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La Cripta
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CINE | marzo de 2007 Manuel E. Díaz Noda
DAVID LYNCH (1/2)
 

Aunque cuesta creerlo, David Lynch se crió en una familia perfectamente normal, en Montana, en un pequeño pueblo que después serviría como modelo para sus películas. Desde pequeño el joven Lynch mostró interés por el arte, especialmente la pintura, y centró en eso su educación.

Tras el instituto estudió bellas artes y fue allí donde entró en contacto con el mundo del cine. Las posibilidades visuales del cine como medio de expresión le fascinaron y empezó a realizar algunos cortometrajes experimentales, como El alfabeto (1968) o La Abuela (1970), donde quedaba clara su tendencia por un tipo de cine predominantemente visual y muy críptico.

Durante este tiempo conocería a algunos de sus más importantes colaboradores como el actor Jack Nance, quien hasta su muerte en 1996 se mantuvo como su actor fetiche, haciendo siempre pequeñas apariciones en sus películas.

En 1972 Lynch inició el rodaje de su primer largometraje, Cabeza borradora, con un guión de apenas 20 páginas, y con el poco dinero que había podido reunir a través de amigos y familiares. El rodaje de la película tuvo lugar íntegramente en un viejo matadero abandonado y se desarrolló a lo largo de cinco años.

Cuando se estrenó la cinta resultó ser demasiado extraña y perturbadora para el público general, pero pronto se convirtió en un fenómeno de culto dentro de las famosas sesiones de medianoche. Lynch siempre ha sido reacio a hablar sobre esta cinta en público, ya que desde este primer momento prefirió que el público se acercara a su obra libre de cualquier prejuicio o interpretación que él pudiera dar. Al igual que nunca ha llegado a decir cómo crearon al bebé mutante de la cinta, una de las imágenes más inquietantes de su filmografía.

La reputación ganada por Cabeza borradora en los círculos cinematográficos hizo que el nombre de Lynch empezara a mencionarse por las productoras, aunque ninguna sabía qué tipo de proyectos podían adjudicarle. Al final sería el actor y director Mel Brooks, conocido dentro del género de la comedia por títulos como El jovencito Frankenstein (1974) o Sillas de montar calientes (1974), quien le ofreciera su primer encargo, El hombre elefante (1980). Brooks le dio libertad para realizar la película y llegó incluso a retirar su nombre de los créditos para que su fama de comediante no afectara a la cinta.

En este caso, Lynch tuvo que aprender a desarrollar sus capacidades comunicativas. El propio director ha confesado que viniendo del mundo de la pintura, le resultaba muy difícil articular sus ideas en palabras para hacerse entender al resto del equipo. Otro de los puntos delicados de la producción fue la realización del maquillaje de John Hurt para representar a John Merrick.

En un principio Lynch quiso encargarse personalmente, llevado por el éxito de su bebé mutante de Cabeza borradora, y creó una especie de arnés que resultó ser demasiado complejo y pesado para el actor. Al final, tras perder mucho tiempo intentando hacerlo funcionar, se contrató a Christopher Tucker para que se encargara del diseño de maquillaje.

Tucker había trabajado en La Guerra de las Galaxias (George Lucas, 1977), donde había sido el responsable de la secuencia de la cantina. El resultado fue un maquillaje que tardaba 12 horas en colocarse, pero que daba gran libertad de movimientos al actor.

Cuando la cinta se estrenó, fue un éxito rotundo en todos los aspectos. La belleza de la fotografía de Freddie Francis, y su conmovedora historia cargada de humanidad deslumbró a todo el mundo.

Ese año al darse a conocer las nominaciones a los Oscars todo el mundo denunció que no existiera una categoría para el trabajo de maquillaje, y fue gracias a estas protestas que esta categoría se crearía el año siguiente, aunque eso sí, tarde para recompensar el trabajo de Tucker.

Convertido en una de las nuevas promesas del cine, Lynch recibió una llamada de Dino De Laurentiis que buscaba director para su adaptación de la novela de Fran Herbert, Dune. Tras el éxito de La Guerra de las Galaxias, todos los productores buscaban como sumarse al tirón del género de ciencia ficción, y la obra de Herbert tenía muchas posibilidades por el culto que ya traía consigo.

El problema es que se trataba de una novela muy extensa, compleja y repleta de momentos difícilmente visualizables en la pantalla. Lynch se tuvo que enfrentar a una producción muy dura, llevándoles a los límites de la depresión. El resultado fue una cinta fallida, irregular, lastrada por un excesivo uso de la voz en off, pero que el tiempo ha demostrado que se trataba de la mejor adaptación posible de la novela.

De hecho posteriormente se ha intentado aprovechar el avance en los efectos digitales en costosas producciones para televisión que no han sido capaces de acercarse a los hallazgos de Lynch.

Sin embargo Dune sirvió al director para darse cuenta que lo suyo no eran las grandes superproducciones de Hollywood. Afortunadamente para él, el éxito de El hombre elefante evitó que este fiasco arruinara su carrera, pero no estaba claro cuál iba a ser su futuro. Es cierto que la película fracasó en taquilla, pero la relación con De Laurentiis no se vio afectada. Lynch, en una situación poco habitual decidió hacer frente al duro momento que estaba pasando de cara a su credibilidad como director, presentar al productor un guión en el que había estado trabajando de forma personal.

La propuesta de Lynch no tenía nada que ver con Dune. Se trataba de una ida arriesgada, un tanto hermética, pero que a su favor contaba con el hecho de que no requería de un gran presupuesto. De Laurentiis aceptó y le dio carta blanca al director para que realzara su película a su propio estilo, siempre y cuando no se excediera del presupuesto asignado. El resultado fue Terciopelo Azul (1986), la película que asentaría definitivamente al director en el panorama cinematográfico.

Dentro del reparto destacaba Kyle MacLachlan, protagonista de Dune, que pasaría a ser un nombre recurrente en la filmografía de Lynch, Isabela Rossellini, modelo, actriz e hija de Ingrid Bergman y el director Roberto Rossellini, y por encima de todo Dennis Hopper, quien se quedó prendado del personaje de Frank Booth, uno de los personajes más retorcidos e inquietantes de la historia reciente del cine americano. Hopper leyó el guión y le insistió a Lynch hasta que éste aceptó darle el papel.

En esta cinta ya se establecen algunos elementos que posteriormente se mantendrían en la obra del director. Por encima de todo, nos encontramos ante una cinta sobre dualidades enfrentadas. Los personajes de MacLachlan y Laura Dern representan la inocencia y la curiosidad de la parte más luminosa de Estados Unidos, mientras que Rossellini y Hopper representan su lado oscuro, el desencanto, la locura y la corrupción. Esto queda perfectamente plasmado desde el mismo comienzo de la cinta, donde Lynch nos muestra que bajo el esplendoroso césped que adorna los jardines de América se esconden gusanos que viven escondidos en la oscuridad.

En esta lucha del bien contra el mal, que poco a poco deja de ser maniquea para encontrar que no son tan distantes una de la otra, Lynch hace uso de elementos oníricos, referencias sexuales explícitas y morbosas, un perturbador sentido de la violencia y un intrigante uso de la iluminación y el sonido. En ese sentido es importante la incorporación dentro del equipo habitual del director del compositor Angelo Badalamenti, quien desde entonces se ha encargado de componer la música de todas sus películas a excepción de Inland Empire (2006), donde participó pero decidió quitar su nombre de los créditos al considerar que el verdadero artífice de la música original era el propio Lynch.

La cinta fue un éxito internacional, convirtió a Lynch en un director de culto y marcó el inicio de su relación sentimental con Isabella Rossellini.

David Lynch

David Lynch
(1946-)

 

 

 

 

 

Cabeza borradora

Cabeza borradora (1972)

 

 

 

 

 

 

El hombre elefante

El hombre elefante (1980)

 

 

 

 

 

 

Dune

Dune (1984)

 

 

 

 

 

Terciopelo azul

Terciopelo azul (1986)

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