El
mexicano Guillermo del Toro
(El
espinazo del diablo, 2001) toma las
riendas del destino de Blade, un
héroe menor de la editorial Marvel
que renacía para el cine en 1998
con el rostro del Wesley Snipes.
Creado por Marv Wolfman
y Gene Colan en 1973, la
primera aventura fílmica de este
héroe de color, mitad humano y mitad
vampiro, asaltó las taquillas por
sorpresa con una puesta en escena orquestada
por Stephen Norrington (Death
machine, 1995) bajo un libreto de
David S. Goyer que repite para
esta secuela.
Tras la muerte de Deacon Frost,
Blade continúa en guerra
contra los vampiros aunque no es el único.
Los Segadores, una nueva raza de
monstruos, ha despertado con sed de sangre
vampira. A pesar de estar, aparentemente,
en el mismo bando, Blade acepta
la desesperada petición de sus enemigos
para controlar la amenaza que tarde o temprano
afectará a la raza humana.
Según Del Toro,
su experiencia en el campo de los efectos
especiales permitió que el film contara
con nuevos y espectaculares trucajes sin
sobrepasar el presupuesto asignado aunque
nunca quedó completamente satisfecho
con los dobles digitales utilizados en algunas
secuencias de acción. Sin embargo,
pudo experimentar con algunas ideas que
llevaba tramando desde hacía tiempo
y es posible que veamos saltos mortales
de vehículos a mayor escala en sus
siguientes trabajos.
Nuevas armas, más y más poderoros
enemigos y nuevos aliados (añadidos
a la reaparición de otros que creíamos
desaparecidos) son el añadido de
esta secuela escrita con letras mayúsculas.
Santiago Segura, amigo
del director, interpreta un pequeño
papel en el filme, compartiendo plano con
el protagonista de Pasajero
57 (Kevin Hooks, 1992). |