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19-03-2004
KM. 666 / WRONG TURN
Género: Terror
País: Estados Unidos / Alemania
Año: 2003
Duración: 84 mins.
Ficha técnica

Dirección - Rob Schmidt
Guión - Alan B. McElroy
Producción - Brian J. Gilbert, Robert Kulzer y Stan Winston
Fotografía - John S. Bartley
Música - Elia Cmiral

Ficha artística
Desmond Harrington - Chris Flynn
Eliza Dushku - Jessie Burlingame
Emmanuelle Chriqui - Carly
Jeremy Sisto - Scott
Kevin Zegers - Evan
Lindy Booth - Francine
Comentarios

Mientras atraviesa con su coche una carretera forestal, Chris tiene un encontronazo con la furgoneta de cinco amigos que están de acampada, quedando ambos vehículos inutilizados. Algunos deciden ir a pie a pedir ayuda y otros deciden quedarse atrás. Pero los habitantes de esas montañas son unos hombres deformes e irracionales que comenzarán a cazarlos uno a uno como a animales para devorarlos.

Otra película sobre palurdos depredadores caníbales. De hecho Km. 666 se coloca entre Deliverance (John Boorman, 1972) y La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974), sólo que esta vez estamos ante una adaptación bastante digna de este género de terror. Rob Schmidt y Alan B. McElroy no han querido hacer alardes ni en cuanto a la dirección ni en el guión, por lo que la película resulta muy atractiva de ver sin el recurso al susto fácil ni a las estridencias musicales. Sustos hay, sí, pero dosificados. De hecho parece como si el realizador se hubiera planteado su filme como una película de aventuras, más una versión gore de filmes clásicos como El malvado Zaroff (Ernest B. Shoedsack e Irving Pichel, 1932) y Huida hacia el sol (Roy Boulting, 1956), en la que el protagonista por un giro inesperado del destino (ese título original Wrong turn que alude al giro equivocado al tomar una carretera secundaria) se encuentra en la necesidad de luchar para salvar su vida y la de sus compañeras.

En La matanza de Texas, el ejemplo más conocido entre el gran público, asistíamos a un planteamiento algo exagerado basado en algunos casos reales de serial-killers ocurridos en Estados Unidos y cuyo exponente más famoso y protagonista de su propio biopic fue Ed Gein (Chuck Parello, 2000), un sádico asesino en serie que se dedicaba a curtir toda clase de mobiliario con la piel de sus víctimas. Directores como Tobe Hooper o Wes Craven supieron recoger esas leyendas urbanas y transformarlas en filmes de culto, asesinos en serie que moraban en sus lúgubres mansiones y que sólo salían para asesinar, torturar y descuartizar a sus víctimas, muchas veces miembros de una misma familia o grupos de monstruos deformes y de mente retrasada fruto de alteraciones genéticas a causa de siglos de consanguinidad (como es el caso de Km. 666).

Así, desde los 70, hemos podido presenciar multitud de filmes muy similares, chicos que se pierden por un paraje inhóspito y solitario (campo, desierto, montaña) y que terminan sirviendo de cena a los lugareños. Con desigual fortuna el género aguantó hasta los 80, momento en que, como todas las modas, desapareció. Ahora estamos asistiendo a un renacimiento de esta variante de las horror movies (así como a una reactivación general del género, casi un revival de los filmes de los 70) con títulos como La casa de los 1.000 cadáveres (2003) de Rob Zombie, aunque éste en concreto sea un caso exagerado de lo que vengo planteando.

El filme de Rob Zombie era mucho más tremendo y barroco. La película que nos presenta Rob Schmidt produce más temor por que nos plantea una situación en las fronteras de lo real. Una de las zonas del globo aún sin explorar completamente son los Apalaches americanos, un área montañosa y de frondosos bosques de donde han surgido oscuras leyendas. Al parecer muchos ex combatientes de la guerra de Secesión americana se ocultaron en estas montañas mezclándose con otros moradores como tramperos y forajidos, incluso con los indígenas. Tras más de un siglo de uniones interfamiliares, la consanguinidad habría provocado el nacimiento de niños con problemas de retraso mental y con malformaciones físicas muy acentuadas (como se evidencia en los títulos de crédito del filme). Así son los tres protagonistas malvados de este filme, salvajes depredadores antropófagos con una concepción moral inexistente en lo que se refiere al sufrimiento de otros congéneres, por que en definitiva para ellos ese grupo de jóvenes no son más que presas igual que cualquier otro animal del bosque, además de una buena fuente de proteínas.

Por eso, resulta más sobrecogedor el terror cuando proviene de lo cotidiano que el creado a partir de la imaginación de un autor.

César Ibáñez Chiarcos

 Web oficial  Tráiler en quedetrailers.com
Km. 666

Desvío al infierno.

 

Km. 666

No es buena idea ir de acampada a un bosque solitario.

 

Km. 666
Un peculiar museo del horror.
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