Cuando
dos cineastas tan singulares como Quentin
Tarantino y Robert Rodríguez
anunciaron hace meses en el ComicCon
de San Diego que unían sus fuerzas
y sus energías para un proyecto en común,
las tripas de Galactus volvieron a removerse
(y si alguien a estas alturas no sabe quién
es Galactus, debería preocuparse).
Muchos admiradores de estos dos pequeños
grandes monstruos (nunca mejor dicho) del cine
de acción, pensamos, ¡esto es genial!
Y aunque no es la primera vez que trabajan juntos
(lo han hecho ya en Abierto
hasta el amanecer y Sin
City), esta vez ha sido diferente. Cada uno
ha realizado una película dentro del denominado
proyecto Grindhouse,
a modo de homenaje a aquellas películas
de acción de los 70, muy cañeras
y repletas de chicas guapas, sexo y violencia,
que se exhibían fuera de los circuitos
comerciales en casas viejas y destartaladas y
en condiciones a veces lamentables.
Pero como diría un buen amigo mío,
vayamos por partes. ¿Por qué Death
Proof es distinta al resto de la filmografía
de Tarantino? Por la misma razón
que Kill
Bill o Pulp Fiction,
por poner un ejemplo. Tarantino
reinventa el género, le da una vuelta de
360º y tras agitar bien la coctelera le sale
una obra maestra.
El argumento es más o menos el siguiente:
Jungle Julia, dj de Austin (Texas), junto
a sus amigas Shanna y Arlene,
a las que se une Zöe Bell,
una especialista de escenas arriesgadas en películas
de acción, ven cómo Stuntman
Mike, un veterano, paranoico y también
especialista de cine, empieza a perseguirlas con
su Dodge Charge.
Se establece una alocada persecución en
la que el atormentado stuntman trata de asesinar
a las tres mujeres, que conducen otro Dodge, un
mítico Dodge Challenger de 1970 como el
de Kowalski en Punto
límite: Cero (Richard C. Sarafian,
1971). Al final en un giro absoluto el perseguidor
se convierte en perseguido, y las víctimas
en cazadoras. Nada es lo que se espera en esta
película: hay diálogos larguísimos
donde los personajes hablan mucho de sí
mismos, y sorprendentemente, tratándose
de Tarantino, muy poquita sangre
(excepto en el brutal asesinato de Rose McGowan,
actriz que repite en Planet
Terror), y sin embargo estamos ante un slasher
de acción trepidante con una intensa dosis
de violencia soterrada.
Tarantino en estado puro, en
definitiva, pero cada vez más estilizado
y contundente, en un film que visualmente se nos
presenta como un auténtico producto grindhouse,
con escenas cortadas y aspecto intencionadamente
cutre y decadente. Una road movie a lo bestia,
vamos, pero con personajes en verdad originales.
Y como muestra, la impagable Zöe
Bell, as herself, especialista neozelandesa
que ya trabajó con Tarantino
en las dos entregas de Kill
Bill doblando las escenas de acción
de Uma Thurman, además
de participar en films y series de televisión
como Catwoman (doblando
a Sharon Stone) o Xena,
la princesa guerrera. La secuencia de la
persecución con Zöe
en el capó del coche es antológica,
una de las más reales y emocionantes que
se hayan podido ver en muchos años.
Death Proof es
a las road movies lo que Planet
Terror a las películas de zombies.
La historia del film de Robert Rodríguez
es la siguiente: dos médicos del hospital
de un pueblecito de Texas (otra vez Texas, ¿será
un guiño a la cantidad de paranoicos que
habitan por aquellos lares? -leáse en clave
política-), William y Dakota
Block, descubren que las calles se han inundado
de gente afectada por espantosas erupciones gangrenosas
y una mirada sospechosamente vacua en sus ojos.
Un valiente y variopinto grupo de guerreros,
liderados por Wray (Freddy Rodríguez,
el sepulturero de A dos
metros bajo tierra) y Cherry (Rose
McGowan, Embrujadas)
-una go-gó con pierna de metralleta- lucharán
contra el ejército de zombies para acabar
con el mal que amenaza con asolar el planeta.
Hasta aquí, algo ya muy visto (excepto
lo de la metralleta) en multitud de películas
del género. Es la forma en que la aventura
se nos cuenta lo que la hace rabiosamente original.
Desde los personajes y las relaciones entre ellos
(incluyendo los cameos de Bruce Willis
y el propio Tarantino),
hasta las dosis de humor y violencia a raudales
que salpican la cinta. Además de anécdotas
como la presencia de las hermanas Avellán,
sobrinas de Rodríguez
(que también aparecen en Death
Proof), encarnando a las Gemelas Canguro
(oficio que realizan con frecuencia en la vida
real), o la de Tom Savini, maquillador
de tantas películas de terror, en el reparto.
Una auténtica carrera salvaje, con situaciones
alocadas, surrealistas e irreverentes, donde todo
es posible y nada es previsible. A destacar entre
todos, el personaje de Rose McGowan,
referente futuro para cualquier guerrera femenina
que se precie, cuyas piernas, una de ellas letal,
son las más sexys que se han visto en bastante
tiempo.
Aunque se presenten como películas independientes,
muchas son como podemos ver las coincidencias
entre Planet Terror
y Death Proof.
Y entre ellas, los actores que repiten, aunque
con personajes diferentes, como McGowan
(que debe tener enchufe por ser pareja de Rodríguez),
las sobrinas Avellán (todo
queda en familia), Michael Parks
(actor fetiche de Tarantino)
o el propio Tarantino.
Dos slashers, en definitiva, que deben verse
seguidas, como en los programas dobles de las
viejas grindhouse (que desgraciadamente en España
se han estrenado separadamente) para disfrutar
junto a una buena ración de palomitas y
muchas ganas de pasarlo bien. Y a ser posible,
teniendo a alguien muy cerquita para poder hincarle
el diente. |