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CINE | octubre de 2007 Javier Moreno
  PESADILLA EN ELM STREET: LA SAGA AL DESNUDO  
INTRODUCCIÓN
 

Cuando me propuse abordar la saga de Pesadilla en Elm Street, siempre tuve claro que esta introducción debía ser lo último a redactar. No como depósito de mis conclusiones, sino como mero indicativo de lo que se avecinaba en las posteriores secciones.

En un principio me planteé la posibilidad de hablar sobre el mundo de los sueños, pero finalmente he decidido desechar esa posibilidad, el material existente es enorme, podría abordarse desde una perspectiva mística, desde una perspectiva mitológica o incluso desde una perspectiva científica, pero ninguna de las opciones terminaba de convencerme, porque al final, excepto breves ramalazos dentro de símbolos mitológicos, no he encontrado un nexo de unión claro que pudiera dar pie posteriormente a hablar de las películas, por no decir que la extensión hubiera sido descomunal. En cualquier caso siempre puede uno dirigirse a leyendas egipcias, romanas, fenicias, aztecas... para encontrar los paralelismos que unen a Freddy Krueger con la cultura primigenia.

También me planteé la posibilidad de usar esta introducción para hablar del cine de terror en los años 70, los años previos al nacimiento de la obra de Wes Craven, pero posiblemente hubiera tenido que partir desde finales de los 60 hablando de La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968), verdadero punto de partida del cine de terror contemporáneo. En cualquier caso, aún siendo una posibilidad francamente atractiva, creo sinceramente que merece un artículo aparte en el cual no sea solapado por el motivo de este dossier. Además, considero que la primera película rompe radicalmente con lo mostrado anteriormente a pesar de poseer detalles del cine de género de aquella época.

Por tanto... habiendo descartado mis dos opciones más evidentes que sirvan de introducción al material posterior... ¿Qué opción me quedaba?, hablar de mi experiencia con Freddy.

Siempre he dicho a los que me conocen que mi infancia no transcurrió entre Espinete, Don Pimpon ni la Gallina Caponata. Fui uno de aquellos extraños jovencitos que se cultivaron mediante aquellos ciclos de cine de Corman, la Hammer y la Universal, que el extinto programa Alucine de La 2 de TVE nos regalaba todos los sábados. Digamos que mis padres culturales fueron Christopher Lee, Vincent Price, Bela Lugosi, Boris Karloff y compañía.

Sin embargo recuerdo con gran impacto la primera vez que tuve la posibilidad de ver a uno de nuestros terrores favoritos. Fue en el mismo programa, eran las 11 de la noche, yo estaba tirado en la cama y se disponían a emitir la película de Renny Harlin (Pesadilla en Elm Street 4, 1988). Fue ver aquel monstruo e instintivamente me metí bajo las sábanas. Recuerdo que pasé más tiempo con los ojos cerrados que viendo la película, aunque con todo el segmento final me envalentoné y celebré su derrota. Aquella noche no pude dormir por miedo a que aquel individuo apareciera en mis pesadillas más intimas para acabar conmigo. Una experiencia desagradable que no me haría perder el interés por aquel tipo de películas. Han pasado unos 15 años aproximadamente de aquello y evidentemente Freddy Krueger ya no es el mal que me aterrorizaba, probablemente si existiera hoy en día me tomaría unas cervezas con él (a una distancia prudente por supuesto).

La idea de escribir un especial de esta saga nació recientemente. Adquirí las películas en dvd y a medida que las revisaba empecé a darme cuenta que Pesadilla en Elm Street (1984) iba más allá de ser una película de terror, vi que había símbolos y dobles lecturas ocultas, mensajes subliminales que profundizaban mas allá del personaje, y fue eso lo que hizo que despertara mi curiosidad por investigar sobre ellos. No estaba seguro de cuáles eran, más bien era la sensación de que estaban ahí, y la idea de desentrañarlos me fascinaba, explorar en su profundidad la saga (que lo haya conseguido o no quedará a consideración del lector) me atraía sin remedio.

Por tanto, una vez decidido que quería hacer este especial me puse manos a la obra, consulté datos objetivos existentes en la red, libros y artículos que tenía desperdigados en mi habitación y me dispuse a abordarlo. No quise leer ninguna crítica, ningún análisis, óolo datos, porque siempre he pensado que esa lectura puede condicionar en mayor o menor medida las tesis (y opinión) que posteriormente planteas. Por tanto, si mis conclusiones acerca del personaje coinciden con la de otros autores, mejor, y si no coincide mejor aún, eso significa que Pesadilla en Elm Street es una obra de múltiples lecturas de la cual yo he extraído la mía propia.

Es posible que haya mejores trabajos que éste, e incluso peores, pero me siento orgulloso del mismo, porque es mi trabajo, porque durante un mes he indagado hasta la extenuación, porque me ha provocado dolores de cabeza la organización de ideas y al final he conseguido acabar algo que parecía interminable. Pero aún más orgulloso me siento de poder compartirlo con las personas que estáis a punto de leerlo, me siento orgulloso de que haya gente interesada en ver lo que he encontrado. Y si a alguien le sirve el material redactado para escribir su propia visión, más feliz me sentiré de poder contribuir a la redacción de nuevos y más profusos estudios.

Por tanto, antes de que el lector aborde este dossier, le agradezco profundamente que decida hacerlo.

Para finalizar, me gustaría añadir algo, recordad aquel niño que en vuestro interior sigue guardado, aquel Jacob que se aterrorizaba frente al hombre del saco y ante el cual se sentía indefenso. Felices pesadillas y no olvidéis:

Uno, dos, Freddy viene a por ti
Tres, cuatro, cierra la puerta
Cinco, seis, toma el crucifijo
Siete, ocho, mantente despierto
Nueve, diez, nunca más dormirás.

 

Y hasta aquí la primera parte de este especial. Permaneced atentos, Freddy puede aparecer en vuestros sueños.

Freddy Krueger

El actor Robert Englund ha encarnado al personaje de Freddy Krueger en todas sus apariciones para cine y televisión.

 

 

 

 

 

 

 

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