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La Cripta
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CINE | julio de 2006 Eduardo Serradilla

ROLLERBALL: EL FUTURO 30 AÑOS ANTES

 

La historia del Séptimo arte está llena, por muchas y variadas causas, de películas que, también en mayor o menor medida, fueron un fracaso. Y con la palabra fracaso, no quiero decir que dada su pésima calidad el público las rechazó. Me refiero al hecho de que no fueron capaces de conectar con el público. Su paso por las pantallas fue fugaz y casi anónimo, independientemente de su calidad.

Por fortuna para algunas, el tiempo se ha encargado de colocarlas en el lugar que les correspondía. Pero esto no siempre ocurre y nuestra sociedad de la información tiene cada vez menos tiempo para estudiar “historia antigua”.

En otros casos, es el estreno de un determinado título lo que hace que muchos descubran “la piedra filosofal” ante la historia que han contemplado, ignorando que la mentada “piedra” es un remake -nueva versión- de un título anterior.

Esto sucedió cuando se estrenó la nueva versión de uno de los grandes clásicos del cine fantástico contemporáneo. Y nada mejor que estudiar un poco de historia antigua para entenderlo.

En 1975, la United Artists estrenó en las pantallas Rollerball, dirigida y producida por Norman Jewinson, realizador responsable de El violinista en el tejado (1971), En el calor de la noche (1967) y Jesucristo Superstar (1973), y basada en el relato Asesinato en Rollerball del escritor William Harrison.

El reparto estaba encabezado por el actor James Caan, protagonista absoluto de la cinta.

La sinopsis trataba de lo siguiente. Es el año 2018 y el mundo se ha reagrupado políticamente en seis corporaciones: Energía, Alimentación, Lujo, Vivienda, Comunicación y Transporte. La tranquilidad material es así absoluta: no hay guerras, ni pobreza, pero tampoco hay libertad personal.

El ingenioso sistema para que la naturaleza humana se manifieste, exteriorizando la violencia animal que anida en todos los hombres y ,al mismo tiempo, para que el pueblo tenga la idea de que el esfuerzo individual es fútil, no es otro que el juego del “Rollerball”. Éste combina carreras de motos, patinaje y baloncesto y en él la violencia llevada hasta la misma muerte es parte del entretenimiento.

El deporte se práctica con una bola de acero de 12 kilos que es disparada por un cañón alrededor de una pista circular de casi 190 metros de circunferencia. La bola debe ser interceptada por un receptor en patines, mientras sortea a otros jugadores.

Todo está orquestado para satisfacer los más bajos instintos y el participante en el juego es sacrificado en aras del bien común y la convivencia.

Puede que después de leer dicha sinopsis no nos sorprenda demasiado la trama, acostumbrados como estamos a vivir entre violencia gratuita.

Sin embargo, en 1975 la situación era muy distinta. Todavía se creía en el juego limpio y en el lema “lo importante es participar”, con unos medios de comunicación realmente plurales -Nixon acababa de dimitir por el escándalo “Watergate”, destapado por el Washington Post- mientras las grandes corporaciones aún figuraban en la sombra, ocultando su verdadero poder.

Y, de pronto, una película cuenta una parábola acerca de cómo será el futuro del hombre y la sociedad.

Bajo esta lectura, son comprensibles las declaraciones de Jewinson a los medios de la época cuando afirmaba: "United Artists fue la única compañía que no creía que yo era un loco radical".

El realizador se había destacado siempre por su compromiso socio-político de corte liberal, pero Rollerball sobrepasó los límites establecidos, pues nadie podía pensar la estrecha relación que, años después, iba a tener el deporte con la violencia, orquestado todo por una necesidad de entretener a las masas.

Aún así, el director siempre fue consciente de lo controvertido del tema: "Estamos entrando en un terreno muy peligroso, porque en ella presentamos una extensión de la violencia hacia el deporte, y yo quiero desviar a las masas de ella, no hacia ella. Pero la realidad está ahí y, si no ponemos remedio en pocas décadas, el “Rollerball” será el deporte de moda”.

Gran parte del acierto de la película residió en la elección de James Caan como Jonathan E., el eje central del relato. Caan, actor tremendamente físico y pétreo, supo añadirle al personaje el conflicto interior que el jugador más famoso de la liga mundial de Rollerball vive cuando los poderes ocultos le obligan a renunciar a su vida.

Esa lucha y su resolución final conducirán al espectador hacia secuencias de una desgarradora violencia, donde todo vale con tal de ganar el favor del público.

La imagen de Caan portando la bola de acero por última vez resume, de manera magistral, el mensaje que el director quería contar.

Debo decir que la nueva versión realizada por el director John McTiernan en el año 2002 y protagonizada por Chris Klein, Jean Reno, LL Cool J y Rebecca Romijn no supo actualizar la crítica social que destila la primera versión, pues en esta nueva versión se hace especial hincapié en el espectáculo violento y efectista, y no en el trasfondo social que se esconde tras las primitivas batallas que se desatan en la versión original de Rollerball.

De lo que no hay duda es de que Jewinson colocó muy alto el listón y que merece el reconocimiento por parte de los amantes del buen cine fantástico.

Lo bola está en juego. ¿Quién se atreve a revisarla?

Rollerball

Rollerball fue la adaptación al cine
de un relato de William Harrison.

 

 

 

 

Rollerball

James Caan contaba 35 años
cuando rodó Rollerball.

 

 

 

Rollerball

Los rumores apuntaban que un especialista murió durante la filmación de la película.

 

 

 



La televisión, una protagonista más en la historia.

 

 

Rollerball

John McTiernan realizó su propia versión de Rollerball en el 2002.

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