Tras
su experiencia en nuestro país, Del
Toro recibió la oferta de dirigir
la segunda parte de Blade,
de nuevo protagonizada por Wesley Snipes.
Éste no era un proyecto personal. Al igual
que Mimic, se trataba
de un encargo con el que poder afianzar su posición
en Hollywood. El director mexicano aceptó
la realización de la película, aunque
con una finalidad en mente. Su intención
era poder demostrar que era capaz de encargarse
de este tipo de productos para intentar que las
grandes productoras le financiaran su adaptación
del cómic creado por Mike Mignola,
Hellboy.
A pesar de ser un producto meramente alimenticio,
Del Toro adaptó todo el
proyecto a su estilo. Prescindió del look
estilizado de la primera parte y le añadió
un tono más sucio y con claras referencias
al mundo de los videojuegos y el cómic.
El resultado no es un producto de acción
al uso, sino una película muy peculiar,
en la que el director se olvida de la credibilidad
de la acción a favor de un conjunto de
bloques donde prima el exceso y lo inverosímil.
Desde luego, no podemos decir que Blade
II sea la mejor película de Guillermo
del Toro, pero tampoco podemos negarle
valor a esta mezcla de referencias con la que
pretendía realizar un producto mainstream,
con un lenguaje más cercano a los espectadores
más jóvenes, sin prescindir de un
trasfondo fantástico digno.
Blade II fue
un éxito de taquilla y le permitió
a Del Toro hacer presión
para sacar adelante Hellboy
tal y como el quería, lo que incluía
al actor Ron Perlman como protagonista.
La lucha no fue fácil, pero al final logró
que el papel cayera en manos de este actor, habitual
en papeles secundarios en películas como
El
nombre de la rosa (Jean-Jacques Annaud, 1986)
o Enemigo a las puertas
(Jean-Jacques Annaud, 2001), o como protagonista
en títulos europeos como En
busca del fuego (Jean Jacques Annaud 1982)
o La ciudad de los niños
perdidos ( Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro,
1995).
Mike Mignola había creado
el personaje de Hellboy para Dark
Horse Comics a mediados
de los años 90, un personaje caracterizado
por su origen como demonio con una apariencia
monstruosa, generalmente vinculada al mal, y su
faceta de héroe enfrentándose a
seres que comparten su origen sobrenaturales.
Además, Mignola otorgó
al personaje un carácter casi adolescente
aportándole una cierta dimensión
a su identidad humanizada y a su personalidad
desubicada.
Guillermo del Toro consiguió
aportar a su adaptación no sólo
un alto grado de literalidad con respecto al cómic,
sino también un derroche de fantasía
y acción. Además, a lo largo de
la película podemos ver como se alternan
momentos emotivos con otros de carácter
cómico, dando un buen contrapunto a las
escenas de acción. La historia sabe presentar
a sus personajes, haciendo que éstos, a
pesar de sus características, sean cercanos
al espectador. Esa es una de las principales virtudes
de su protagonista, Hellboy, quien a
pesar de su origen y de su apariencia, cuenta
con una personalidad y unas costumbres de lo más
mundanas.
Hellboy se convirtió
no sólo en el mayor éxito económico
de Del Toro hasta la fecha, sino
también en una de sus obras más
logradas, en las que quedaba evidente no sólo
la sintonía, el cariño y el respeto
que tiene hacia el referente del cómic,
sino también su capacidad para sacar adelante
una excelente película de carácter
comercial.
Nuevamente, tras esta tercera película
en Hollywood, Del Toro ha vuelto
a demostrar que lo que él quiere es contar
historias que le sean cercanas y atractivas regresando
a España para rodar otro título
con raíces en el periodo del franquismo.
En El Laberinto del fauno
vuelve a mezclar un contexto histórico
con una historia guiada por la fantasía,
con la que según el director ha podido
realizar su película más esmerada
y personal.
La historia de El Laberinto
del fauno nos presenta dos realidades diferentes.
Por un lado la realidad histórica de la
España de finales de la guerra civil, y
por otra una realidad feérica, propia de
los cuentos de hadas, aunque eso sí, pasadas
por el tamiz gótico y oscuro del director.
En cierta forma podemos decir que El
Laberinto del fauno es un híbrido
entre Las
crónicas de Narnia y la literatura
de H.P.
Lovecraft.
En la película estas dos realidades transcurren
aparentemente paralelas, sin intersección
entre ellas, salvo por el personaje de Ofelia,
que actúa como nexo conector. Es a través
de este personaje que Del Toro vuelve
a desarrollar uno de los fundamentos básicos
de su filosofía autoral, que es, que el
fantástico, al contrario de lo que suelen
mostrar otros directores menos conscientes de
las raíces y los preceptos del género,
no se basa en el escapismo, sino que bebe de la
realidad para crear un mundo metafórico.
Uno de los principales logros de Guillermo
del Toro en esta película es saber
equilibrar la presencia de ambos mundos en la
historia. En este tipo de películas que
plantean historias paralelas frecuente que una
de ellas resulte más interesante o esté
mejor trabajada que la otra. En este caso, ambas
están perfectamente trabajadas, haciendo
que a su vez el conjunto adquiere diferentes niveles
de lectura de a cuerdo a las interpretaciones
que el espectador pueda sacar de su agridulce
final.
Tras el estreno de este proyecto tan personal
Del Toro regresará a Hollywood
y en breve iniciará el rodaje de la segunda
parte de Hellboy,
donde volverá a reunir a gran parte del
equipo original para adaptar otra de las novelas
gráficas de Mike Mignola.
octubre de 2006
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