Hablando
con Kevin Eastman -co creador
de Las Tortugas Ninja
junto con Peter Laird- en el
Salón Internacional del Cómic de
Barcelona 2004, éste me confesó
que la razón de crear a los personajes
se debió "a que nos pareció
a los dos la idea más disparatada y tontorrona
de cuantas habíamos tenido hasta entonces.
No sabíamos qué hacer y mientras
estábamos ojeando un antiguo cómic
de Daredevil nos
llegó la “inspiración”..A
partir de ahí, todo fue más fácil".
Estoy de acuerdo en la que la idea es, a todas
luces, disparata –y mucho- aunque no creo
que sea tan tontorrona como Eastman
pensaba y, en cierta manera, piensa hoy en día,
aunque le está tremendamente agradecido
por lo que vino después.
En una época donde se trata de reinventar
la post-modernidad, si es que alguna vez existió,
y demostrar la cuadratura ya no del círculo
sino del mismo concepto de cultura, Las
Tortugas Ninja siguen siendo una brisa
de aire fresco en medio de tanta deconstrucción
y patrañas por el estilo.
Tengo claro que detrás de la mayoría
de las críticas sólo se esconde
la envidia de una industria –y unos aficionados-
que no trata muy bien a quienes triunfan, sea
de la manera que sea.
Con el paso de los años ha quedado claro
que Eastman y Laird
no pretendían crear el cómic definitivo,
referente para las nuevas generaciones, o por
lo menos no lo creo –sobre todo tras conversar
con Eastman-.
Su interés era contar una historia de
aventuras, plagada de referencias de la literatura,
los cómics, el cine y la televisión
de las últimas décadas del pasado
siglo. Y para ello no se les ocurrió nada
mejor que recurrir a las tan oportunas mutaciones
producto de alguna malévola sustancia –tal
y como indica el manual de estilo del maestro
Stan Lee- y transformar a cuatro
tortugas y una rata en unos héroes que
rivalizarían con el mismo Bruce
Lee.
El mismo origen de los personajes está
calcado de Daredevil,
uno de los personajes preferidos de ambos autores
–en especial Eastman-.
De la colección de “El hombre
sin miedo”, sobre todo de la etapa
de Frank Miller, Eastman
y Laird también se apropiaron
de conceptos como el maestro Stick –transformado
ahora en la rata Splinter-; el perverso
clan del Pié, remedo de la mortífera
Mano que entrenara a Elektra Natchios;
y la propia dinámica de los enfrentamientos
entre los seguidores de Shedder –líder
del clan del Pié- y Splinter,
al mando de sus tortugas ninja.
Las influencias de la obra Ronin,
también de Frank Miller,
se pueden ver desde la portada del primer número.
Después sólo quedaba añadir
alguna invasión alienígena, científicos
locos, una bella investigadora –April
O´Neil-, un vigilante que recuerda
en estética al Jason cinematográfico
de Viernes
13, Casey Jones, y escoger un escenario
–Nueva York y sus cloacas- para desarrollar
la historia.
No negaré el atrevimiento de los autores
en ponerle a sus creaciones mutadas nombres de
los grandes creadores del renacimiento italiano,
dado que en los EEUU la cultura general es cuanto
menos demasiada especializada. Sus tortugas llevan
nombres tan conocidos –o por lo menos deberían
serlo- como Leonardo –en memoria
de Leonardo Da Vinci-; Raphael
–que comparte nombre con el pintor Raffaello
Sanzio, pintor de la Madonnas renacentistas
por excelencia-; Michelangelo –por
el escultor y pintor, Michelangelo Buonarroti-;
y Donatello, la tortuga creativa del
grupo, que toma su nombre del reputado escultor
renacentista de mismo nombre.
Dentro del grupo, Leonardo ejerce las
labores de líder y hermano mayor, aunque
todas nacieran el mismo día. Armado con
dos afiladas katanas, siempre está dispuesto
a defender al resto de sus compañeros.
Raphael representa al anti-héroe
del grupo, reflexivo y un tanto esquivo. Poseedor
de una tremenda habilidad con los sais, Raphael
es quien sigue de manera más fiel las enseñanzas
del maestro Splinter en cuanto a la reflexión
interior que todo ninja debe procesar.
Michelangelo es el polo opuesto de
Raphael, una tortuga amante de la aventura,
las peleas contra el clan del Pié,
la pizza y los cómic. En su vida siempre
hay tiempo para la diversión, aunque, cuando
la cosa se pone fea, sus nunchakus rivalizarían
con los del mismo Bruce Lee.
Donatello, tal y como ya hemos dicho,
es el inventor del grupo. Muy bien podríamos
denominarlo el McGyver del grupo, capaz
de transformar una desvencijada furgoneta en un
vehículo sacado de una película
de ciencia ficción.
Junto a ellas, se sienta, siempre en actitud seria,
pero condescendiente con sus jóvenes aprendices,
el maestro Splinter. Lo de condescendiente
y/ o tolerante viene por un dato que no hay que
olvidar; el título original de la colección
es Teenage Mutant Ninja
Turtles- o, lo que es lo mismo, "Tortugas
adolescentes mutantes ninjas".
Está claro que un título así
quedaría muy largo para traducirlo a nuestro
idioma, pero al omitir dicho término se
olvida que estamos tratando con jovencitos, dotados
de caparazones, piel viscosa y habilidades de
lucha propias de los míticos ninja, aunque
sólo son unos adolescentes.
Otro dato a tener en cuenta es que Eastman
tenía 22 años –Laird
es ocho años mayor- cuando se publicaron
por primera vez Las Tortugas
Ninja, lo cual explica sus ganas de experimentar
y, en cierta manera, de no pensarse mucho las
cosas. Eastman tampoco dudó en utilizar
referencias cinematográficas como las películas
de ninjas que por aquel entonces comenzó
a producir la recordada Cannon Group Inc,
con títulos como Enter
the Ninja (Menahem Golan, 1981), Revenge
of the Ninja (Sam Firstenberg, 1983) o
American Ninja (Sam
Firstenberg, 1985) que llenaban los cines de todo
el mundo.
Frank Miller confesó,
en su día, que él se basó
en películas clásicas del cine de
Hong-Kong como Ninja in
the Dragon´s Den (Corey Yuen, 1982),
las películas de samurais y las producciones
de Bruce Lee para planificar
sus secuencias de luchas en los números
de Daredevil en
los que apareció Stick, Elektra
y La Mano y todo el mundo se quedó
encantado.
Sea como fuere, Eastman y Laird
presentaron su atrevida creación en una
convención comiquera celebrada en el Sheraton
Hotel de Portsmouth, New Hampshire, en 1984. Dados
sus recursos económicos se imprimieron
tres mil copias del primer número, en blanco
y negro, en un formato mayor del habitual para
un comic-book para poder aprovechar las dimensiones
del papel en su totalidad. El caso es que, casi
el mismo día que el número se puso
a la venta, aquel primer número se agotó,
desatándose una auténtica fiebre
verde entre los aficionados.
Un mes después, el precio de aquella
primera edición -$1.50- se había
multiplicado por 50 y sus autores, sin saber muy
bien ni cómo ni por qué, pasaron
a ser unas celebridades dentro del mundo del noveno
arte.
Lo más curioso del caso es que la serie
fue rápidamente adoptada por los más
pequeños, algo que no deja de ser sorprendente
merced a elementos como la violencia –tan
patente como pudiera ser la del maestro Miller
en Daredevil- cosa
que nunca termina por gustar a los padres.
Encima, al ser una historia en blanco y negro,
con un estilo a veces de difícil definición,
tampoco se me antoja como aquella que más
pudiera gustar a los pequeños de la casa.
No obstante, Las Tortugas
llegaron para quedarse y, dos décadas después
continúan siendo un referente de la cultura
popular contemporánea.
El resultado de todo supuso para ambos autores
convertirse en multimillonarios y en capaces de
poder decidir sobre su futuro profesional. La
primera decisión fue desarrollar, de manera
organizada, su editorial Mirage Studios
–llamada así por el milagro de Las
Tortugas- y comenzar una expansión
que llevó a los personajes, además
del formato grafico, a otros medios como el cine,
la televisión, los videojuegos y el merchandising
más variados.
Eastman compró la revista
Heavy Metal y fundó el Words
and Pictures Museum, el cual tiene como
misión la conservación, exhibición
e interpretación del noveno arte y todas
sus influencias.
Después, tras abandonar Mirage,
fundó la editorial Tundra,
la cual debió cerrar sólo tres años
después por la caradura de muchos autores
que llegaron a cobrar sus buenas cantidades de
dinero por trabajos que nunca se realizaron. Aquello
le supuso un buen contratiempo a Eastman
–dotado de una excesiva vena filantrópica
– aunque, al final, allí estaban
sus Tortugas para solucionar el entuerto.
En la actualidad trabaja junto a amigos como
el siempre peculiar Simon Bisley,
disfruta de la compañía de su mujer
–la espectacular modelo Julie Strain-
y no se olvida de cuidar a sus Tortugas.
Laird, por su parte, continúa
formando parte del organigrama de Mirage
Studios, interviniendo en el desarrollo
de proyectos relacionados o no con las Tortugas
Ninja, a la vez que es el responsable de
Xenic Foundation, creada para la defensa
de los derechos de autor de los artistas gráficos.
Cuando se anunció, durante el año
2006, que las Tortugas Ninja volverían
otra vez más a las pantallas de los cines,
también se dijo que tanto Eastman
como Laird estarían involucrados
en el proyecto como responsables de la historia.
La nueva aventura en pantalla grande de Las
Tortugas Ninja está filmada en formato
de animación digital y es responsabilidad
de Kevin Munroe, acreditado animador
que ha trabajado con las principales compañías
relacionadas con la animación –desde
Disney a Fox Kids,
pasando por Cartoon Network,
Nickelodeon y la compañía
de Jim Henson-. Munroe
está ahora involucrado en la adaptación,
también en animación digital, de
Gatchaman, más
conocida en nuestro país como La
batalla de los planetas o Comando-G.
La película ha contado con las voces de
actores tan conocidos como Patrick Stewart,
Laurence Fishburne, Sara
Michelle Gellar, la actriz china Ziyi
Zhang, el director Kevin Smith
y el actor Mako Iwamatsu, rostro
conocido por películas como Conan
(John Milius, 1982) o Memorias
de una Geisha (Rob Marshall, 2005) –película
en la que trabajó con Ziyi Zhang-
entre muchas otras, y que también aportó
su voz al personaje de Aku, en la magnífica
serie de animación Samurai
Jack (2001-2004).
Mako falleció poco después
tiempo después de terminar su trabajo como
voz del maestro Splinter, con lo esta
película se ha convertido en su homenaje
póstumo.
Tortugas Ninja Jóvenes
Mutantes, la película, se ha estrenado
en nuestras pantallas este verano, de ahí
que la editorial Norma se haya
decidido a rescatar las historias gráficas
originales y presentarlas en un nuevo formato
añadiendo algunas de las series limitadas
que fueron surgiendo tras su éxito inicial.
Así, en los tomos que ya se han publicado,
se recopilan los primeros diez números
y la serie TMNT: Raphael.
En las cuidadas ediciones de la editorial se incluyen
las portadas originales, entre ellas la mítica
primera portada, e ilustraciones de los personajes.
Quiero terminar esta reseña, en la que
no he disimulado mi querencia por los personajes
y la idea –además de haber visto
las anteriores entregas cinematográficas
y las series de animación- con unas palabras
de los autores en respuesta a las acusaciones
de quienes los tacharon de “unos vendidos
cuando el éxito les sonrió”,
olvidando sus raíces independientes.
"Cuando nos dimos cuenta de que los
lectores estaban encantados con aquellas primeras
40 páginas que dibujamos nos sentimos
satisfechos, pero muy sorprendidos. Nunca pensamos
que aquello pudiera suceder. Pero ocurrió.
Otra cosa muy distinta es que los demás
piensen que nos hemos olvidado de quienes somos
y lo que queríamos hacer. Lo que ocurre
es que las cosas hay que aprovecharlas tal y
como vienen y a nosotros nos llegó el
turno con una idea tan loca como la de unas
tortugas ninja adolescentes".
Y, vista su trayectoria profesional, ha quedado
claro que tanto Eastman como
Laird han invertido sus tremendas
ganancias en promover la difusión del noveno
arte, defender los derechos de autor o darle la
oportunidad a muchos nuevos autores para que publiquen.
Todo ello indica que el dinero y la fama no les
acarreó una oportuna amnesia como sí
ha ocurrido con otros artistas.
Además, leídas veinte años
después, Las Tortugas
Ninja siguen siendo una lectura amena,
dinámica y llena de guiños a los
cómics, el cine y la televisión.
¿O será que nos estamos olvidando
de disfrutar del placer de leer un cómic
tan divertido como éste? |