A principios
de los años 70, Stan Lee,
haciendo oídos sordos a las recomendaciones
del restrictivo Comic Code de la industria gráfica,
decidió publicar toda una galería
de títulos cuyo principal nexo de unión
era el género del terror.
Hasta ese momento, en las series gráficas
estaban prohibidas por el mencionado código
palabras como “horror” y “terror”.
Dichas restricciones tuvieron mucho que ver por
el afán de buena parte de la industria
de cercenar el éxito de Max Gaines
y su editorial EC Comics. El
caso es que, tras el cierre de EC,
las colecciones del género de terror habían
desaparecido del mercado, algo que sucedía
desde casi dos décadas.
Lee ya se había enfrentado
al Comic Code cuando publicó en 1971 lo
que después se conocería como La
saga de las drogas (Amazing
Spider-man 96-98). En dicha saga, el guionista
tocaba el consumo de drogas alucinógenas
por parte de la juventud norteamericana.
La iniciativa había partido de asociaciones
de padres, educadores y la misma Casa Blanca.
Pero los censores del Comic Code no estaban dispuestos
a permitir que se publicara un cómic donde
se nombrara la palabra “droga”. Lee
no se amilanó, publicando la historia y
cosechando un tremendo éxito inversamente
proporcional al ridículo que protagonizó
el mentado Code.
Con dichos antecedentes, Stan Lee decidió
rescatar el género del terror y sus monstruos
clásicos, añadiendo otros de nuevo
cuño.
Durante esos años llegarían al
mercado series como Morbius,
the living vampire (1971), Man-Thing
(1971), Tomb of Drácula
(1972), Werewolf by night
(1972), Brother
Voodoo (1973), Daimon
Hellstrom, Son
of Satan (1973) y
Monster of Frankenstein (1973). Todas,
estuvieron muy asociadas a escritores como Roy
Thomas, Gery Conway
o Gary Friedrich, amantes confesos
de la literatura gótica y de obras como
el Drácula
de Bram
Stoker o el Frankenstein
de Mary
Shelley.
En medio de aquellas series surgió un
personaje, el cual siempre ha gozado de un cierto
atractivo entre los aficionados –sobre todo
por sus señas de identidad graficas- aunque
nunca ha sido un súper-ventas. Su nombre:
Ghost Rider o,
en nuestro idioma, El
Motorista Fantasma, cuya adaptación
cinematográfica acaba de llegar a las pantallas
de todo el mundo.
Ghost Raider
nació en agosto de 1972 en la quinta entrega
de la colección Marvel
Spotlight. Sus creadores fueron Roy
Thomas y Gary Friedrich,
en el apartado del guión, y el dibujante
Mike Ploog.
Roy Thomas, había creado,
unos años antes, un villano llamado Stunt-Master
para la serie Daredevil
(DD64) y pensaba que el personaje tenía
posibilidades. Thomas le comentó
su idea a otro guionista, Gary Friedrich,
que también conocía a Stunt-Master
y éste le respondió: "El
personaje está bien pero me encantaría
crear un villano, sobre dos ruedas, realmente
terrorífico, al que llamaría Ghost
Rider". Thomas, al
escucharlo le dijo que su idea era muy buena y
que el personaje podría llegar a publicarse.
Ambos se pusieron manos a la obra y con la ayuda
del dibujante Mike Ploog, quien
asegura que suya fue la idea de colocarle las
llamas sobre la blanca calavera del personaje
–algo que niega Friedrich,
quien reclama la autoría de dicha idea-,
definieron al Motorista Fantasma y a
su alter ego, Johnny Blaze.
Blaze es un motorista acrobático
que trabaja en el circo ambulante de su padre
adoptivo Crash Simpson. Crash
se hizo cargo de Blaze cuando era pequeño
y ha ejercido de mentor del piloto desde pequeño,
tutelándolo de la misma manera que a su
hija Roxanne.
Cuando Blaze descubre que Crash
está enfermo de cáncer hará
todo lo posible para salvarlo, llegando a invocar
al demonio –cual Fausto cualquiera-
con tal de lograr sus propósitos. Mephistópheles
responderá a su llamada y, a cambio de
su alma mortal, le prometerá la salvación
de Crash.
Lo que no estaba en el contrato es que el alma
de Blaze terminara ligada a la de otro
demonio menor, Zarathos, también
bajo el dominio de Mephistópheles.
Por eso, cuando llega la noche, Blaze
se transforma en una figura llameante, enfundada
en cuero negro y con una brillante calavera blanca
coronada por las llamas del infierno. Dotado de
tales señas de identidad y montando en
una motocicleta recién salida del averno,
Blaze perseguirá a criaturas y
entidades que pretenden escapar del yugo de Mephistópheles.
Tras su paso por Marvel
Spotlight, el personaje logró cabecera
propia en 1973, serie que duraría diez
años y 81 números. Artistas como
Jim Money, primero, y Don
Perlin, después, fueron los responsables
de que el personaje lograra una relativa popularidad
durante los años 70, sobre todo, por lo
atractivo de su diseño.
En 1990 un nuevo motorista fantasma, Daniel
Ketch, heredará la demoniaca cabalgadura
heredando, de paso, el legado del espíritu
de la venganza simbolizado en Noble Kale. Era
la época de este tipo de héroes
y la proliferación de historias protagonizadas
por personajes como Punisher, Wolverine
y el nuevo Ghost Rider.
Una década después, el motorista
contó con dos mini series, dentro del sello
Marvel Knights y, a mediados
del pasado año 2006, con una nueva serie,
escrita por Daniel Way y dibujada
por Javier Saltares y Max
Texeira, quien ya había dibujado
al personaje motorizado en el volumen 2 de la
colección.
Ahora, y después de que el actor Nicolas
Cage no cejara en su empeño de
llevar el personaje a la gran pantalla, se estrena
Ghost Rider, protagonizada
por Cage, Eva Mendes,
como Roxanne, Sam Elliot,
como Caretaker, Wes Bentley,
como Blackheart y Peter Fonda
como Mephistópheles.
La película, cuyo estreno se retrasó
el pasado año para evitar enfrentamientos
con Superman
Returns (Bryan Singer, 2006) y XMen
3 (Brett Ratner, 2006), promete acción
y a un motorista muy fiel al diseño original
del personaje –algo que queda claro al ver
el tráiler-.
Sólo queda ver si a su director, Mark
Steven Johnson le han dejado rodar la
película que él escribió,
como guionista de la misma y no una versión
“adaptada a las necesidades del mercado”,
tal y como ocurrió con la versión
estrenada de Daredevil
(2003) –nada que ver con la versión
del director estrenada en DVD-
Sujétense bien mientras el Motorista
fantasma cabalga ante sus ojos, en las páginas
de los cómics o en las pantallas de los
cines. |