Para TumbaAbierta.com es todo un honor redescubrir a Mike Ratera unos de los autores de cómics que marcaron época y que, con la perspectiva que dan los años, podría clasificarse como una leyenda del cómic. Autor de la celebrada serie Hunter, publicada en la revista Creepy a principios de la década de los 90 ha desarrollado su carrera en Francia y Estados Unidos.
TumbaAbierta.com ha tenido el placer de entrevistarlo en exclusiva para descubrir que Ratera es una caja de sorpresas y no todo se reduce a aquella máscara de hockey y el cuchillo dentado.
¿Cuáles son tus orígenes y motivaciones como autor?
Antes que nada, aquí va un saludo a todos los tumberos que lean esto. Teneis una web muy chula y un foro que no lo es menos. Así que... ¡larga vida a TumbaAbierta.com!
En cuanto a mí, sólo soy un pobre mortal que malvive de dibujar tebeos... ya sea aquí o en Francia. Digamos que nací en Barcelona hace unas cuantas décadas, y que desde la más tierna infancia tuve la suerte (o la desgracia, según se mire) de que unos cuantos cómics cayesen en mis manos: las primeras ediciones en blanco y negro de Los cuatro fantásticos, Los Vengadores, La Masa... los Blueberry del gran Jean Giraud y -¿por qué no admitirlo?- los "Mortadelos" de Ibáñez (no menos grande) y los Asterix que nos llegaban de las Galias. Pararos por un momento a pensar en esto: estoy hablando de la época del Cuéntame, cuando no existían ni los videojuegos, ni los ordenadores personales ni los teléfonos móviles... increíble ¿Eh?...
Digamos que entonces el cómic era prácticamente lo único con que nos distraíamos los chavales (junto con las canicas, cambiar cromos y las series de televisión en blanco y negro). Por lo tanto no es de extrañar que aquellos universos gráficos se apoderaran de mi mente hasta el punto de hacer de mí alguien que deseaba dedicarse a hacer tebeos, sin más. Es por ello que no me considero un artista con formación académica. Lo de poner que uno ha estudiado Bellas Artes siempre queda bien... De hecho estudié en la Escola Massana de Barcelona, pero sólo aguanté un año y medio allí. Había demasiadas "teorías de arte" y demasiados "vanguardismos" para mí gusto.
Claro, lo que ocurre es que en aquella época yo tenía unos 19 años... y me pasaba más tiempo en los bares de las Ramblas que en clase. Eso también tiene que ver con la efervescencia cultural que se vivía entonces... me refiero a la época de la transición, a finales de los 70. Las inquietudes artísticas se vivían en la calle... en los bares... y yo quería dibujar cómics... algo que en aquella época se podía hacer casi sólo con la voluntad de querer hacerlo y por poco talento que uno tuviese. Entonces el cómic estaba "vivo", en el sentido de que era un medio de expresión que tenía un público no sólo juvenil, sino también adulto. Fue la época de máxima diversificación en cuanto a revistas de cómic en éste país: El Víbora, Totem, Rambla, Cimo, Creepy, 1984, etc.
Muchos aficionados tienen referencia a partir de la publicación de Hunter en la segunda época de la revista Creepy española. ¿Cuáles fueron las directrices para crear la serie y el personaje protagonista?
Llegué a Selecciones Ilustradas (Toutain) después de un periplo de varios años en la revista El Víbora. Debo admitir, con la percepción de las cosas que dan los años, que me cohibía estar en El Víbora, teniendo al lado gente como Gallardo y Mediavilla, Nazario, Pons, Martí... auténticos stars del cómic underground en aquel entonces. No fue hasta principios de los 90 que maduré un poco y me decidí a tomarme el cómic en serio, como algo profesional. Además lo mío no era el cómic "callejero" de El Víbora o Makoki, yo siempre había sido un soñador de mundos de fantasía... y un fan de las pelis de terror de los 70 y los 80. Necesitaba otra cosa. Y acabé encontrando una salida para mi arte oscuro a través de las publicaciones de Toutain.
Josep Toutain me merece mucho respeto, él fue el responsable directo de que varias generaciones de artistas españoles llegasen a vivir de hacer cómics, y además haciendo cómic adulto, de fantasía, ciencia ficción y horror. Otra cosa es que por aquel entonces yo era muy mal dibujante... y si te fijas en el elenco de artistas que publicaban en las páginas de 1984, Creepy y Totem, el listón estaba muy alto: Richard Corben, Berni Wrigthson, Horacio Altuna, Juan Giménez, Jordi Bernet...
Sin embargo, y a raíz de publicar unas cuantas historias cortas en la revista Totem empecé a encontrarle el gusto a narrar, a la parte del guión. Tenía un nivel suficiente (interesante, según Josep Toutain) para escribir historias, para "inventar"... y aunque mi dibujo era deficiente, lo suplía con la composición de página y con los diálogos. De Totem pasé directamente a Creepy (en la época en que por allí pululaban Fernando de Felipe, Corominas y otros muchos talentos jóvenes, la "última generación" de autores salidos de la mano de Toutain).
En cuanto a Hunter, fue mi primer trabajo largo, mi primera serie, y tal vez por ello le tengo un cariño especial... ¿sabéis? Los personajes y las series que uno crea acaban siendo como hijos propios (cualquier creador opinará de modo parecido). Y al igual que los hijos, siempre hay alguno que es tu preferido. Eso me pasa con Hunter... si lo reviso ahora le encuentro todo tipo de fallos, un dibujo inseguro y plagado de errores anatómicos, a años-luz de cómo dibujo ahora... sin embargo hay algo en esa serie que la hace especial. Aún hoy en día, más de 15 años después, me encuentro con gente que me recuerda por Hunter.
La idea inicial surgió del propio Toutain. Recuerdo que, estando un día en la redacción de Selecciones Ilustradas, me dijo: "ya va siendo hora que nos propongas una serie, creo que en el Creepy hace falta algo de terror actual, algo de psicópatas... algo sucio". Y de algún modo tomé ése comentario como punto de partida... no me apetecía nada hacer una serie de vampiros o licántropos, sino algo sobre "monstruos humanos", sobre el lado oscuro que encierra el alma humana.
Hunter nació como un anti-personaje, no tenía cara, su máscara (homenaje al Jason de Viernes 13) era casi lo único que podíamos ver de él... sin embargo le conocíamos a través de sus pensamientos, de sus reflexiones psicóticas... y a través de sus asesinatos, que siempre parecían castigar la "inmoralidad" representada en el sexo. Por muy poco tiempo me adelanté al "boom" de serial killers que invadió las pantallas a raíz del éxito de El silencio de los corderos. Hunter también representaba una crítica al puritanismo de la Norteamérica de Reagan durante los años 80. Algo que podría ser perfectamente válido hoy en día, con Bush. Sí, a nivel temático es una serie que sigue siendo "actual". Y no me cabe duda de que si Creepy no hubiese cerrado prematuramente, Hunter habría continuado en una segunda serie.
Evidentemente, la desaparición de Creepy fue un palo para todos nosotros. Creo que aún hoy en día hay mucha gente que añora Creepy (me incluyo entre ellos).
¿Cómo fue tu experiencia en la editorial de Josep Toutain?
¿Cuál era el esquema de trabajo del Creepy?
Realmente, ahora me doy cuenta de que en Creepy hice lo que me dio la gana, sin imposiciones ni condicionantes comerciales (como pocas veces he podido hacer a lo largo de mi carrera ).
En aquella época, mis historias de terror tomaban preferentemente elementos de la psique humana... del horror cotidiano. Aunque lo sobrenatural también estaba presente. De algún modo eso resultó nuevo para una buena parte del público de Creepy (había demasiados monstruos clásicos en la revista...) y empezaron a llegar cartas a la redacción que aclamaban mis historias, junto con otras que las repudiaban totalmente. Se llegó a decir de mí que yo era "el Stephen King español"... y chorradas parecidas. Hasta Richard Corben escribió a Toutain interesándose en mis historias, para publicarlas en USA. Y, claro, eso llamó a atención del editor, de modo que mi nombre pronto estuvo en las portadas de la revista, junto a Corben y Berni Whrigtson.
Mirando hacia atrás, hacia esa época... no puedo dejar de ver mis trabajos de entonces como obras de un principiante. Creo que si Creepy hubiese durado unos cuantos años más, habría madurado lo suficiente como para hacer algo mucho mejor. De todos modos, incluso antes de que Creepy cerrase surgieron en mí las semillas de otras muchas historias... algunas de ellas las llegué a concretar años después en forma de otras series, como Broadway (publicada en la revista Comix Internacional de Ediciones Zinco) o Hamramr, una saga protagonizada por un demonio nazi que publicó Glénat en formato de mini-serie de 6 números, y que generó no poca polémica a mediados de los 90.
Sabemos que existe una reedición de Hunter pero nos ha sido imposible encontrar la editorial y el año… ¿Qué diferencias existen en esta edición con respecto a la original?
Poco después de su publicación en Creepy, Hunter se publicó, también por episodios, en Italia, Y unos años más tarde, en 1995, se recopiló en forma de álbum, en la excelente edición hecha por los amigos de Plaga, que revisé y monté yo mismo, reorganizando los capítulos con un montaje dividido en dos partes (ligeramente diferente respecto a su orden de publicación inicial, lo que le daba mayor coherencia) y añadiendo algunas ilustraciones inéditas, realizadas expresamente para el álbum.
Recientemente ha habido alguna iniciativa para volverlo a editar, tanto en formato novela gráfica como en formato comic-book. Aunque eso no ha llegado a concretarse. Tal vez por ello soy reacio a una nueva edición de la serie... aunque nunca se puede decir "nunca jamás".
Nos gustaría que fueses tú quien nos contaras cómo continúa tu carrera tras Hunter.
Después del cierre de Selecciones Ilustradas, di unos cuantos tumbos (artísticamente hablando) que me llevaron a trabajar para Marvel y algunas otras editoriales internacionales... trabajos bien pagados, pero que hacía sin "poner el alma en ello" (y de los que prefiero no hablar demasiado). Fui evolucionando y aprendiendo, incluso de los malos trabajos, los puramente "alimenticios".
Hacia el 96 tuve la oportunidad de trabajar en una novela gráfica de Conan el bárbaro para Marvel Italia. Eso hizo resurgir en mí el ansia creativa, porque Conan había sido uno de mis personajes favoritos de cuando era un chaval. Y me metí de lleno en los universos de la Fantasía Heroica, del mismo modo en que antes lo había hecho con el género de terror. Desde entonces he desarrollado mi carrera dentro de este género, con la creación de mi personaje Witchfinder (publicado en España por Planeta de Agostini) y con mi primer álbum en el mercado francés: King Kabur (ediciones Semic), una obra con la que dejé atrás el "guetto" del blanco y negro para pasarme a las ediciones a color.
Luego fiché por Soleil (una de las editoriales grandes francesas) para hacer con ellos el álbum Bad Légion (una space opera protagonizada por espartanos futuristas) y finalmente mi actual serie de álbums Le Chant des Elfes dentro de la colección Soleil Celtic, que representa mi regreso a la Fantasía Heróica.
Entre álbum y álbum también he hecho una parte de la limited serie Spike vs Dracula para IDW Publishing... aunque debo decir que es muy difícil poder compaginar trabajo para franceses y americanos al mismo tiempo. Personalmente, prefiero trabajar con los editores franceses.
¿Cómo piensas que ha cambiado tu estilo de ilustración con el uso del color?
Desde que entré en el mercado francés, fui consciente de que eso representaba trabajar a color (algo que yo tenía pendiente casi desde la época de Creepy). Sin embargo, los tiempos han cambiado desde los 90, y hoy ya no es imprescindible pintar a mano con técnicas tradicionales. La incorporación del coloreado digital no sólo es un hecho consumado sino que la mayor parte del mercado del álbum a color funciona con medios informáticos. La mayoría de los dibujantes trabajan en equipo con coloristas (aunque no todos, algunos siguen pintando ellos mismos sus álbum, a mano o con Photoshop).
En mi caso, opté por trabajar con coloristas franceses en mis dos primeros álbums. Me explico: como dibujante no sólo creo las páginas, sino que me implico como "director de fotografía" (por así decirlo) decidiendo la iluminación y tonalidades para cada escena, para cada personaje y decorado. Y eso me hace trabajar estrechamente con mis coloristas. En los últimos años he aprendido mucho en este proceso, hasta el punto de que pienso "en color" desde principio a final de un álbum, incluso no siendo yo quien pinte físicamente. Pero, por supuesto, el verdadero mérito es para mis coloristas, que son quienes hacen el trabajo más duro.
¿Cuál es tu relación con las nuevas tecnologías aplicadas a la ilustración y producción de cómics?
En Francia hay mejores precios, mejores ediciones (álbums de tapa dura, a color) y, en general, se respeta más al autor (aunque no seas francés). Si a esto añadimos que en Francia el cómic es una industria y que tiene mucha mejor aceptación social y repercusión cultural que aquí, ya esta todo dicho. Pero para mantenerse allí hay que ser muy competitivo, saber adaptarse y trabajar en equipo... y también hay que ser consciente de las propias limitaciones y saber rodearse de gente que haga que tu trabajo sea mejor.
En este sentido, tengo muy claro que debo trabajar con guionistas franceses y dejar aparcados, por ahora, mis propios guiones. Y lo mismo respecto al color: sé lo que quiero y cómo lo quiero, pero prefiero a un profesional del color digital a mi lado, porque ya es bastante duro tener que superarse dibujando para no estancarse. Por eso estoy muy orgulloso de Max, mi colorista actual, una de mis mejores ex-alumnas, que está unida artísticamente a mí desde hace algunos años y con quien comparto la lucha día a día en nuestra serie Le Chant des Elfes.
En serio, muchos supuestos profesionales (españoles, franceses, americanos...) deberían aprender de ella, de su capacidad de trabajo y de su ética profesional.
Por lo que hemos leído también te has dedicado a la docencia en la escuela Joso. ¿Cómo planteas la enseñanza de la creación de un buen cómic?
Sí, desde hace un montón de años compagino mi trabajo como dibujante con las clases. Es un modo de relacionarte con la gente y estar al día, en más de un aspecto. Y también tiene un lado divertido y además no dejas de sentir genuino orgullo cuando te encuentras a alguien que ha pasado por ti, currándoselo en Francia o con los americanos. En pocas palabras: mola.
Pero también tiene un lado estresante y menos agradecido: te puedes acabar quemando, después de unos años dedicado a ello. En todo caso, creo que lo mejor que puedo transmitir a mis alumnos es -aparte de mi experiencia- la capacidad de luchar por aquello que se quiere, sin dejar de lado la honestidad, la humildad y la prudencia... el no considerarse mejor que nadie, ni por encima de nadie. En una palabra, la ética profesional. Y todo lo demás, para empezar el ego artístico, sobra.
¿Qué nuevos proyectos tienes en cartera a corto plazo?
Mi principal proyecto es seguir aprendiendo. Y llegar a ser cada vez más humilde, lo que no estaría mal en este mundo lleno de egos infantiloides y desmesurados.
Y supongo que hacer unos cuantos álbums más de Le Chant des Elfes, hasta cuando llegue el momento de plantearse la siguiente serie.
Un placer.
Mike Ratera
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