Durante
parte de los 70 y los 80, la Marvel
estuvo intentando que sus personajes dieran el
paso a la gran pantalla con muy poca fortuna.
Las películas de El
capitán América (Albert Pyun,
1990) o El Castigador
(Mark Goldblatt, 1989) resultaron ser engendros
de serie B que poca justicia le hacían
al cómic.
Eso por no hablar de la versión de Los
4 Fantásticos que produjo Roger
Corman, que fue rápidamente retirada
por la Marvel antes de que se
llegara a estrenar.
En vista de que su principal competidora, DC,
estaba triunfando en el medio y que las adaptaciones
de sus dos principales franquicias, Batman
(Tim Burton, 1989) y Superman
(Richard Donner, 1978) habían resultado
muy rentables, la compañía quiso
cuidar al detalle la versión cinematográfica
de Spiderman.
El primer director asignado al proyecto fue James
Cameron, quien pasó años
intentando sacarlo adelante. Cameron
escribió un guión donde Spiderman
se debía enfrentar a Octopus y
el Duende Verde, personajes para los
que el director había asignado actores
de renombre como Arnold Schwarzenegger
y Jack Nicholson, respectivamente.
También había hecho algunos cambios
como que la telaraña del héroe fuera
orgánica y saliera literalmente de su muñeca,
y no un compuesto químico creado por Peter,
algo que Raimi respetaría
en su guión. Tras muchos retrasos, Cameron
se desentendió del proyecto y pasó
a centrar toda su atención en el proyecto
de Titanic (1997).
Tras la marcha de James Cameron,
la Marvel inició la búsqueda
de un nuevo director. David Fincher,
director de Seven
(1995) y El club de la
lucha (1999), estuvo cerca de conseguirlo.
De nuevo preparó un guión donde
se despachaba todo el origen del personaje en
menos de cinco minutos, para pasar directamente
a la acción.
Finalmente entró en el proyecto Sam
Raimi, gran fan del personaje, quien
en seguida tuvo claro que para que la adaptación
tuviera éxito había que dar igual
o más importancia a la figura de Peter
que a la de Spiderman.
La película se estrenó por todo
lo alto, con un gran presupuesto detrás,
y obtuvo un gran éxito, contentando tanto
a los fans como a aquellos que sólo conocían
al personaje de oídas.
Raimi tomó como referente
el Superman de
Richard Donner, y se centró en
remarcar el apartado humano de los personajes.
De las dos horas de duración, pasa la mitad
de la película detallando los orígenes
del personaje y presentando a los personajes.
El Spiderman
(2002) de Raimi es fiel al cómic
en cuanto al lenguaje, el colorido, el tipo de
humor y el desarrollo de los personajes. En esto
último es fundamental la excelente labor
de casting. No sólo los principales protagonistas,
Tobey Maguire y Kirsten
Dunst, ofrecen una estupenda química
en pantalla, sino que además la elección
de secundarios está muy cuidada. Willem
Dafoe crea un Duende Verde lúdico
y amenazador, Rosemary Harris
y Cliff Robertson bordan sus
interpretaciones como tía May y
tío Ben, y J.K. Simmons
parece haber nacido para encarnar a J.J.
Jameson.
Al mismo tiempo sale triunfal en lo referente
a las escenas de acción. Es cierto que
los movimientos del Spiderman digital
creado por los expertos de efectos especiales
no resultan del todo realistas, y la armadura
del Duende Verde recuerda más
a los Power Rangers que al personaje
del cómic. Sin embargo, la sintonía
entre el público y los personajes es tan
fuerte que estos son problemas menores.
El éxito de la cinta enseguida marca
el inicio de una segunda parte, respetando todo
el equipo original. Sin embargo Raimi
no quiere precipitarse, y establece un largo plazo
de producción para cuidar todos los aspectos
y que no resulte una secuela precipitada.
En la segunda parte (Spiderman
2, 2004) se opta por otro gran enemigo de
Spiderman, el doctor Octopus,
papel para el que se contrata al veterano actor
Alfred Molina, visto en títulos
como En busca del Arca
perdida (Steven Spielberg, 1981), Species
(Roger Donaldson, 1995) o Frida
(Julie Taymor, 2002).
De nuevo Raimi da gran protagonismo
a los problemas de Peter, e incrementa
el apartado humorístico del personaje.
Las escenas de acción son más complejas
y elaboradas, destacando la larga secuencia del
tren, y los efectos especiales consiguen corregir
en gran medida lagunas de las limitaciones de
la primera parte. Las pegas de nuevo mínimas
e insignificantes. La puesta en escena de Raimi
parece no querer alejarse demasiado del estilo
de la primera parte, y la humanización
del personaje de Octopus recuerda en
exceso al Duende Verde.
* Sobre Spiderman
3 (2007) |