Paul
y Jessie Duncan pierden a su hijo Adam
en un accidente de tráfico el día
después de su octavo cumpleaños.
Rotos por el dolor y desesperados por la pérdida,
aceptan la propuesta de un desconocido, el doctor
Richard Welles, de clonar a su hijo.
La operación resulta un éxito y
Jessie se queda embarazada con un nuevo
Adam en su interior. Pero cuando cumple
los ocho años, Adam comienza a
tener un comportamiento muy extraño.
La película está a medio camino
entre la reflexión acerca de las nuevas
investigaciones genéticas y las posibilidades
que ofrece la clonación y un filme de suspense
con dosis de terror. Por desgracia, el inexperto
Mark Bomback (guionista de la
próxima Die Hard
4 si nadie lo impide) se pierde en su propia
creación y monta una caleidoscópica
historia por que nada está donde debería
y los colores se confunden como el tocino con
la velocidad.
La cosa no empieza mal, los dos protagonistas
se encuentran ante un dilema moral con mayúsculas:
la posibilidad de recuperar al hijo perdido de
forma trágica mediante clonación.
¿Qué padre no haría lo que
fuera por volver a tener a su hijo? ¿A
qué precio? Las valoraciones éticas
están presentes en la primera parte del
filme, cuando aparece el doctor Welles,
como un Mefistófeles de la ciencia moderna,
a tentar a los contritos progenitores. Es el padre
el que tiene más dudas acerca de la conveniencia
de jugar con la naturaleza, mientras que la madre,
tal vez por que se siente culpable de la muerte,
no duda en agarrarse a ese clavo ardiendo.
Pero eso es todo, el guión no avanza más
allá y una vez advertidos los espectadores
de que tales prácticas son ilegales, tanto
que los padres deberán rehacer sus vidas
olvidando a familia y amigos, nos adentra en el
proceso de fecundación de la esposa con
una de las células del hijo fallecido.
Nueve meses después nace el clon y ocho
más tarde algo comienza a ir mal, el nuevo
Adam comienza a presentar síntomas
perturbadores, alteraciones del sueño,
extrañas visiones y un comportamiento distante
con sus padres. A partir de aquí es cuando
el guión va zigzagueando, toca varios palillos,
emplea las malas artes del efectismo, hasta que
se difumina en un final tan soso como falso al
echar por tierra el auto-pretendido rigor científico
del filme.
Pero estamos hablando de un problema endémico
en Hollywood, parece que escribir un guión
coherente se ha vuelto una misión imposible,
al menos para las nuevas hornadas de guionistas.
Y no faltan las buenas ideas, sobran los malos
finales. También se le puede achacar ausencia
de mala leche, de mal rollo, algo que consigue
suplir con destacable pericia el joven actor Cameron
Bright, perfecto en su papel del inquietante
Adam, ayudado por unas facciones perfectas
para el personaje y que recuerdan a aquel Damien
de La profecía
(Richard Donner, 1976). No se puede decir lo mismo
de Robert de Niro, en uno de
esos roles alimenticios a los que pone a su favor
su inmensa profesionalidad pero también
su ya famosa desidia interpretativa y ese rictus
bucal que ya le ha hecho famoso como el actor
de Hollywood con la úlcera más sangrante.
Bien Greg Kinnear, actor que
suele resolver con celo todos sus papeles, y correcta
Rebecca Romijn-Stamos, aunque
también es cierto que a esta chica uno
le perdonaría cualquier cosa. La dirección
cumple, pero se deja arrastrar por el guión
por lo que a la larga acaba siendo reiterativa,
con un continuo abuso del plano corto y del americano
y por planificar algunas escenas como las de una
mala película de terror en lugar de plantear
el filme como lo que es o debería haber
sido, una pesadilla en la que se han embarcado
unos padres por el amor a su hijo.
Con que poco aporta El
enviado (mala traducción de Godsend,
la clínica en la que realiza sus investigaciones
Richard Welles), pero algo sí
consigue, la necesidad de revisar una película
de temática similar, la excelente El
otro de Robert Mulligan
(1972), una de las más perturbadoras películas
con niños como protagonista que se hayan
filmado jamás.
Anécdotas:
* Antes de su estreno, la productora creó
dos webs promocionales, una con los datos de la
película y otra que aparentaba ser la web
del Instituto Godsend (www.godsendinstitute.org),
tal como aparece en el film, con información
acerca de sus técnicas de clonación
y dando una dirección y un número
de teléfono de contacto. De resultas, se
recibieron algunas llamadas de padres interesados
en clonar a sus hijos y a los que la productora
hubo de avisar de que aquello no era más
que una maniobra publicitaria. Algo similar se
hizo en la promoción de la película
Gattaca (Andrew
Niccol, 1997).
* El joven actor que interpreta al hijo de los
Duncan, Cameron Bright,
puede verse en las carteleras actuales en el filme
El
efecto mariposa (Eric Bress y J. Mackye
Gruber, 2004), en un papel secundario.
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