Inexplicablemente
los muertos vuelven a la vida y comienzan a atacar
a los vivos para devorarlos, multiplicando así
una epidemia que amenaza en pocas horas la supervivencia
de la especie. Un grupo de hombres y mujeres consigue
hacerse fuerte en un gran centro comercial al
que no pueden entrar los zombies, pero del que
ellos tampoco pueden salir.
Hagamos un repaso breve a los antecedentes. En
1968 George
A. Romero revolucionó el género
de terror con su primera película La
noche de los muertos vivientes gracias
a unos personajes hasta entonces poco aprovechados.
Las pocas producciones cinematográficas
que habían tratado el tema habían
sido de gran calidad pero espaciadas en el tiempo:
La legión de los
hombres sin alma (Victor Halperin, 1932),
Yo anduve con un zombie
(Jacques Tourneur, 1943) o
La plaga de los zombies (John Gilling,
1966), por mencionar algunos títulos destacados.
Sin entrar en más digresiones acerca de
las influencias en Romero y de
éste en sus contemporáneos y sucesores,
apuntar que él mismo filmó una trilogía
a modo de saga apocalíptica con Zombie
(1978) y El día
de los muertos (1985).
En este renacimiento del género terrorífico
que estamos viviendo, los zombies tienen un papel
destacado en sus múltiples variantes, recordemos
la excelente 28
días después (Danny Boyle, 2002),
la irregular Resident
Evil (Paul W. S. Anderson, 2002), las divertidas
Undead (Michael
y Peter Spiering, 2003) y Dead
& Breakfast (Matthew
Leutwyler, 2004) -ambas se han podido ver en la
I Muestra de Cine de Terror Calle 13- y la poco
prometedora House
of the dead (Uwe Boll, 2003). Tal vez por
eso alguien pensó en hacer un remake del
segundo filme de la trilogía de Romero,
más cuando el propio Tom Savini,
director de maquillaje y de efectos visuales de
esas pelis había filmado una aceptable
revisión de La
noche de los muertos vivientes en 1990
de igual título.
Amanecer de los muertos
versión 2004 es una más que estimable
película de terror, con gran parte de la
virtudes de su antecesora y además dotada
de una mala leche encomiable habida cuenta de
la corrección política y social
que rodea la mayoría del cine americano;
buena muestra es su final, más oscuro y
pesimista que el de su homónima. El argumento
de base es el mismo, el del grupo de supervivientes
que se refugia del acoso zombie en un gran centro
comercial. Las diferencias con el filme de Romero
son mayores de lo que se aprecian a simple vista.
Destaca que ahora los muertos vivientes son mucho
más rápidos y fuertes y que la infección
y posterior transformación en zombie es
más veloz como lo manifiesta el arranque
del filme con la mutación del marido de
Sarah Polley, un comienzo vibrante
que recuerda mucho al de 28
días después, de la que también
es heredera en su particular uso de la fotografía
de grano grueso y las técnicas digitales
de retoque del color y la imagen.
Pero es más en el fondo que en la forma
donde el discípulo se aparta del maestro.
Romero aislaba a sus cuatro personajes
en un centro comercial, colocando al hombre como
dueño y esclavo al mismo tiempo de los
productos de consumo que le permiten seguir sobreviviendo
pero de los que es dependiente, un prisionero
en una jaula de oro, algo que se ha querido interpretar
como una crítica de Romero
a la sociedad de consumo.
Sin desdeñar esta visión, Zack
Snyder reúne a un número
mayor de personajes, interesado más por
las relaciones que se establecen entre ellos en
una situación límite. La conversión
o reafirmación de lo que somos en sociedad
es lo que se muestra en esta nueva versión
en mayor grado que el tono de soledad del filme
de Romero, se respira más
un aire de solidaridad, de necesidad de contacto
en oposición a un terrible destino; empero
la necesidad de supervivencia sacará el
verdadero yo y veremos actos de solidaridad y
de heroísmo frente a otros de egoísmo
y cobardía. Y con todo, es paradójico
y no deja de ser una broma macabra que todo ese
optimismo ilusorio, la necesidad de seguir vivos,
de hacer planes y seguir soñando en un
mundo que se ha vuelto loco, termine con un final
tan implacable como indefinido, para el cual Snyder
emplea el recurso de la cámara en mano
creando una sensación de realismo tan efectiva
como espeluznante a lo largo de los títulos
de crédito finales.
Y sin embargo hay mucho sentido del humor, humor
negro y de doble filo, en este filme, el empleo
de las canciones, los francotiradores en el tejado
disparando a los dobles de los famosos o que los
zombies sólo se coman a los humanos y no
a los animales: la escena del perro paseando tranquilo
entre zombies es más sobrecogedora que
divertida.
En fin, un buen filme de terror que no sólo
estremece sino que al mismo tiempo nos hace reflexionar.
Anécdotas:
* Algunos actores del filme original hacen un
cameo como Tom Savini (el sherrif
local), Scott H. Reininger (el
general) y Ken Foree (el telepredicador)
quien pronuncia la misma frase que en 1978 y eslogan
del filme “Cuando no haya más sitio
en el Infierno, los muertos caminarán sobre
la Tierra”. La actriz Gaylen Ross,
que también aparecía, es homenajeada
con el nombre de una tienda de ropa.
* Tanto el tipo de helicópteros como el
de camiones que se usaban en 1978 repiten en la
versión actual.
* El propio Zack Snyder, siguiendo
la tradición, hace un cameo como comando
especial ante la Casa Blanca.
* La palabra "zombie" no se usa en
ningún momento del filme.
* Algunos maquillajes se crearon a partir de
fotos de auténticos expedientes forenses.
* La canción que suena en el centro comercial
la primera vez que el grupo entra huyendo es una
variación del “Don’t worry
be happy” de Bobby McFerrin.
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