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CINE | julio de 2007 Manuel E. Díaz Noda
MICHAEL BAY
 

El nombre de Michael Bay es hoy por hoy sinónimo de las grandes superproducciones de acción más comerciales del panorama hollywoodiense actual. Para algunos un innovador, para otros la personificación de la banalización del cine, lo cierto es que este director ha sabido convertir cada estreno suyo en todo un acontecimiento, independientemente de la calidad del producto final.

La carrera de Bay comenzó de forma meteórica dentro del campo de la publicidad y de la música. Ya desde sus primeros trabajos se encargó de rodar los videoclips de artistas como Tina Turner, Meat Loaf o Lionel Richie. En publicidad trabajaría en campañas para algunas de las principales empresas del mercado como Coca Cola, Nike, Reebok o Budweiser.

La reputación que se había labrado gracias a estos trabajos hizo que el productor Jerry Bruckheimer se fijara en él. Bruckheimer ya era un productor de importante peso en la industria gracias al éxito de títulos como Flashdance (Adrian Lyne, 1983), Top Gun (Tony Scott, 1986), Superdetective en Hollywood (Martin Brest, 1984) o Días de trueno (Tony Scott, 1990). Sus películas se habían caracterizado por ser puros productos comerciales, rompedores de taquilla, con una estética muy moderna.

El primer trabajo de Michael Bay sería Dos policías rebeldes (1995), una cinta de acción al servicio de sus principales protagonistas, Will Smith y Martin Lawrence. En ese momento Will Smith estaba empezando a establecer su carrera como actor cinematográfico tras un triunfal paso por televisión, y buscaba romper un poco su imagen de comediante y demostrar que podía afrontar otros retos. Por otro lado Lawrence necesitaba un proyecto que le permitiera darse a conocer internacionalmente como cómico.

Visualmente la película destacaría por unas impactantes y frenéticas escenas de acción, en las que la cámara no dejaba de moverse. Y por una serie de planos a cámara lenta que enfatizaban el carácter heroico de los protagonistas. La química entre los dos actores funcionó muy bien, Bay marcó las directrices de lo que iba a ser su cine, y Bruckheimer sumó un nuevo taquillazo a su cartera.

Desgraciadamente también quedarían patentes los handicaps del cine de su director. El guión era demasiado simple, repleto de momentos absurdos cuyo único aliciente era el gag cómico al servicio de las estrellas. Se apreciaba un completo desinterés por parte del cineasta de llenar su apabullante puesta en escena visual con algo de contenido.

Tras el éxito de dos policías rebeldes, Michael Bay regresaría inmediatamente con otro gran éxito, La Roca (1996). Esta película marcaría todo un estilo de cine de acción que influiría en producciones posteriores como Con Air (Simon West, 1997). En este caso la presencia de Will Smith y Martin Lawrence queda sustituida por dos actores de mayor caché y prestigio: Nicolas Cage y Sean Connery, sin olvidar la presencia entre el reparto de Ed Harris o William Forsythe.

Cage acababa de ganar el oscar por Leaving Las Vegas (Mike Figgis, 1995) y Connery buscaba demostrar que a pesar de su edad seguía siendo un referente imprescindible del cine de acción. De nuevo, bay puso todo su esfuerzo en el aparato audiovisual de la película, con frenéticas persecuciones e intensas escenas de acción, sin olvidar su sello particular, el plano contrapicado a cámara lenta de los héroes. En esta ocasión el guión sin ser nada del otro mundo no caía en el risible ridículo de su primera película, y el resultado se ha mantenido como su cinta más equilibrada hasta la fecha.

Siguiendo con la racha, y aprovechando el espíritu apocalíptico del fin del milenio, el director se apuntó al resurgir del cine de catástrofes con Armageddon (1998). Teniendo en cuenta la cantidad de productos de ínfima calidad sobre el fin del mundo que llegaron a la gran pantalla por esa época y de algún tipo de catástrofe natural, la cinta de Michael Bay cuenta a su favor que además del empaque ensordecedor propio de su director, está realizada con un sano sentido de autoparodia. Si está claro que ni siquiera los personajes se toman en serio a sí mismos, ¿por qué debería hacerlo el público?

El guión sigue siendo el punto débil, pero queda salvado precisamente por ese tono cómico macarra que tan bien define a los personajes.

Quizás cansado de la falta de pretensiones de sus películas, Michael Bay optó por buscar para su siguiente proyecto un tema más ambicioso. En este caso, aprovechando el 60 aniversario del ataque a Pearl Harbor, Brukheimer y Bay optaron por llevar a cabo una película conmemorativa. Para ello no sólo se recurrió a todo un despliegue visual propio de sus creadores, sino que se buscó un reparto repleto de conocidos actores. Desgraciadamente de nuevo se partió de un guión absolutamente nefasto, con una historia de amor anodina, y unos diálogos de vergüenza ajena.

Mientras que en sus anteriores películas estos defectos se aceptaban debido al carácter meramente lúdico de las películas, aquí funcionó en su detrimento. Pearl Harbor (2001) sería el primer fracaso en la carrera de Michael Bay, y una absoluta desilusión para aquellos que fueron a verla esperando algo más que elaborados planos del bombardeo.

Para salir del paso de este fracaso, Bay volvió a reunir a Will Smith y a Martin Lawrence para la segunda parte de Dos policías rebeldes. En esta ocasión ambas estrellas contaban con un caché muy superior al que tenían en 1995, y la cinta contó con un presupuesto que rondaba los 130 millones de dólares. Uno de los atractivos en España era poder ver al actor catalán Jordi Mollá interpretando, como no, al malo de la peli, un peligroso traficante de droga.

La película ofrecía lo que prometía, mucha acción, mucho espectáculo visual, un gran despliegue de medios y una serie de chistes preparados para que los protagonistas se puedan lucir. La cinta fue un éxito espectacular, tal y como estaba pensado, y no tuvo problemas en recuperar el dinero invertido y doblarlo en taquilla.

Cuando parecía que la asociación entre Michael Bay y Jerry Bruckheimer era un lucrativo acuerdo de por vida, Steven Spielberg le ofreció al director la producción de su siguiente película, La Isla (2005). Se trataba de un guión que se estaba vendiendo como el novamás de la ciencia ficción, y el rey midas de Hollywood quería a un director potente y comercial detrás. Bay se mudó a la Dreamworks y llevó a cabo este encargo, que estaba protagonizado por Ewan McGregor y Scarlett Johansson, dos estrellas bien conocidas y en auge, pero poco habituales en el género de acción.

La película no consiguió la recaudación esperada, y pronto el dedo acusador de los productores apuntó hacia los actores. Lo cierto es que ambos ofrecían un trabajo esforzado, y que la verdadera razón del fracaso estaba en un guión que no era tan innovador como se quería vender y que ofrecía situaciones bastante cuestionables e inverosímiles. La historia resultaba una imitación de títulos como Matrix (Andy y Larry Wachowski, 1999-2003) o La fuga de Logan (Michael Anderson, 1976) durante su primera parte, para a continuación caer en una continua persecución al más puro estilo Michael Bay que sobrepasaba los límites de la credulidad del espectador.

Estaba claro que Bay era un director adecuado para proyectos comerciales sin mayor ambición que entretener y asombrar al espectador durante dos horas con virguerías visuales que no le dejen espacio para reflexionar. Desde el momento en el que los títulos de este director piden al público que active más de una neurona, enseguida quedan patentes sus limitaciones.

Quizás por esto, para su último proyecto, Transformers (2007), haya querido alejarse de argumentos complicados y haya optado por llevar a la pantalla una serie de juguetes que le den pie para introducir escenas de acción incesante y todo un despliegue de efectos especiales.

Michael Bay

Michael Bay (1965-)

 

 

 

 

Dos policías rebeldes de Michael Bay

Al propio Michael Bay, nunca le gustó el guión de Dos policías rebeldes.

 

 

 

 

Armageddon de Michael Bay

Ben Affleck preguntó a Michael Bay durante el rodaje si no sería más fácil enseñar a los astronautas a perforar que entrenar a perforadores de petróleo para ser astronautas, como sucede en Armageddon.

 

 

Pearl Harbor

La dramatización del ataque a la base de Pearl Harbor supuso un aluvión de críticas al trabajo de Bay.

 

 

La Isla

La Isla fue la primera película de Michael Bay no producida por Bruckheimer.

 

 

Transformers

Tras Transformers, Bay ya trabaja en su próximo proyecto como director:
2012: The War for Souls.

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