Guillermo
del Toro nació en México
en 1964 y ha dedicado prácticamente toda
su vida al cine, compaginando labores de director
y guionista con su reconocido trabajo como productor
y como artista en efectos especiales. Este artista
todoterreno se ha caracterizado también
por no circunscribir sus producciones únicamente
a la cinematografía de su país.
También ha trabajado en la industria de
Hollywood, en películas como Mimic
(1997) o Hellboy
(2004), y ha dirigido en nuestro país dos
títulos hasta la fecha, El
espinazo del diablo (2001) y El
Laberinto del fauno (2006).
La afición al cine le llegó a
Guillermo del Toro a muy pronta
edad. Aficionado al género de terror y
fantasía, Del Toro empezó
a dirigir cortometrajes a nivel amateur siendo
aún adolescente y fue alumno de Dick
Smith, responsable del maquillaje de
películas como El
exorcista (William Friedkin, 1973), El
padrino (Francis Ford Coppola, 1972), Scanners
(David
Cronenberg, 1981) o Amadeus
(Milos Forman, 1984). Esto le ayudó a conseguir
trabajo como supervisor de maquillaje y adentrarse
profesionalmente en el mundo del cine.
A principio de los 80 fundó su propia
compañía, Necropia,
donde empezó a realizar trabajos de producción.
Sus primeros pasos profesionales como director
los daría con los cortos Doña
Lupe (1985) y Geometría
(1987), además de encargarse de tres episodios
de la serie Hora marcada
(1988), por la que pasarían otros conocidos
directores mexicanos, como Alfonso Cuarón.
Sería con estos antecedentes que en 1993
dirigiría su primer largometraje, Cronos,
una variación del mito vampírico,
en la que podemos observar varias referencias
al Drácula
de Bram
Stroker. La película llamaría
la atención por el despliegue de una atmósfera
verdaderamente absorbente y por su rica imaginería
visual. Sin embargo uno de los puntos clave de
la película es el excelente desarrollo
emocional de los personajes, marcando la necesidad
del director de mantener sus impactantes imágenes
subordinadas a un sólido esqueleto argumental.
A esto ayuda también el magnífico
trabajo actoral de sus protagonistas. Federico
Luppi ofrece una interpretación
magistral de su personaje, que responde al sugerente
nombre de Jesús Gris, y junto
a él podemos destacar en el reparto la
presencia de Claudio Brook, recordado
por su papel en Simón
del Desierto (1965) de Luis Buñuel,
y Ron Perlman, que con el tiempo
se ha convertido en uno de los actores fetiche
de Del Toro.
Cronos resultó
ser un éxito sorpresa y catapultó
al debutante Del Toro al panorama
internacional.
Pronto empezó a recibir ofertas, llegando
varias de ellas desde Hollywood, donde su primera
película había tenido una excelente
recepción por parte de cineastas como Quentin
Tarantino. Los cantos de sirena de las
grandes productoras lograron atraerle, aceptando
dirigir una película sobre cucarachas modificadas
genéticamente titulada Mimic.
Se trataba de un título de presupuesto
modesto, pero que contaba con la presencia como
protagonista de Mira Sorvino,
quien acababa de ganar el Oscar por su papel en
Poderosa Afrodita
(1995) de Woody Allen. La película
es un pastiche con referencias evidentes a los
dos primeros títulos de la serie Aliens,
pero el buen hacer del director consiguió
aportarle una narrativa impactante con excelentes
momentos, como el ataque en el metro, sin olvidar
algunos apuntes poco comunes en el cine de Hollywood,
como el asesinato de dos niños por parte
de la criatura al principio de la película.
A pesar de que la película tuvo un éxito
más que aceptable a nivel internacional,
esta primera experiencia en Hollywood no fue del
todo positiva. La película estaba producida
por Miramax, compañía
caracterizada por el carácter tiránico
y controlador de sus creadores, los hermanos Weinstein.
Las continuas interferencias y demandas de los
productores afectaron al desarrollo de la producción
y minó el ánimo del director. Sería
precisamente tras estos continuos encontronazos
que Del Toro creó su propia
compañía de producción, Tequila
Gang.
Tras esta primera experiencia en Hollywood,
Del Toro dio un nuevo giro en su carrera.
Cuando muchos esperaban que siguiera desarrollando
esa faceta de director de género dentro
del entorno de la industria estadounidense, él
prefirió sacar adelante un proyecto personal
para el que contó con presupuesto español,
El Espinazo del diablo.
Esta película tiene un tono similar al
de Cronos en el
sentido de que el elemento fantástico no
es el tema central de la cinta. Aunque inicialmente
la película se vendió como una historia
de fantasmas, el aspecto más destacado
y aterrador de la película es de nuevo
el conflicto humano que se establece en la historia.
Del Toro utiliza el contexto
del fin de la guerra civil española para
desarrollar una historia sobre el choque entre
la fantasía infantil y la realidad adulta,
agriamente enfatizado por el trasfondo bélico
del país.
Uno de los elementos que más llaman la
atención en El
Espinazo del diablo es como los hechos
se desarrollan de manera sencilla, sin forzarlos.
Del Toro demuestra que para el
género fantástico es fundamental
respetar el nivel de realismo de la historia.
De esta manera los componentes fantasmagóricos
de la historia adquieren un mayor valor, ya que
podemos vincularlos con el referente que los origina.
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