Tras
el éxito de Terciopelo
azul, David Lynch tardó
cuatro años en desarrollar un nuevo proyecto,
que en este caso sería para un medio diferente,
la televisión. En 1990, junto con el productor
Mark Frost, el director creaba
la serie Twin Peaks,
que pasaría a convertirse en un auténtico
fenómeno internacional debido a su fusión
de características propias de las series
de detectives con elementos fantásticos.
Para la serie Lynch recuperó
nuevamente a Kyle MacLachlan,
quien interpretaría al inefable agente
Cooper. A su lado destacaba la presencia
de un joven elenco, principalmente femenino, capitaneado
por Lara Flynn Boyle, Sherilyn
Fenn, Mädchen Amick,
y especialmente Sheryl Lee, que
llegarían a la fama de manera meteórica,
para después caer en el olvido con la misma
rapidez.
Lo que para todo el mundo parecía una
cinta sobre fantasmas y seres sobrenaturales,
realmente escondía una historia de incesto,
cuyo desenlace provocó la paulatina pérdida
de interés por parte del público.
Esto, sumado al cambio en la franja horaria de
emisión de la serie, y una temporal ausencia
de Lynch, que se encontraba rodando
una nueva película, llevaron al cierre
definitivo de la serie al final de la segunda
temporada.
Lynch intentaría mantener
su posición en el medio catódico
con otras dos series, On
the air (1992) y Hotel
Room (1993), pero ambas pasaron casi desapercibidas
por el público.
Con su fama en plena ebullición gracias
a Twin Peaks, Lynch
optó por adaptar la novela Sailor
y Lula, del escritor Barry Gifford,
bautizando a la película Corazón
salvaje (1990). A partir del formato de
las películas de carretera, Lynch
rodó una cinta episódica, que suponía
una revisión perversa y decadente de El
mago de Oz.
En el apartado de interpretación femenina,
Lynch repetía con Laura
Dern, en un papel diametralmente opuesto
al de Terciopelo azul,
y una estrambótica Isabella Rossellini,
como la exuberante Perdita Durango. Además
la cinta contó con la presencia de Diane
Ladd, madre en la vida real de Laura
Dern.
En lo referente a los actores, destacan dos incorporaciones
al universo de David Lynch, Nicolas
Cage y Willem Dafoe.
Cage se puso en contacto con
Lynch y le transmitió
su interés por trabajar con él.
Algunas de las aportaciones del actor a la cinta
incluyen esa chaqueta de piel de serpiente que
tenía guardada en su armario a la espera
de un proyecto donde poder lucirla.
Sin embargo sería Willem Dafoe
quien atrajera todos los comentarios con sus breves
minutos en pantalla. Al igual que sucediera con
Dennis Hopper en Terciopelo
azul, la presencia y el carisma de Dafoe
eclipsaron al protagonista, además de protagonizar
una de las escenas censuradas en Estados Unidos
de la película, el momento en el que tropieza
y se pega un tiro en la cabeza, salpicando la
pared con sus sesos. Ya Lynch
había mostrado en títulos anteriores
su tendencia a mostrar chocantes y directas escenas
sangrientas, y Corazón
salvaje no iba a ser menos.
Lo mismo sucede en lo referente al sexo, que
está muy presente a lo largo de la cinta,
sobre todo a la hora de explicitar el tipo de
relación que une a Sailor y Lula.
Tras Corazón
salvaje Lynch retomó
su puesto en Twin Peaks,
pero el camino que había seguido la serie
bajo la directriz única de Mark
Frost se alejaba por completo de lo pensado
inicialmente por Lynch, con una
trama de contactos alienígenas.
Tras la cancelación de la serie, inició
la producción de Twin
Peaks. Fuego camina conmigo (1992), una
precuela en la que se contaban los últimos
días de vida de Laura Palmer.
Para ello rescató a gran parte del reparto
original, a excepción de Lara Flynn
Boyle, que fue sustituida por Moira
Kelly. La cinta fue un fracaso. Excesivamente
pretenciosa y seria, no respetaba el elemento
lúdico y cómico de la serie que
había sido uno de los puntos más
característicos.
La primera parte de la cinta se pierde en presentar
antecedentes de lo sucedido en Twin
Peaks y sus primeros 40 minutos resultan
bastante irregulares. Sin embargo, una vez la
trama se centra en Laura Palmer
la cinta se transforma y se convierte en un crudo
relato sobre la pérdida de la inocencia
y la bajada a los infiernos de una sociedad descarriada.
Si en la serie de televisión se nos decía
que Laura Palmer no era en realidad
ese modelo perfecto de adolescente que todos pensaban,
en la película Lynch redime
al personaje y la vuelve a elevar a su puesto
de mártir.
Tras el fracaso de Twin
Peaks. Fuego camina conmigo, Lynch
se distanció del cine. Volvió a
centrarse en sus pinturas, sus esculturas, sus
libros de poesía, y salvo un fragmento
de la película Lumiere
y compañía (1995) y algunos
cortos que rodaba a nivel personal, los aficionados
al cine pasaron cinco años sin tener noticias
suyas.
En 1997 regresó con Carretera
perdida, una cinta que retomaba la línea
de Terciopelo azul,
pero que al mismo tiempo iniciaba una nueva trayectoria
en su carrera cinematográfica, donde se
ha ido despojando de los elementos narrativos
tradicionales. En Carretera
perdida, tal y como hiciera Hitchcock
en Vértigo
(1958), fusiona dos historias en principio independientes,
relacionándolas de una manera abstracta
a través de la mutación del personaje
principal. Lejos de amilanarse por el fracaso
de su anterior largometraje, Lynch
optó por radicalizar su postura, logrando
esta vez un gran éxito que le reconcilió
con un público que le había añorado
en estos años de ausencia.
Impredecible siempre, Lynch
cambió radicalmente de postura para su
siguiente trabajo, Una
historia verdadera (1999). Basándose
en una historia real, Lynch eliminó
los acostumbrados elementos sórdidos y
violentos de su obra anterior, y realizó
una película luminosa, emotiva, y optimista,
extraordinariamente interpretada por Richard
Farnsworth.
A lo largo de la cinta el director va derrumbando
uno a uno los pilares sobre los que había
edificado toda su filmografía, permitiéndose
únicamente un pequeño guiño
final con la presencia de Harry Dean Stanton.
A pesar de esto consigue mantenerse fiel a sí
mismo, y que la película sea un elemento
insólito de su carrera, pero al mismo tiempo
perfectamente identificable como una obra de David
Lynch.
Por esta época, Lynch
inicia una nueva línea de trabajo, aprovechando
las posibilidades que le ofrece el espacio virtual
de Internet. La red le permite dar salida a un
tipo de experimentación audiovisual que
en aquel momento resultaba completamente inviable
desarrollar dentro del espacio de una película
comercial.
Mulholland Drive
iba a ser el regreso triunfal de Lynch
al medio catódico. Tomando como modelo
Twin Peaks, había
ideado una trama de suspense situada en el mundo
de Hollywood, con la que también buscaba
tratar elementos metalingüísticos
sobre el cine dentro del cine. Sin embargo una
vez finalizado el episodio piloto la productora
se echó atrás y canceló el
proyecto.
Lynch decidió entonces
reconvertir la idea en un largometraje, rodando
nuevo material para cerrar los cabos abiertos
y que pudiera ser auto conclusiva. El resultado
es la evolución natural de
Carretera perdida.
El director recupera su mundo habitual repleto
de personajes siniestros y grotescos, con una
historia nuevamente deudora del legado de Hitchcock
y su obra máxima, Vértigo.
Dividida en tres bloques, los dos primeros se
atienen a lo esperado del director. La historia
resulta extraña, críptica, pero
hasta cierto punto mantiene una naturaleza narrativa.
Sin embargo, en los veinte minutos finales Lynch
se despoja definitivamente de las imposiciones
de la historia y convierte el desenlace de la
historia en un conjunto de imágenes convulsas
que suponen una bofetada en la cara al espectador.
Éste, que esperaba una conclusión
que diera sentido a los dos bloques anteriores,
se queda atónito ante el brutal cambio
de registro, obligado por el director a ser él
mismo quien busque interpretaciones que expliquen
lo sucedido.
Con este último tramo, Lynch
reconcilia la línea evolutiva de su obra
que iniciara con Terciopelo
azul con su opera prima, Cabeza
Borradora, lo que sumado a sus trabajos
en el terreno virtual, ha allanado el camino para
su siguiente paso experimental, al que ha titulado
Inland
Empire. |