Frank
Castle es un agente especial de la policía
para operaciones encubiertas. Durante una última
misión antes de retirarse, es acribillado
a balazos accidentalmente el hijo de un poderoso
jefe del crimen organizado de Florida, quien clamará
venganza sobre Castle, al que acusa de
su muerte, y sobre toda su familia.
La editorial de cómics Marvel está
aprovechando magníficamente su elenco de
personajes, mucho mejor que su competidora en
el terreno del noveno arte, la DC. La productora
Marvel Enterprises, creada para el desarrollo
en pantalla grande de los archiconocidos personajes
de la viñeta superheroica, con Avi
Arad como productor ejecutivo al mando,
no sólo escoge a los cabeza de línea
de la editorial como Spiderman, Hulk
o los X-Men sino que sabe dar oportunidad
también a secundarios como Blade
o el Castigador consiguiendo abarcar
tanto el espectro de la gran superproducción
(los primeros ejemplos) como el que podríamos
llamar serie B (en el otro caso). Mientras Marvel
Enterprises sigue imparable estrenando cada año
una nueva película como mínimo,
Time Warner, propietaria de los derechos audiovisuales
de la DC, se empeña en seguir dando vueltas
alrededor de sus dos iconos, Batman (está
en pleno rodaje Batman
begins) y Superman, sin darse cuenta
de que tiene la misma cantidad de personajes interesantes,
de los que echar mano, que su competidora. Y me
temo que el inminente estreno de Catwoman
no nos traiga más que otro sonoro fracaso
para la compañía (a la que en mi
modesta opinión aconsejaría despedir
con carácter de urgencia a Akiva
Goldsman y contratar a alguien más
capaz y conocedor de ambos medios, como pueda
ser Kevin Smith, para aprovechar
todo el potencial que DC podría llevar
al cine).
Volviendo a The Punisher,
se trata de una adaptación muy fiel del
espíritu que guía a Frank Castle
a enfundarse una camiseta negra con una calavera
en el pecho y vengar la muerte de sus seres queridos
y por extensión, a erigirse en juez y verdugo
de todos quienes están fuera de la ley
o dañan a otro. The
Punisher no es un superhéroe al
uso, no tiene superpoderes ni ha desarrollado
ninguna habilidad especial. Es un soldado, un
luchador que se juega la vida en cada pelea, que
sangra y sufre como cualquier otro ser humano
normal. No lleva máscara, no oculta su
identidad ni tiene un alter ego. Todos saben quién
es y por qué hace lo que hace. La suya
es una carrera contra el tiempo, es consciente
de que algún día cometerá
un error y que será él el que muera
a manos de otro. Eso hace que sea más vulnerable
y por tanto más cercano a nosotros, al
lector de cómics y al espectador, y le
aporta una credibilidad especial, un aire de decadencia
atávico, como el de algunos de los ambivalentes
personajes del pulp y la novela negra de principios
y mediados del XX. No en vano se ha repetido hasta
la saciedad que el superhéroe es la traslación
del héroe clásico, con todo su bagaje
mitológico, a nuestros días.
Difiero por tanto de los comentarios de algunos
críticos que no han dudado en tachar a
Frank Castle de fascista porque prescinde
de las leyes para hacer cumplir la suya propia.
Son los mismos (o sus herederos) que tacharon
a Clint Eastwood de fascista
cuando interpretaba a Harry el sucio
o a Charles Bronson en su serie
Yo soy la justicia.
Si por cumplir venganza fuera de los recursos
legales establecidos se es fascista, propongo
un nuevo listado de personajes fascistoides comenzando
por el Ulises de La
Odisea, pasando por el Orlando
furioso de Ariosto, el Edmundo
Dantés de Dumas,
el Scaramouche de Sabatini,
el capitán Nemo de Julio
Verne por citar algunos nombres, llegando
al Bill Munny de Sin
perdón. Cualquier personaje atormentado
capaz de cumplir venganza para aplacar la ira
de sus demonios interiores ¿es un fascista?
Hay muchas historias de venganza en los westerns
y en los filmes de samuráis y nunca oí
que nadie los tachara de fascistas.
Precisamente la película de El
Castigador tiene una estructura de western
muy definida, no sólo en el desarrollo
de la acción sino en las tramas paralelas
que afectan a los personajes secundarios. Tanto
Frank Castle como Howard Saint cruzan
sus caminos por una desafortunada fatalidad que
los convertirá en enemigos irreconciliables,
pese a que ambos están en extremos opuestos
de la ley pero coinciden en la intimidad del hogar
como hombres amantes de su familia. La introducción,
nudo y desenlace del filme se estructuran en torno
a Castle, que ejecuta su venganza con
una precisión no exenta de dudas y que
consigue superar gracias a la ayuda de un trío
de inadaptados sociales como él: Joan,
una camarera sin suerte con los hombres; Bumpo,
un obeso comedor compulsivo; y Dave,
un ex drogadicto con complejo de hijo no querido.
Junto a Castle formarán una “familia”
abocada al fracaso ya que todo cuanto esté
cerca de él llevará el estigma del
perseguido. Una vez cumplida su venganza, el Castigador
deberá enfrentarse a sus recuerdos y sobrevivir
a ellos o sucumbir al suicidio.
Pese a que la película tiene numerosas
imperfecciones de ritmo y de lógica narrativa,
la dirección es muy clásica, tanto
que está al servicio de la historia y no
la historia al servicio de las ínfulas
del realizador, como por desgracia nos tienen
acostumbrados gente como McG
o Michael Bay. Posee una clara
vocación de serie B de la que hace gala
no sólo en la falta de medios sino en la
crudeza de las imágenes sin temor a perder
taquilla por culpa de una clasificación
para adultos. El filme es tremendamente violento
y sobretodo muy bestia, sin concesiones a la piedad
o a la elipsis. Se agradece que por una vez los
personajes no sean todos expertos en artes marciales
y que las peleas sean a puñetazo limpio
con empleo de cualquier elemento que se ponga
a tiro, siendo el máximo exponente esa
lucha sin cuartel contra el Ruso, salvaje,
desmedida y tan explícita en su resultado
final. Si el Castigador no se anda por
las ramas, el director no es quien para ahorrarnos
los medios que aquél emplea en su cruzada.
Incluso hay pie para instantes tan frikis como
la escena en la que el asesino de Memphis entra
en la cafetería donde está desayunando
Castle para dedicarle la canción
que ha compuesto especialmente para él
antes de mandarle a la tumba.
Tal vez los únicos momentos flojos del
filme son lo que corresponden al trío calavera,
por que no se acaba uno de creer tanta disposición
a jugarse el pellejo por alguien (Castle)
que acaban de conocer y menos por motivos tan
freudianos como los que expone la historia, cuando
lo más obvio hubiera sido apelar a que
Punisher para esos inadaptados representa
una ley al margen, que defiende al inocente y
al oprimido sin hacer preguntas engorrosas.
Las caracterizaciones son buenas en su conjunto,
en especial la interpretación de Thomas
Jane cuyo imponente físico y su
rostro ensombrecido por la muerte nunca caen en
el ridículo ni en el exceso gestual, limitándose
a acompañar la acción y el dramatismo
de su personaje con gran moderación y una
masculinidad de torso desnudo y golpe de bourbon
capaz de transmitir todos los claroscuros del
héroe. Está muy bien acompañado
por un sobrio reparto donde destacan John
Travolta y Laura Harring
como el cruel matrimonio Saint, y en
especial Will Patton como el
ambiguo y sádico lugarteniente de Travolta.
Entre los apartados técnicos mencionar
que la estupenda fotografía es de Conrad
W. Hall, hijo de Conrad L. Hall,
uno de los mejores directores de fotografía
de la historia del cine. Otro tanto a favor de
la Marvel.
Anécdotas:
* Antes que a Thomas Jane, el
papel le fue ofrecido a Vin Diesel
(Pitch black, 2000)
y a Hugh Jackman (X-men,
2000).
* Durante la escena de la pelea con el Ruso,
Jane apuñaló accidentalmente
a Kevin Nash.
* Jane engordó 15 kilos
para después entrenarse durante varias
horas al día hasta transformar ese peso
en músculo, a fin de dar con el físico
requerido por el papel.
* El Pontiac que conduce Castle lleva
impreso en la matrícula Year One, que es
una marca estandarizada de ese modelo. Es mera
casualidad que haya un cómic de The
Punisher de idéntico título.
* La declaración de intenciones que Castle
escribe en el diario al final del filme está
sacada de la serie Diario
de Guerra.
* La escena del interrogatorio con el soplete
se inspira en el # 1 de Zona
de Guerra, otro título de The
Punisher.
* Muchos de los personajes, incluyendo a Jane,
Bumpo, Dave y el Ruso se basan
en la serie Bienvenido
a casa, Frank, de Garth Ennis
y Steve Dillon. Las portadas
están realizadas por Tim Bradstreet,
al igual que el póster promocional del
filme.
* Existe una adaptación anterior del personaje,
El vengador (Mark
Goldblatt, 1989) con Dolph Lundgren
como Frank Castle, sin la calavera característica
que la censura borró de su camiseta.
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