David Fincher ha conseguido
con su breve filmografía convertirse
en un destacado director, con una amplia
legión de fans que esperan con ansia
cada nuevo trabajo suyo. Su cine se caracteriza
por ofrecer ambientes oscuros, mórbidos
y claustrofóbicos, así como
por presentar personajes torturados y traumatizados
en situaciones extremas.
Fincher comenzó
su carrera como animador para Industrial
Light and Magic entre 1980 y 1984
aproximadamente, tiempo en el que trabajó
en películas tan conocidas como El
retorno del Jedi (Richard Marquand,
1983) o Indiana
Jones y el templo maldito (Steven
Spielberg, 1984). En 1986 fundó la
productora Propaganda Films,
dirigiendo vídeos de alto presupuesto
para artistas como Madonna con Express Yourself, George
Michael, Aerosmith y los Rolling Stones con
la canción Love Is Strong.
Además desarrolló una importante
carrera dentro del mundo de la publicidad,
dirigiendo entre otras campañas para
empresas de gran importancia como Nike.
Su llegada al cine no fue especialmente
positiva, y sí bastante traumática.
En 1992 fue contratado para rodar Alien 3. La cinta ya venía
sufriendo un grave problema de producción.
Tras la cámara ya habían pasado
los realizadores Renny Harlin y Vincent Ward. Sería
este último quien realmente definiera
el proyecto y le aportara esa estética
sucia, con tintes medievales. Durante el
rodaje Fincher tuvo que
sufrir la continua intervención de
los productores, que no dejaban de imponerle
la manera de hacer su trabajo. Además,
éstos no dudaban en desacreditarlo
delante del reparto, a lo que hay que sumar
las filtraciones del guión y la pobre
recepción que tuvo por parte del
público.
A pesar de ello, y reconociendo que Alien
3 es por necesidad una cinta fallida
e irregular, hay que reconocer que la película
cuenta con algunos momentos que hacía
presagiar la fuerza narrativa de su cine.
Sin llegar en ningún momento a los
niveles de las dos primeras partes, esta
segunda secuela mantiene su dignidad con
su intención de ofrecer un acercamiento
diferente a la franquicia de Alien,
sin caer en los tópicos de las dos
primeras partes. En cualquier caso se trata
de una cinta muy superior a las siguientes
secuelas de la serie que ya si han optado
por canibalizar a las obras de Ridley
Scott y James Cameron.
Tras esta traumática experiencia, Fincher tardó tres
años en regresar al cine. Sin embargo,
su segundo trabajo estaba llamado a convertirse
en uno de los clásicos del reciente
cine de suspense. Seven (1995) contó a priori con los ganchos
de Brad Pitt y Morgan
Freeman, pero pronto el boca a
boca hizo que la fama de la película
superara a la de sus protagonistas. Al éxito
de la película contribuyó
notablemente el guión de Andrew
Kevin Walter, la excelente fotografía
de Darius Khondji, la banda
sonora de Howard Shore,
y la interpretación de un por aquel
momento casi desconocido Kevin Spacey.
Éste había llamado la atención
gracias a su papel en Sospechosos
habituales (Bryan Singer, 1995),
y gracias a Seven terminó de convertirse en una estrella,
status que confirmaría años
más tarde con su papel en American
Beauty (Sam Mendes, 1999).
Siguiendo la estela de cinta oscura y claustrofóbica
de El
silencio de los corderos (Jonathan Demme,
1991), Seven se convirtió en un modelo para el
thriller de mediados de los 90 y principios
del siglo XXI. A raíz de su éxito
comenzaron a prepararse cintas como El
coleccionista de amantes (Gary Fleder,
1997), El coleccionista
de huesos (Phillip Noyce, 1999), La
celda (Tarsem Singh,
2000) o Vidas
ajenas (D.J. Caruso, 2004), marcadas
por esa visión de un tipo de violencia
sádica y morbosa, y un gran énfasis
en la ambientación.
El éxito de Seven le permitió a Fincher acometer en seguida su siguiente proyecto, The Game (1997). Aquí de nuevo
contó con un guión de Andrew
Kevin Walter que en cierta forma
seguía las pautas de Seven,
con el personaje principal interpretado
por Michael Douglas, siendo
acosado por una serie de acontecimientos
que derrumban su vida de comodidad y lujo
para adentrarlo en el lado oscuro de la
sociedad. Fincher nuevamente
pone un gran énfasis en la ambientación.
Su puesta en escena es compleja y arriesgada,
sin embargo, en esta ocasión el guión
no resulta tan efectivo como en su trabajo
anterior. Las trampas de la trama son más
evidentes, y hay varias incongruencias que
lastran notablemente la verosimilitud de
la historia. En cualquier caso se trata
de un agobiante ejercicio de estilo que
sigue ahondando en la definición
del estilo personal de su director.
Sin ser un gran éxito como Seven, The Game tuvo una buena acogida en taquilla. Sin
embargo, la carrera de Fincher parecía encontrarse en un impasse
y podría acabar abocada a repetir
los patrones de su mayor éxito. El
director quiso salirse por la tangente y
se arriesgo con otro proyecto provocador, El Club de la lucha (1999). Basada en una rompedora novela de Chuck Palahniuk, la cinta
estaba protagonizada por Edward
Norton, Brad Pitt y Helena Bonham Carter.
La trama de la historia daba pie al director
y a los actores a salirse de los patrones
del cine tradicional y ofrecer una narrativa
diferente y juguetona.
A lo largo de la cinta se respira una gran
complicidad entre los actores y el director,
y su afán por enfocar su trabajo
desde una perspectiva un tanto anárquica.
Afortunadamente, lo que se podía
haber quedado en una mera travesura por
parte de sus principales responsables, adquirió
en manos de Fincher una
mayor entidad, transformando a la cinta
en un auténtico fenómeno de
culto, apoyado por la fama que ya arrastraba
la novela original.
El Club de la
lucha convirtió a Fincher por segunda vez en un director de culto,
sin embargo en esta ocasión no quiso
precipitarse y se tomó con calma
su siguiente proyecto. Éste sería La
Habitación del pánico (2001), un thriller claustrofóbico,
con tintes hitchcorianos, protagonizado
por Jodie Foster. Sin ser
una obra redonda, la cinta se sustenta principalmente
en el notable trabajo de Foster,
y en la alambicada puesta en escena del
director. La presencia de actores como Jared
Leto o Forrest Whitaker es también destacada, sin
embargo, saben mantener un honorable puesto
secundario, dejando todo el lucimiento a
la actriz de El
silencio de los corderos. Por otro
lado, al desarrollarse toda la acción
dentro de un mismo espacio, Fincher demuestra un gran dominio del espacio físico,
dando una gran entidad a todo el escenario.
La fama de Fincher y
el buen ojo comercial de Jodie Foster,
una actriz acostumbrada a combinar con inteligencia
la comercialidad con el talento artístico,
dieron como resultado un gran éxito
en taquilla.
Para Zodiac (2007), el director ha llevado a cabo una
extensa labor de documentación. Al
igual que el protagonista de su historia,
el director parece haberse obsesionado con
la figura del asesino del zodíaco.
A pesar de no haber sido acogida favorablemente
en la taquilla estadounidense, la crítica
ha destacado el detallado trabajo de documentación
que apoya a toda la historia.
Fincher se ha dado prisa
en volver a ponerse tras la cámara,
y ya ha rodado su próximo trabajo, The Curious case
of Benjamin Button, donde vuelve
a colaborar con Brad Pitt.
Basada en un relato de Scott Fitzgerald,
la película contará la historia
de un hombre de 50 años que empieza
a rejuvenecer mientras entabla una relación
con una mujer 20 años más
joven que él. |