Mientras
atraviesa con su coche una carretera forestal,
Chris tiene un encontronazo con la furgoneta
de cinco amigos que están de acampada,
quedando ambos vehículos inutilizados.
Algunos deciden ir a pie a pedir ayuda y otros
deciden quedarse atrás. Pero los habitantes
de esas montañas son unos hombres deformes
e irracionales que comenzarán a cazarlos
uno a uno como a animales para devorarlos.
Otra película sobre palurdos depredadores
caníbales. De hecho Km.
666 se coloca entre Deliverance
(John Boorman, 1972) y La
matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974), sólo
que esta vez estamos ante una adaptación
bastante digna de este género de terror.
Rob Schmidt y Alan B.
McElroy no han querido hacer alardes
ni en cuanto a la dirección ni en el guión,
por lo que la película resulta muy atractiva
de ver sin el recurso al susto fácil ni
a las estridencias musicales. Sustos hay, sí,
pero dosificados. De hecho parece como si el realizador
se hubiera planteado su filme como una película
de aventuras, más una versión gore
de filmes clásicos como El
malvado Zaroff (Ernest B. Shoedsack e Irving
Pichel, 1932) y Huida
hacia el sol (Roy Boulting, 1956), en la
que el protagonista por un giro inesperado del
destino (ese título original Wrong
turn que alude al giro equivocado al tomar
una carretera secundaria) se encuentra en la necesidad
de luchar para salvar su vida y la de sus compañeras.
En La matanza de Texas,
el ejemplo más conocido entre el gran público,
asistíamos a un planteamiento algo exagerado
basado en algunos casos reales de serial-killers
ocurridos en Estados Unidos y cuyo exponente más
famoso y protagonista de su propio biopic fue
Ed
Gein (Chuck Parello, 2000), un sádico
asesino en serie que se dedicaba a curtir toda
clase de mobiliario con la piel de sus víctimas.
Directores como Tobe Hooper o
Wes Craven supieron recoger esas
leyendas urbanas y transformarlas en filmes de
culto, asesinos en serie que moraban en sus lúgubres
mansiones y que sólo salían para
asesinar, torturar y descuartizar a sus víctimas,
muchas veces miembros de una misma familia o grupos
de monstruos deformes y de mente retrasada fruto
de alteraciones genéticas a causa de siglos
de consanguinidad (como es el caso de Km.
666).
Así, desde los 70, hemos podido presenciar
multitud de filmes muy similares, chicos que se
pierden por un paraje inhóspito y solitario
(campo, desierto, montaña) y que terminan
sirviendo de cena a los lugareños. Con
desigual fortuna el género aguantó
hasta los 80, momento en que, como todas las modas,
desapareció. Ahora estamos asistiendo a
un renacimiento de esta variante de las horror
movies (así como a una reactivación
general del género, casi un revival de
los filmes de los 70) con títulos como
La
casa de los 1.000 cadáveres (2003)
de Rob Zombie, aunque éste
en concreto sea un caso exagerado de lo que vengo
planteando.
El filme de Rob Zombie era mucho
más tremendo y barroco. La película
que nos presenta Rob Schmidt
produce más temor por que nos plantea una
situación en las fronteras de lo real.
Una de las zonas del globo aún sin explorar
completamente son los Apalaches americanos, un
área montañosa y de frondosos bosques
de donde han surgido oscuras leyendas. Al parecer
muchos ex combatientes de la guerra de Secesión
americana se ocultaron en estas montañas
mezclándose con otros moradores como tramperos
y forajidos, incluso con los indígenas.
Tras más de un siglo de uniones interfamiliares,
la consanguinidad habría provocado el nacimiento
de niños con problemas de retraso mental
y con malformaciones físicas muy acentuadas
(como se evidencia en los títulos de crédito
del filme). Así son los tres protagonistas
malvados de este filme, salvajes depredadores
antropófagos con una concepción
moral inexistente en lo que se refiere al sufrimiento
de otros congéneres, por que en definitiva
para ellos ese grupo de jóvenes no son
más que presas igual que cualquier otro
animal del bosque, además de una buena
fuente de proteínas.
Por eso, resulta más sobrecogedor el terror
cuando proviene de lo cotidiano que el creado
a partir de la imaginación de un autor.
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