Con
un listón tan alto y un éxito de
taquilla difícil de igualar –94 millones
de dólares de recaudación- pocos
podían pensar que el cine volvería
a recurrir a la historia escrita por Paul
Gallico y rodada por Ronald Neame,
hace ya tres décadas. Sin embargo, Warner
Bros, Working Tittle
y el director y productor Wolfgan Petersen
estaban dispuestos a demostrar que al S.S. Poseidón
le quedaba un último viaje por recorrer.
Petersen y el resto del equipo
tuvieron claro que debían encontrar un
reparto adecuado para mostrar lo que le sucede
a un grupo de personas ordinarias, viviendo circunstancias
extraordinarias. Para ello, y siguiendo la premisa
de la primera película, decidieron confeccionar
un reparto que combinara estrellas consagradas
del celuloide con jóvenes promesas del
Séptimo arte.
El resultado final es un reparto encabezado
por los actores Kurt Russell y
Richard Dreyfuss, quienes a su
vez están secundados por intérpretes
como Josh Lucas –protagonista
de la película Stealth
(Rob Cohen, 2005)-, Emmy Rossum
–la dulce Christine de El
fantasma de la ópera (Joel Schumacher,
2004)-, Mia Maestro –la
hermana perdida de Sydney en la serie
Alias-, Jacinta
Barrett –protagonista de la película
Brigada 49 (Jay
Russell, 2004)- y Freddy Rodríguez
–maquillador en la serie Dos
metros bajo tierra- entre otros. Juntos
vivirán un nuevo fin de año en el
interior de un barco que, tras sufrir los efectos
de una gigantesca ola, pugna por mantenerse a
flote o hundirse en las profundidades marinas.
Tras lograr un reparto a la altura de los requerimientos,
Petersen y su equipo debieron
enfrentarse a los mismos restos que los responsables
de la versión de 1972, aunque con la ventaja
de contar con la ayuda de la empresa de efectos
especiales ILM de George
Lucas. Gracias al reputado currículum
de dicha empresa, este nuevo Poseidón
surgió del trabajo de los diseños
gráficos generados por ordenador, al igual
que la impresionante ola que le dará la
vuelta. Éste fue el mayor reto para los
responsables de la ILM.
No sólo se trataba de mostrar la gigantesca
ola, sino cómo ésta golpeaba al
barco, desbordaba las cubiertas, destrozaba parte
de su estructura y lo volcaba.
Este empeño por lograr el mayor realismo,
si hablamos del mar y sus efectos, está
directamente relacionado con dos de las obras
más conocidas del director, El
submarino (1981) y La
tormenta perfecta (2000), ambas desarrolladas
en el mar. De ahí que su elección
para un proyecto como éste no fuera casual.
Además, Poseidón
le daba la oportunidad al realizador de volver
a trabajar en el tanque acuático número
16 del estudio Warner Bros, lugar
donde rodó la mencionada "tormenta
perfecta".
En dicho escenario se rodaría una de
las secuencias más impactantes de la película
–a la vez que real-. Aquella en la que el
gran salón principal del barco, ahora boca
abajo, es inundado por el agua. En esta ocasión,
dicho escenario fue golpeado con la fuerza que
producen 340.000 litros de agua, los cuales anegaron
toda su superficie.
Paralelamente a estos sucesos, el grupo de pasajeros
que decidieron buscar una salida se deben enfrentar
al reto de recorrer un estrecho conducto de aire
de tan sólo 91 centímetros de diámetro,
estando amenazados por sus fobias y por el agua,
que comienza a llenar los conductos.
Russell, Dreyfuss,
Lucas y el resto de los actores
tuvieron que enfrentarse al reto de moverse por
dicho conducto, el cual tenía subidas pronunciadas
y el espacio justo para moverse. Russell
declaró que fue como estar una semana metido
en una caja de zapatos.
De todas maneras y a pesar del tremendo desgaste
físico de un rodaje que duró más
de tres meses, los actores se mostraron encantados
de poder realizar la mayoría de las secuencias,
sintiendo –como ya pasara con el primitivo
reparto de La aventura
del Poseidón- que estaban viviendo
las mismas vivencias que los personajes que interpretaban.
Con todo, esta versión se diferencia de
la anterior en el carácter de sus personajes
y por tener un tono menos épico que su
antecesora.
Ya hemos comentado que uno de los principales
aciertos de La aventura
del Poseidón fue el papel del reverendo
Frank Scott, interpretado por Gene
Hackman. Scott, un sacerdote
con una profunda crisis de fe, llegará
a cuestionar al propio Dios cuando Belle Rosen,
la actriz Shelley Winters, muere.
Su comportamiento y posterior sacrificio terminan
siendo uno de los momentos cumbres de toda la
narración.
En esta nueva ocasión, el motor de la
huida hacia delante buscando una improbable, pero
esperanzadora salida, es Dylan Johns
(Lucas), un jugador de segunda
categoría que trata de sobrevivir en un
mundo cada vez más hostil.
El único personaje que guarda una cierta
similitud con el papel de Hackman
es el interpretado por Kurt Russell.
Éste interpreta al ex alcalde Robert
Ramsey, un líder nato cuya única
preocupación, en la actualidad, es el bienestar
de su hija Jennifer. Su comportamiento
estará más condicionado por dicha
relación que por el espíritu de
abnegación desplegado por Scott
en la primera película.
Poseidón
es la historia de un grupo de personas que tratan
de salvar su vida, a cualquier precio. La premisa
es la misma que la primera versión, aunque
sin la mencionada épica que rodeaba a este
tipo de películas.
Petersen prácticamente
rueda la odisea en tiempo real, no dando tiempo
al espectador a que se tome un respiro. Todo en
pos de que vivamos la claustrofobia que viven
y sienten los protagonistas.
La única cuestión que quedaría
pendiente es la necesidad o no, de realizar una
nueva versión de una película que
permanece como todo un referente del Séptimo
arte cuando se habla de catástrofes filmadas.
Incluso los geniales Muppets -los Teleñecos
para los hablantes hispanos- tienen su propia
versión de la película, The
Pigseidon adventure, con lo que ya me dirán.
La razón se debate entre una cierta nostalgia
de épocas mucho mejores –sobre todo
cuando se habla de recaudaciones- mezclada con
un intento de enseñar a las nuevas generaciones
grandes títulos del pasado, adaptados a
sus gustos y una notable falta de ideas en el
mundo del cine ante la competencia de otros soportes
de entretenimiento.
Aún así, Poseidón
logra mantener al espectador sujeto a la butaca,
y no cae en un excesivo metraje, el cual terminaría
por arruinar la atmósfera necesaria para
este tipo de narraciones.
El resto, como en otras ocasiones, depende directamente
de las ganas que tenga uno por disfrutar y no
pasarse toda la proyección buscándole
tres pies al barco, porque gato, no hay.
Agradezco al departamento de comunicación
de Warner Bros International España el
material cedido para la realización de
esta columna.
julio de 2006
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