Cómo
se hizo
A finales de agosto de 2006, DNA Films
y Fox Atomic anunciaban el comienzo
la filmación de 28
semanas después, la secuela de 28
días después de Danny
Boyle, que esta vez participaba como
productor ejecutivo pasando el testigo en la dirección
al realizador español Juan Carlos
Fresnadillo.
El rodaje duró nueve semanas (menos de
la mitad de las que reza el título) más
otros siete días de ensayos previos y tuvo
lugar en Londres, principalmente en la City, East
London y Canary Wharf, así como en exteriores
de Hertfordshire.
Distrito Uno estaba situado en Isle of Dogs en
el guión, y los realizadores tuvieron que
lograr un permiso de Canary Wharf para que se
les permitiera rodar allí.
En palabras del productor Andrew Macdonald:
“Como emplazamiento, Canary Wharf era
ideal para los fines de la historia, pues se encuentra
rodeada por el agua, lo cual permitía que
el ejército asegurara el lugar como si
tratara de una fortaleza. La gente podía
volar hasta el aeropuerto y luego coger el DLR,
que es un tren de seguridad que les llevaría
hasta Canary Wharf, y vivir dentro de los edificios
de apartamentos”.
Fresnadillo ha comentado los desafíos
que implicaba rodar la película y de cómo
logró el look que estaba buscando: “El
principal reto para mí fue hacer que la
historia pareciera real. Para eso, me puse en
el lugar de los espectadores que iban a ver el
film, sabiendo que a mí me gustaría
ver un largometraje en el que pudieras oler a
los personajes y al entorno, además de
sentir que la historia podría ocurrir muy
cerca de ti. Ésa es la razón por
la que hice esta película como una especie
de documental de terror… [haciéndolo
de esta manera] se aportaba y se transmitía
algo real a la historia. Por otra parte, hay que
decir que rodar así es difícil.
Necesitas un montón de cámaras.
El estilo cámara en mano. Y especialmente,
las actuaciones y el departamento artístico
y todo lo demás han de estar enlazados
con esa idea. Así, aunque resulta inusual,
es al mismo tiempo, creo yo, la mejor forma de
enfrentarse a una historia como ésta”.
Gran parte del aspecto y emoción de la
película nace del diseño de producción
y de convertir a Londres en una especie de escenario
post-apocalíptico. Según cuenta,
el diseñador Mark Tildesley dirigió
su mirada a situaciones similares que suceden
en la vida real en busca de inspiración:
“Creo que hemos visto ciertos paralelismos
con algunas cosas que pasan actualmente, como
el huracán Katrina y otras catástrofes
por el estilo, en las que se ve a mucha gente
que se ha quedado sin casa y cómo se las
apañan. Así que piensa en ideas
visuales de cómo, ya sabes, se desarrollarían
los acontecimientos. Por lo tanto, habría
colas de gente, habría racionamiento. La
gente se empezaría a organizar en grupos
para tratar de limpiar la ciudad”.
Como resultado, cuando llegó la hora de
elegir las localizaciones, Tildesley
y el equipo de realización buscó
una zona de Londres que pudiera mostrar un contraste
entre el Londres posterior al virus y el nuevo
Londres que se iba a construir en la película,
enseñando al mismo tiempo lo que la población
viviría durante la repoblación del
país. Su elección de Isle of Dogs
(una isla en medio del Támesis) como Distrito
Uno resultó ser particularmente adecuada.
“Hubo un momento histórico en el
que Isle of Dogs reclamó su independencia”,
explica Tildesley. “Tenían pensado
derribar los puentes y emitir pasaportes. Así
que cuando estábamos buscando un lugar
con el que dar a entender el punto donde un ejército
hubiese podido comenzar la labor de reconstrucción
de Londres, decidimos que Isle of Dogs era realmente
un gran emplazamiento. Desde el punto de vista
geográfico también es bastante bueno,
además de contar con una infraestructura
muy decente, buena iluminación y hasta
sus propios generadores. Si hay un corte en el
suministro eléctrico, las entidades bancarias
radicadas en la isla cuentan con una gran compañía
de telecomunicaciones, así que hay buenos
enlaces de comunicación. Y además
está rodeada casi en su totalidad por el
agua, de forma que es bastante fácil asegurarla”.
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Entrevista a Robert Carlyle
El actor inglés Robert Carlyle,
que saltó a la fama hace 10 años
por su papel protagonista en la comedia Full
Monty (Peter Cattaneo, 1997), interpreta
un papel muy distinto en 28
semanas después. Carlyle
ha definido esta película como "una
montaña rusa". "Es muy rápida.
Te encuentras en el límite de tu asiento.
Coges aire al principio… y 90 minutos después
dejas el aire salir".
En su opinión, "lo más
importante de un guión es la fuente de
la que viene. En este caso la fuente era impecable:
Danny Boyle, Andrew Macdonald, gente que son mis
amigos desde hace mucho tiempo. Siempre lo paso
muy bien trabajando con Danny, y me encantó
28 días después. Así que
cuando el guión vino a través de
ellos, lo primero que pensé fue que era
interesante, pero tenía mis reparos porque
se trataba de una secuela, pero cuando leí
el guión seriamente, todas las pegas desaparecieron".
En cuanto a su personaje, el actor ha comentado:
"creo que Don es un hombre muy normal en
una situación fuera de lo normal. Se comporta
de forma que puede no gustarte, pero creo que
es bastante realista. Se enfrenta a dos grandes
elecciones en esta película, tiene que
tomar importantes decisiones y pienso que las
que toma son bastante humanas, aunque en un momento
acabe mal".
Robert Carlyle se ha deshecho
en halagos hacia Juan Carlos Fresnadillo,
a quien define como un hombre y un director "fantástico",
y a la vez "muy callado"; y
sobre su película ha afirmado que "es
una compañera excelente para 28 días".
"Si la pusiéramos en un nivel, ésta
definitivamente escala más arriba las apuestas
son más altas. Es un reto más grande
que la primera. A cualquiera que le haya gustado
la primera, adorará esta. Pero tampoco
necesariamente has de haber visto la primera para
ver ésta".
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Entrevista a Juan Carlos Fresnadillo
Fresnadillo ha asegurado que
cuando recibió la proposición de
Danny Boyle para hacer esta película
lo primero que pensó fue "esto
es una locura: yo ni soy londinense, ni el inglés
es mi idioma madre, ni conozco Londres”.
Pero cuando habló con Boyle
y el resto de productores, descubrió las
razones por las que le habían escogido
y por las que era el adecuado para el proyecto:
"estaban buscando una mirada fresca, una
mirada nueva y una mirada con personalidad que
aportara algo nuevo y diferente a la historia,
y en definitiva crear una nueva película,
una película totalmente diferente".
Lo más difícil del rodaje fue tanto
la complicación de la película en
sí misma, como el estar rodando por primera
vez en un idioma ajeno, en una ciudad desconocida.
No obstante, explica que al mismo tiempo estas
dificultades le sirvieron como una gran lección
humana yital, dándole la oportunidad de
probar nuevas experiencias.
A Danny Boyle lo describe como
"una persona muy apasionada, muy latino,
es un tío muy excitado y muy nervioso y
su entusiasmo te lo contagia". "Tenerlo
como productor en esta película ha sido
un placer, un gustazo, porque ha sido un productor
que casi estaba más del lado del director
que de la producción con lo cual era muy
curioso trabajar con él", asegura.
En cuanto a próximos proyectos, Juan
Carlos Fresnadillo ha anunciado que está
desarrollando una nueva historia que espera comenzar
a producir en breve.
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