrando espesor y la trama se va volcando
cada vez más en la tragedia personal de los protagonistas.
Esto es muy claro en La Mosca y se aprecia inequívocamente en los años
90, cuando Cronenberg ya apenas atiende
al trasfondo social de la acción. Incluso la
nueva carne deja de adoptar la forma de mutaciones orgánicas
y adquiere a veces connotaciones psicopatológicas
(M. Butterfly, Spider),
aunque la degradación física continúe
presente. Podemos decir, pues, que las películas
de Cronenberg son cada vez más
"psicológicas". El drama personal ha
ido adquiriendo en su filmografía preponderancia
en detrimento de las circunstancias sociales de los
personajes, que terminan por constituir un mero atrezzo
inevitable que casi se diluyen por detrás del
drama de un sujeto que, como en Spider,
contempla su entorno a través de su propia condición
psicológica (o psicopatológica, si se
quiere).
Ahora bien, ¿por qué tanta angustia
y sufrimiento? ¿Por qué esa necesidad
dolorosa de buscarse la vida y problematizar la propia
identidad? ¿Por qué el conflicto? Obviamente,
porque la filmografía de Cronenberg no nos habla de "burgueses" perfectamente
ajustados a su entorno social. No nos habla de individuos
occidentales de clase media encantados de pertenecer
a una sociedad de libre mercado y consumidores felices
de productos y recursos. No nos habla, en definitiva,
de padres de familia que llevan a sus hijos al colegio,
acuden a su trabajo y regresan por la noche a casa satisfechos
del deber cumplido. O, si nos habla de este tipo de
individuos, lo hace para revelar algo que no ha dejado
de revelarse desde Freud: el reverso
de esa vida burguesa que la sociedad occidental ha decidido
tomar como modelo ideal de "fin de la historia"
desde los años 80.
Así ocurre, por ejemplo, en Rabia o La zona muerta, cuyos
protagonistas parecen encaminarse hacia una "vida
normal" hasta que un accidente de tráfico
interrumpe ese camino y, a través de distintas
manifestaciones de la nueva carne (vampirismo y clarividencia
respectivamente), trae consecuencias nada normales.
Otros protagonistas, como los de Videodrome, La Mosca o Inseparables,
aunque diferentes entre sí, ejemplifican al individuo
occidental urbano que ha creído escapar del conformismo
burgués propio del arquetipo del padre de familia
y, en virtud de su ambición, busca o ha encontrado
su lugar en los estratos más altos del mundo
de la comunicación, la ciencia o la medicina.
Sin embargo, este tipo de individuo tampoco tarda en
sucumbir ante los efectos destructivos de la nueva carne,
llegada por vía televisiva, tecnológica
o psicotrópica. Por supuesto, también
nos encontramos con freaks que guardan las apariencias
sociales (la pareja de Crash)
y con individuos marginales como el protagonista de Scanners y el de Spider,
o con seres anodinos como el de M.
Butterfly.
Desde una cosmovisión existencialista con ingredientes
del izquierdismo universitario norteamericano de los
primeros años 70 (véase a este respecto
su biografía en Rodley, 2000), Cronenberg parece hacer una ecuación
entre sociedad y suciedad. Parece como si el contacto
entre la sociedad y el individuo se hallara destinado
irremediablemente a sacar a la superficie toda la corrupción
moral y la degradación inherentes a la humanidad
misma, como si no fuera posible que el sujeto rompiera
las compuertas de represión y control que ponen
límites a su vida a través de instituciones
(Vinieron de dentro de, Rabia, Cromosoma
3, Spider), corporaciones
y empresas (Scanners, Videodrome, eXistenZ),
culturas y estados (M. Butterfly, La Zona muerta) o incluso
la propia especie humana como tal (La
Mosca). Al menos esta sería una lectura
posible de la obra cronenbergiana.
Sin embargo, no termina de quedar del todo claro si
la crítica de Cronenberg se
dirige contra la sociedad occidental moderna o contra
la sociedad humana tomada en abstracto. Desde luego,
él mismo se declara contrario al pesimismo existencial
que podría derivarse de la idea de que individuo
y sociedad sólo pueden relacionarse de un modo
patológico: "La razón por la
que mis películas pueden ser tan oscuras es que
siento una auténtica necesidad de hacer real
el optimismo, basarlo en la realidad, por dura que ésta
sea” (en Rodley, 2000, p.
54).
De hecho, sus protagonistas nunca cejan en su
empeño por reconstruir su identidad. Pese
a la incertidumbre respecto al resultado de la
búsqueda, rendirse siempre es la peor alternativa:
"en cierto sentido, cada persona es un
científico loco, y el mundo es su laboratorio"
(op.cit., p. 35). Renunciar a seguir utilizando
ese laboratorio, a seguir combinando sustancias,
calentando matraces y llenando tubos de ensayo,
¿equivale a renunciar a la esperanza? Tal
parece ser el "mensaje" de Cronenberg,
aunque nunca sepamos cuál es el objeto
de esa esperanza. ¿Qué es lo que
espera el sujeto que sufre el drama psicológico
-es decir, todos nosotros-?
septiembre de 2005
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Crash es una de las
películas de Cronenberg donde la autodestrucción
tiene mayor protagonismo.

La mente atormentada de Spider tiene algunos
momentos de lucidez.

Tras despertar del coma, Johnny Smith descubre
que no es el mismo.

Michael Ironside, como el enigmático
líder de los Scanners.

Una visión del futuro a través
de la lente cronenbergiana.
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