Cuando
me propuse abordar la saga de Pesadilla
en Elm Street, siempre tuve claro que esta
introducción debía ser lo último
a redactar. No como depósito de mis conclusiones,
sino como mero indicativo de lo que se avecinaba
en las posteriores secciones.
En un principio me planteé la posibilidad
de hablar sobre el mundo de los sueños,
pero finalmente he decidido desechar esa posibilidad,
el material existente es enorme, podría
abordarse desde una perspectiva mística,
desde una perspectiva mitológica o incluso
desde una perspectiva científica, pero
ninguna de las opciones terminaba de convencerme,
porque al final, excepto breves ramalazos dentro
de símbolos mitológicos, no he encontrado
un nexo de unión claro que pudiera dar
pie posteriormente a hablar de las películas,
por no decir que la extensión hubiera sido
descomunal. En cualquier caso siempre puede uno
dirigirse a leyendas egipcias, romanas, fenicias,
aztecas... para encontrar los paralelismos que
unen a Freddy Krueger con la cultura
primigenia.
También me planteé la posibilidad
de usar esta introducción para hablar del
cine de terror en los años 70, los años
previos al nacimiento de la obra de Wes
Craven, pero posiblemente hubiera tenido
que partir desde finales de los 60 hablando de La
noche de los muertos vivientes (George
A. Romero, 1968), verdadero punto de partida
del cine de terror contemporáneo. En cualquier
caso, aún siendo una posibilidad francamente
atractiva, creo sinceramente que merece un artículo
aparte en el cual no sea solapado por el motivo
de este dossier. Además, considero que
la primera película rompe radicalmente
con lo mostrado anteriormente a pesar de poseer
detalles del cine de género de aquella
época.
Por tanto... habiendo descartado mis dos opciones
más evidentes que sirvan de introducción
al material posterior... ¿Qué opción
me quedaba?, hablar de mi experiencia con Freddy.
Siempre he dicho a los que me conocen que mi
infancia no transcurrió entre Espinete, Don Pimpon ni la Gallina Caponata.
Fui uno de aquellos extraños jovencitos
que se cultivaron mediante aquellos ciclos de
cine de Corman, la Hammer y la Universal, que el extinto
programa Alucine de La
2 de TVE nos regalaba
todos los sábados. Digamos que mis padres
culturales fueron Christopher Lee, Vincent Price, Bela Lugosi, Boris Karloff y compañía.
Sin embargo recuerdo con gran impacto la primera
vez que tuve la posibilidad de ver a uno de nuestros
terrores favoritos. Fue en el mismo programa,
eran las 11 de la noche, yo estaba tirado en la
cama y se disponían a emitir la película
de Renny
Harlin (Pesadilla
en Elm Street 4, 1988). Fue ver aquel monstruo
e instintivamente me metí bajo las sábanas.
Recuerdo que pasé más tiempo con
los ojos cerrados que viendo la película,
aunque con todo el segmento final me envalentoné
y celebré su derrota. Aquella noche no
pude dormir por miedo a que aquel individuo apareciera
en mis pesadillas más intimas para acabar
conmigo. Una experiencia desagradable que no me
haría perder el interés por aquel
tipo de películas. Han pasado unos 15 años
aproximadamente de aquello y evidentemente Freddy
Krueger ya no es el mal que me aterrorizaba,
probablemente si existiera hoy en día me
tomaría unas cervezas con él (a
una distancia prudente por supuesto).
La idea de escribir un especial de esta saga
nació recientemente. Adquirí las
películas en dvd y a medida que las revisaba
empecé a darme cuenta que Pesadilla
en Elm Street (1984) iba más allá
de ser una película de terror, vi que había
símbolos y dobles lecturas ocultas, mensajes
subliminales que profundizaban mas allá
del personaje, y fue eso lo que hizo que despertara
mi curiosidad por investigar sobre ellos. No estaba
seguro de cuáles eran, más bien
era la sensación de que estaban ahí,
y la idea de desentrañarlos me fascinaba,
explorar en su profundidad la saga (que lo haya
conseguido o no quedará a consideración
del lector) me atraía sin remedio.
Por tanto, una vez decidido que quería
hacer este especial me puse manos a la obra, consulté
datos objetivos existentes en la red, libros y
artículos que tenía desperdigados
en mi habitación y me dispuse a abordarlo.
No quise leer ninguna crítica, ningún
análisis, óolo datos, porque siempre
he pensado que esa lectura puede condicionar en
mayor o menor medida las tesis (y opinión)
que posteriormente planteas. Por tanto, si mis
conclusiones acerca del personaje coinciden con
la de otros autores, mejor, y si no coincide mejor
aún, eso significa que Pesadilla
en Elm Street es una obra de múltiples
lecturas de la cual yo he extraído la mía
propia.
Es posible que haya mejores trabajos que éste,
e incluso peores, pero me siento orgulloso del
mismo, porque es mi trabajo, porque durante un
mes he indagado hasta la extenuación, porque
me ha provocado dolores de cabeza la organización
de ideas y al final he conseguido acabar algo
que parecía interminable. Pero aún
más orgulloso me siento de poder compartirlo
con las personas que estáis a punto de
leerlo, me siento orgulloso de que haya gente
interesada en ver lo que he encontrado. Y si a
alguien le sirve el material redactado para escribir
su propia visión, más feliz me sentiré
de poder contribuir a la redacción de nuevos
y más profusos estudios.
Por tanto, antes de que el lector aborde este
dossier, le agradezco profundamente que decida
hacerlo.
Para finalizar, me gustaría añadir
algo, recordad aquel niño que en vuestro
interior sigue guardado, aquel Jacob que se aterrorizaba frente al hombre del saco
y ante el cual se sentía indefenso. Felices
pesadillas y no olvidéis:
Uno, dos, Freddy viene a por
ti
Tres, cuatro, cierra la puerta
Cinco, seis, toma el crucifijo
Siete, ocho, mantente despierto
Nueve, diez, nunca más dormirás.
Y hasta aquí la
primera parte de este especial. Permaneced atentos,
Freddy puede aparecer en vuestros sueños. |